Rebeliones y Conflictos en la España del Siglo XVII: El Declive de un Imperio
La crisis de 1640
El año 1640 fue un año de crisis. La catalana y la portuguesa fueron las más importantes, aunque también hubo revueltas en Aragón, Andalucía y Sicilia.
La crisis catalana
Las Cortes catalanas, en 1626, rechazaron la Unión de Armas, pedida por el conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV. En 1640 se produce una rebelión, provocada por el reclutamiento forzoso y los desmanes causados por las tropas enviadas para luchar contra Francia en la Guerra de los Treinta Años. Los campesinos tomaron Barcelona y asesinaron al virrey (Corpus de Sangre). Cataluña se colocó bajo protección militar francesa.
La crisis portuguesa
Causas de la revuelta portuguesa:
- Rechazo a la Unión de Armas.
- Aumento de los impuestos.
- Dificultades causadas al comercio colonial por la participación española en la Guerra de los Treinta Años.
- Impopularidad de la integración de Portugal en la Monarquía hispánica.
Las Cortes portuguesas proclamaron rey al duque de Braganza como Juan IV. Los intentos militares de recuperar Portugal fracasaron. La Monarquía hispánica reconoció la independencia de Portugal en 1668.
Paralelamente a la sublevación catalana se produjeron conatos de rebelión en otros lugares. En 1641 se produjo en Andalucía una conspiración dirigida por el duque de Medina Sidonia, que fue aplastada.
Estos sucesos acentuaron la impopularidad del valido y en 1643 Felipe IV le apartó de la política, pero su caída no fue suficiente para restablecer la paz social.
El reinado de Felipe IV se desenvolvió en un escenario internacional de guerra permanente (Guerra de los Treinta Años 1618-1648) que dejó arruinado al país y le llevó a un estado de revueltas internas. Para afrontar la situación el conde-duque de Olivares puso en marcha una serie de reformas para aumentar los recursos de la monarquía, como la Unión de Armas, un ejército común financiado por los diferentes reinos. Además, se intentó implantar como sistema de organización política el modelo castellano en todos los territorios. La propuesta provocó el rechazo general, produciéndose importantes enfrentamientos.
El ocaso del Imperio español en Europa
Felipe III (1598-1621)
Siguió una política pacifista, conocida como la Pax hispánica. La muerte de Isabel I de Inglaterra posibilitó la paz con este país (Tratado de Londres 1604) y la ruina financiera de la corona obligó a firmar con Holanda la Tregua de los Doce Años (1609-1621), que reconocía una gran autonomía política.
Desde 1618 un conflicto entre el emperador Fernando II y los príncipes protestantes alemanes derivó en un estado de guerra general europeo: “La guerra de los Treinta Años (1618-1648)” con dos grandes bandos: Los Habsburgo, austriacos y españoles, que pretendían mantener su hegemonía en Europa, y las potencias rivales, lideradas por Francia.
Felipe IV (1621-1665)
En 1621 falleció Felipe III y le sucedió su hijo Felipe IV. Al finalizar la Tregua de los Doce Años se reinició la guerra contra Holanda y se vio obligado a participar en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Se alió con Austria en defensa del catolicismo frente a los países protestantes. Francia entró en la guerra para evitar el triunfo de los Habsburgo, sucediéndose las derrotas españolas. La Paz de Westfalia (1648) puso fin a la guerra de los Treinta Años y reconoció la independencia de las Provincias Unidas. Continuó en solitario la guerra contra Francia hasta la firma de la Paz de los Pirineos (1659). Con este tratado España perdió definitivamente la hegemonía en Europa, cedió a Francia el Rosellón, Cerdaña, la región del Artois y algunas plazas flamencas, y acordó la boda de la infanta María Teresa con Luis XIV de Francia, lo que propiciaría la llegada de los Borbones a España en el siglo XVIII.
Carlos II (1665-1700)
Durante su reinado se reconoció la independencia de Portugal (1668). España fue víctima de la política agresiva y expansionista de Luis XIV. En la Paz de Aquisgrán (1668) España cedió a Francia Lille y otras plazas fronterizas. Por la Paz de Nimega (1678) España entregó a Francia el Franco Condado y otras plazas flamencas. Mientras Francia emergía como la indiscutible potencia europea, España quedaba relegada a un segundo plano en el escenario internacional.
En 1689 estalló la Guerra de los Nueve Años, contra Francia. Los ejércitos del rey francés Luis XIV invadieron Cataluña. En 1697 se firmó la Paz de Ryswick y los territorios se devolvieron sin contraprestaciones. Fue un intento de presionar a Carlos II, sin descendencia, para que nombrara heredero a Felipe de Anjou, nieto del rey francés, lo que hizo finalmente en 1700. A la muerte de Carlos II, España sólo conservaba en Europa parte de los Países Bajos, el Milanesado, Nápoles, Sicilia y Cerdeña.
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