Reforma Agraria de la Segunda República Española: Contexto, Desarrollo y Consecuencias
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La Reforma Agraria de la Segunda República Española
Casi el 50% de la población activa eran agricultores, y de ellos, casi la mitad jornaleros sin tierras. La desigual distribución de la propiedad de la tierra hacía que el campo fuera fuente permanente de conflictividad social, por lo que la proclamación de la República había hecho pensar a los campesinos que había llegado el momento de cambiar la situación.
El Bienio Reformista (1931 – 1933)
El Bienio Reformista (1931 – 1933) fue una época de reformas económicas, sociales y culturales. Además de la Ley de Bases de Reforma Agraria, se tomaron importantes medidas a lo largo de la etapa, como la Ley de Contratos de Trabajo. De aplicación exclusivamente rural fueron la Ley de Términos Municipales y el establecimiento de la jornada laboral de 8 horas en la agricultura, etc.
Objetivos de la Ley
Los principales objetivos de la Ley fueron:
- Resolver el problema del Latifundismo en la mitad sur de la Península.
- Lograr una clientela social afín a la República y evitar los conflictos sociales.
- Aumentar la renta campesina como base de la modernización agrícola del país, algo de lo que se beneficiarían los demás sectores económicos.
Contenido de la Ley
En cuanto a su contenido, cabe destacar que:
- Las tierras pertenecientes a los aristócratas más importantes del país quedaron expropiadas sin indemnización.
- Todos los latifundios, fincas sistemáticamente arrendadas y terrenos abandonados fueron declarados expropiables.
- Las tierras expropiadas pasarían a ser propiedad estatal, destinadas al asentamiento de campesinos.
España fue uno de los últimos países europeos en que se impuso la reforma agraria en el período de entreguerras. Fue básicamente obra de la pequeña burguesía liberal, heredera de la elite intelectual krausista y del Regeneracionismo agrario de Joaquín Costa.
En la comisión encargada de la elaboración de la ley, chocaron frontalmente los dos modelos de reforma existentes en la izquierda: el modelo del PSOE y el modelo de los republicanos burgueses. Además, las derechas no querían la reforma y la CNT quería hacerse con la tierra a la fuerza.
Así, se impuso el modelo más moderado de los republicanos, cuya aplicación se produjo en dos fases:
1ª Fase (1932-1933): el IRA comenzó el lento proceso de valoración de tierras, de expropiación y de indemnización, lo que provocó que empezaran las revueltas. Otro problema fue la falta de dinero para expropiar las tierras, ya que había que indemnizar previamente al propietario. Tras la Sanjurjada (1932) se introdujo una enmienda en la ley que expropiaba a los Grandes de España sin indemnización. El tiempo de su aplicación fue muy breve, ya que se produjo el adelanto de elecciones (noviembre de 1933). El final de este gobierno progresista se ha relacionado con el aumento de la conflictividad; de hecho, las sublevaciones más graves se produjeron en esta fase de la Reforma. Durante el bienio posterior, la ley de la Contrarreforma agraria suprime la aplicación de la ley de 1932.
2ª fase (1936, marzo-julio): el nuevo gobierno del Frente Popular retomó el proceso y lo desarrolló con más repercusión. Los propios campesinos, sin esperar la legalidad, se decidieron a ocupar tierras, y el gobierno normalizó los hechos. La nueva Ley de Reforma Agraria del Frente Popular se llegó a aprobar, sin embargo, prácticamente no se aplicó.
Consecuencias
Finalmente, esta reforma tan esperada no consiguió los objetivos previstos. En lugar de ceñirse al problema de los latifundios del sur de la Península, se aplicó en todo el país de forma simultánea, molestando innecesariamente a muchos pequeños y medianos propietarios. Puso en contra a los grandes terratenientes y a la Banca. Provocó la radicalización del campesinado que prefirió apoyar iniciativas más revolucionarias y extremistas. Incluso dirigentes de PSOE y UGT se quejaron de la lentitud e inutilidad de la reforma agraria y propusieron movilizaciones de protesta durante 1933. Todo esto produjo el deterioro del clima social y de la convivencia hasta llevar a posturas irreconciliables que, para algunos estudiosos, desembocaron en la Guerra Civil.