Resumen de Martín Fierro: La Ida del Gaucho a la Frontera
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Resumen de "La Ida" de Martín Fierro
Este texto resume la primera parte del célebre poema gauchesco El Gaucho Martín Fierro de José Hernández, conocida como "La Ida". En ella, el protagonista narra sus desventuras y la transformación de su vida.
El inicio de las desdichas
Martín Fierro se halla en una pulpería y comienza a contar su historia, pidiéndole a Dios y a los santos que lo ayuden a refrescar su memoria y aclarar su entendimiento. Afirma que tiene una vasta experiencia y que "nada enseña tanto como el sufrir y el llorar".
Fierro narra su vida feliz como gaucho, con su familia y su trabajo, pero explica que luego comenzaron las desgracias. Así empezaron sus males.
La vida en la frontera
Durante una redada, algunos gauchos lograron escapar, pero él no, porque era manso y no había porqué huir. Sin embargo, el juez de paz lo odiaba; en las últimas elecciones, Fierro no fue a votar y el juez lo consideró de la oposición, por lo que lo mandó a la frontera a luchar contra los indios.
Allí, la vida era dura. Los indios entraban cuando querían a su territorio, pero las milicias no los perseguían. Les dieron armas, pero eran lanzas y otros pertrechos primitivos. Una vez, los atacaron por sorpresa al salir de un malón, y un indio se le vino encima a Fierro con una lanza; pero éste le tiró sus boleadoras, bajándolo del caballo y matándolo. Luego, se subió al caballo y escapó al fuerte.
Esperaron en vano que llegara el sueldo, y la miseria los acosaba. Fierro se disgustó y protestó, pero de esto se enteró el comandante, quien llamó al cabo y al sargento para que le impusieran un castigo.
Fierro esperaba una ocasión en que los indios entraran para hacerse el bárbaro y volverse para su pago. Una noche, un gringo borracho no lo reconoció y le disparó, pero no le pegó porque estaba ebrio. Por el ruido, salieron los oficiales y atraparon a Fierro, atándolo de manos y piernas. Pasó toda la noche maldiciendo al gringo.
El gaucho matrero
Fierro explica que él nunca fue un gaucho dominado y que jamás se ha acobardado. Al pensar que sus hijos están sufriendo mucho, decide desertar y hacerse gaucho matrero.
A partir de entonces, comenzó a ser perseguido, considerado un vago, y se vio obligado a huir constantemente. En un baile, ofendió a una mujer morena, y su pareja, que había estado acumulando rabia, se le vino encima. El gaucho le pegó con un porrón de ginebra. Luego, el moreno lo atropelló y le tiró dos cuchillazos que logró esquivar. Fierro le devolvió el ataque y lo hirió. El moreno volvió a abalanzarse furioso, pero éste lo hirió de nuevo, matándolo.
Encuentro con Cruz
Fierro se la pasaba matrereando de día, vigilando desde un rancho para que la policía no lo agarrara, y de noche buscaba una guarida para que no lo atraparan. Una noche, una partida policial lo rodea, pero Fierro no quería entregarse. Un policía le disparó, pero erró el tiro. El gaucho aprovechó y lo hirió, y luego a otro que estaba acomodando las boleadoras. Cuando otro policía lo venía a atacar, Fierro le echó tierra a los ojos y le clavó el facón. En medio de la pelea, uno de los policías, el sargento Cruz, grita que "Cruz no consiente que se cometa el delito de matar ansí a un valiente" y se pasa a su lado. Juntos, derrotan al resto de la partida.
Después, se dirigieron a un rancho y se pusieron a beber.
La historia de Cruz
Cruz le empieza a contar su historia a Fierro. Habla de su vida como gaucho, de su mujer y explica cómo conoció al comandante. En una ocasión, entró a su rancho y lo encontró abrazando a su mujer (su china). Le tiró un espadazo, pero el ágil gaucho lo esquivó y golpeó al comandante. En eso, entró un hombre del comandante y le disparó, pero no acertó. Cruz se le acercó y lo mató. Luego, agarró sus ponchos y se fue para siempre de su rancho.
Más tarde, supo que había una milonga por la zona y allí fue. Montó su bagual y se largó a los campos. Así obtuvo el cargo de sargento en la policía, pero como a él no le gustaba andar con el revólver en la cintura y, por haber ayudado a Fierro (a quien no iba a abandonar), decide dejar la policía y seguir como matrero junto a él.
Rumbo a tierras indígenas
Tras sellar su amistad, Cruz y Fierro, arriando su tropilla, cruzaron la frontera. Antes de partir, Fierro alaba las creaciones de Dios, en especial la lengua que el hombre habla. Deciden ir a tierras indígenas, al lugar donde estaban los caciques, pues estos trataban de «hermanos» a los cristianos que iban por su gusto. Allí esperaban tener más seguridad y vivir en paz.
La visión del indio en la obra
En el poema, la figura del indio es caracterizada desde la perspectiva del gaucho de la época: se lo describe como vago, ladrón, asesino y saqueador. Se lo ve como un mal jefe de familia, e inclusive como abusador y golpeador. Los siguientes versos del poema reflejan esta visión:
Y cuando se iban los indios
con lo que habían manotiao,
salíamos muy apuraos
a perseguirlos de atrás;
si no se llevaban más
es porque no habían hallao.Allí sí, se ven desgracias
y lágrimas y afliciones;
naides le pida perdones
al indio: pues donde dentra,
roba y mata cuanto encuentra
y quema las poblaciones.No salvan de su juror
ni los pobres angelitos;
viejos, mozos y chiquitos
los mata del mesmo modo:
que el indio lo arregla todo
con la lanza y con gritos.