La Regencia de Espartero y el Reinado de Isabel II: Consolidación del Liberalismo Moderado en España (1840-1854)

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La Regencia de Espartero (1840-1843)

Los progresistas promovieron un movimiento insurreccional que obligó a la regente María Cristina a recurrir al general Baldomero Espartero. Tras la renuncia de la regente, Espartero asumió la regencia. Sin embargo, su gobierno autoritario y la represión de levantamientos, como el de Barcelona, generaron un fuerte descontento. Diversos sectores trataron de derribar al regente mediante pronunciamientos militares.

Después de un fracasado pronunciamiento, la revuelta de Barcelona condujo a la ruptura definitiva de su regencia. Tras la caída de Espartero, Ramón María Narváez se hizo con el poder, marcando el inicio de la Década Moderada. Las Cortes, para evitar una nueva regencia y la inestabilidad política, adelantaron la mayoría de edad a la infanta Isabel, que de esta forma fue coronada reina a los 13 años.

El Reinado de Isabel II: El Liberalismo Moderado (1843-1854)

Durante este periodo se produjo la consolidación del régimen liberal en España, caracterizado por la hegemonía del Partido Moderado y una serie de reformas institucionales.

Pilares del Régimen Moderado

1. La Constitución de 1845

Esta nueva carta magna, de carácter moderado, establecía que la Corona y las Cortes compartían el poder legislativo. A la Corona se le otorgaban más prerrogativas, como el nombramiento y separación de los ministros, la disolución de las Cortes, y la sanción de las leyes. Las Cortes se componían del Senado y el Congreso de los Diputados.

  • Senado: Sus miembros eran designados por el Rey, debían superar los 30 años y pertenecer a la nobleza, al alto clero, o poseer una fortuna considerable.
  • Congreso de los Diputados: Sus miembros eran elegidos mediante sufragio directo y censitario por un periodo de 5 años, lo que limitaba la participación electoral a una minoría adinerada.

2. El Concordato de 1851

Por este acuerdo, quedaba zanjada la ruptura que se había producido entre la Iglesia y el Estado liberal como consecuencia de la desamortización. La Santa Sede aceptó el hecho consumado de la desamortización eclesiástica y ratificó el Patronato Regio. A cambio, España reconocía la unidad católica y la confesionalidad del Estado, al tiempo que concedía la protección del poder civil a la Iglesia y reconocía su intervención en la enseñanza pública y privada.

3. Las Reformas Administrativas: Burocracia y Centralización del Estado

Los moderados configuraron un régimen político basado en el control de la Corona y la centralización administrativa. Entre las principales reformas destacan:

  • Creación de la Guardia Civil: Institución fundamental para mantener el orden público, la lucha contra el bandolerismo y la seguridad en el ámbito rural.
  • Disolución de la Milicia Nacional: Contemplada por los moderados como un peligroso cuerpo armado bajo la influencia y el control del liberalismo radical, fue suprimida para consolidar el monopolio estatal de la fuerza.
  • Ley de Organización de los Ayuntamientos: Reservaba a la Corona la designación de los alcaldes de las capitales de provincia y cabezas de partido con población de dos mil o más habitantes, reforzando el control central sobre el poder local.
  • Reforma del Sistema Tributario: Supuso una modernización de la Hacienda pública, mejorando la eficacia del sistema impositivo e incrementando los ingresos del Estado.
  • Reforma de la Instrucción Pública: Preveía el paso de las competencias educativas a manos del Estado y la elaboración de nuevos planes de estudios, sentando las bases de un sistema educativo nacional.
  • Modificación de la Legislación Electoral: Se incrementó la cantidad de dinero exigida para adquirir el derecho a participar en las convocatorias electorales, restringiendo aún más el sufragio censitario.
  • Elaboración del Código Penal: Sustituyó el de 1822, unificando y modernizando la legislación penal española.

4. La Revolución de 1854 y la Caída del Régimen Moderado

A pesar de la consolidación del régimen, la principal amenaza provenía de sus propias filas debido a las facciones internas del partido, la inestabilidad de sus gobiernos y el aumento del malestar político y social. El general Leopoldo O'Donnell lideró un pronunciamiento militar contra el gobierno moderado.

El movimiento se politizó a través de un manifiesto, el Manifiesto de Manzanares, que determinó la adhesión de grupos progresistas e incitó la insurrección popular en varias ciudades. En medio de la confusión general, la reina Isabel II decidió llamar a Espartero para formar gobierno: la revolución había triunfado, provocando la caída de los moderados y el inicio del Bienio Progresista. O'Donnell, por su parte, sopesaba su decisión de crear una nueva formación política, la Unión Liberal, que buscaría un punto intermedio entre moderados y progresistas.