Rasgos fundamentales del relieve peninsular y dominios bioclimáticos de España
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Los rasgos fundamentales del relieve peninsular
La península ibérica se caracteriza por:
· Península maciza: predominan unas costas de trazado rectilíneo.
· Elevada altitud media: 660 metros, debido a la existencia de cordilleras y a la altitud de la gran unidad central, la Meseta.
· Relieve organizado en torno a la gran unidad central de la Meseta: alrededor se disponen las restantes unidades del relieve formando una muralla montañosa en la periferia peninsular.
Su estructura y formas de relieve son, en consecuencia, respectivamente, de las orogenias derivadas del contacto entre las placas euroasiática y africana y de la acción erosiva de los agentes naturales y la acción humana.
· Era paleozoica: las orogenias caledoniana y herciniana provocan la emersión de la zona occidental de la península.
· Era mesozoica: supone el arrasamiento de estas zonas emergidas y la creación de una penillanura erosionada, así como la acumulación de materiales procedentes de la erosión en su vertiente oriental.
· Era terciaria: trae la nueva orogenia, la orogenia alpina, que fractura gran parte del macizo herciniano surgido en el paleozoico y pliega los materiales acumulados en su periferia, dando lugar al surgimiento de las unidades morfoestructurales actuales.
· Era cuaternaria: acaban por modelar el relieve mediante la acción erosiva, de la que podemos destacar el modelado en las cumbres de las glaciaciones cuaternarias.
Grandes unidades morfoestructurales
· Macizo herciniano ibérico: emergido durante el carbonífero, se localiza en la mitad occidental de la península, donde distinguimos zonas elevadas como el macizo galaico-leonés, la zona occidental de la cordillera cantábrica, el sistema Central, montes de Toledo y Sierra Morena, y penillanuras como la salmantina y la extremeña, al oeste de las depresiones del Duero, Tajo y Guadiana.
Su roca madre está compuesta por minerales de origen ígneo o metamórfico como el granito, cuarcitas o pizarras. Se trata de rocas de tipo silíceo, muy duras, que responden a las presiones fracturándose.
Los relieves estructurales son predominantemente de tipo germánico, con horst, fosas y abundantes líneas de fallas.
En algunos lugares que alternan materiales de distinta dureza surge el relieve apalachense, que deja en resalte las rocas más duras, formando crestas.
El modelado granítico, causado por la fragmentación en diaclasas, origina domos redondeados en las cumbres más bajas, berrocales, bolos y piedras caballeras.
En las zonas de influencia glaciar se forman circos glaciares, con canchales y escarpadas paredes rematadas en cumbres de afiladas crestas. En los valles se forman canchales y berrocales. Los cursos fluviales esculpen desfiladeros en la roca granítica, como los Arribes del Duero.
· Las cordilleras alpinas: surgidas durante el terciario, se localizan en la zona oriental de la península. Son la zona oriental de la cordillera cantábrica, el Pirineo, la cordillera Costero Catalana, el sistema Ibérico y el sistema Bético. Su origen está en los estratos mesozoicos plegados durante la orogenia alpina del terciario.
Estructuralmente afloran restos de macizos antiguos en las cumbres de algunas de estas cordilleras, como en el Pirineo axial, norte de la cordillera Costero Catalana, el Moncayo y sistema Penibético. Estos restos están formados por una roca de tipo silíceo.
La mayor extensión de estas cordilleras corresponde a estratos carbonatados plegados con una estructura de tipo jurásico de anticlinales y sinclinales.
En el sistema Ibérico nos encontramos con una estructura de tipo sajónico o de cobertera, en la que los materiales plegados se adaptan a las fallas. El roca dominante es de tipo calizo, areniscas y margas.
El modelado de tipo calizo es de tipo kárstico.
Los cursos de agua forman cañones, dolinas, simas, grutas con estalactitas y estalagmitas y lapiaces. En las cumbres nos encontramos con circos y crestas.
· Las depresiones terciarias: surgen tras la orogenia alpina y están colmatadas por estratos horizontales o inclinados que la erosión ha ido depositando en ellas desde finales del terciario y durante el cuaternario. Entre estas depresiones podemos distinguir:
- Las originadas en la zona oriental del antiguo macizo ibérico, como consecuencia de la elevación del sistema Ibérico. Son las depresiones del Duero o la llanura manchega y las depresiones del Tajo y Guadiana.
- Las asociadas a las cordilleras alpinas, como la depresión del Ebro o la del Guadalquivir.
- Las depresiones menores ligadas a los plegamientos de las cordilleras alpinas, como la depresión intrapirenaica, depresión prelitoral o la depresión intrabética.
En el sistema Ibérico nos encontramos con un largo sistema de fallas en el que se encaja la depresión del Jalón y del Jiloca. La estructura de estas depresiones es de estratos horizontales o suavemente inclinados, puesto que nunca han sufrido ninguna orogenia. La roca está compuesta por arcillas, yesos, margas, afloramientos de areniscas y calizas.
Son materiales poco resistentes que facilitan el modelado fluvial. Así, nos encontramos con relieves tabulares en el centro de las depresiones del Duero o del Ebro, como mesas, muelas o cerros testigo.
En las zonas de mayor talud nos encontramos con barrancos y cárcavas, que forman badlands, y en los márgenes de las depresiones glacis y piedemontes de suave pendiente.
En las zonas de yesos se forma también un paisaje de tipo kárstico. En las zonas llanas los grandes ríos moderan su velocidad y forman meandros y galachos, acantilados en las muelas y mesas, terrazas suaves y campiñas.
Los grandes dominios bioclimáticos de España peninsular
La península ibérica se encuentra en la zona templada con dominios climáticos de tipo oceánico y mediterráneo. Los principales factores que determinan sus características climáticas son:
- La distribución del relieve
- Influencia de las masas de aire del continente euroasiático y del Sáhara
- Influencia de centros de acción como el anticiclón de las Azores y del frente polar.
· El dominio oceánico (franja continua desde Galicia hasta Navarra). Se caracteriza por:
- Temperaturas moderadas con amplitud térmica reducida
- Precipitaciones abundantes y repartidas regularmente a lo largo del año.
Las zonas de la franja donde se sitúa el dominio oceánico se caracterizan por una elevada nubosidad, consecuencia de las borrascas atlánticas asociadas al frente polar. Esta humedad ambiental y la acción termorreguladora del mar provocan la templanza de las temperaturas.
Dentro de este dominio podemos diferenciar 2 subtipos:
- El clima oceánico puro: desde la costa atlántica gallega al País Vasco. Las temperaturas son suaves a lo largo de todo el año, con veranos frescos y cortos e inviernos relativamente suaves y una amplitud térmica reducida (entre 10º y 12º). La moderación de las temperaturas se debe a la acción termorreguladora del mar, al dominio de los vientos húmedos del oeste y a la elevada nubosidad y humedad ambiental.
Las lluvias son abundantes y regulares, donde el máximo pluviométrico se da en invierno.
Pontevedra, Oviedo y Santander.
- El clima oceánico de transición o de interior: desde el interior gallego a Navarra. Los contrastes térmicos son algo mayores por la continentalidad, con inviernos más fríos y veranos más cálidos. Las precipitaciones son menos abundantes porque la cordillera cantábrica protege del paso de las borrascas atlánticas.
Orense y Vitoria.
· El dominio mediterráneo: comprende la mayor parte de la península, además de Baleares, Ceuta y Melilla. Se caracteriza por la aridez estival, consecuencia del ascenso latitudinal del anticiclón de las Azores. Precipitaciones escasas e irregulares. Las temperaturas dependen de la proximidad a la costa, la latitud y la altitud. Se pueden diferenciar 3 variedades:
- El clima mediterráneo puro o marítimo: se localiza en Extremadura, zona occidental de la depresión del Guadalquivir, costa atlántica andaluza y la costa mediterránea (incluidas las Baleares, Ceuta y Melilla).
Se caracteriza por inviernos suaves y veranos cálidos, con una amplitud térmica moderada (12º-15º). Las temperaturas medias van aumentando de norte a sur. Las precipitaciones son escasas y muy irregulares (300-800 mm), existiendo estación seca en verano.
Huelva y Cádiz (lluvia de invierno).
Alicante, Valencia, Castellón y Palma de Mallorca (máximos de precipitaciones desplazados a otoño).
- El clima mediterráneo de interior: afecta al interior de la península (depresiones del Duero, Ebro y Tajo, La Mancha, interior de la depresión del Guadalquivir o el sistema Ibérico).
La amplitud térmica es más elevada, con veranos más cálidos e inviernos más fríos, aunque siempre dependiendo de la latitud y de la altura, con inviernos singularmente largos y fríos en la depresión del Duero o en el sistema Ibérico. Las precipitaciones suelen presentar 2 máximos: de primavera y otoño.
León, Cuenca, Burgos y Huesca.
- La variante semiárida del mediterráneo: se localiza en el sureste (Murcia y Almería) y en el centro de la depresión del Ebro. Las precipitaciones descienden por debajo de los 300 mm anuales. La causa de la aridez (9 meses o más) es la posición alejada y a sotavento del sureste peninsular respecto a las precipitaciones procedentes del noroeste y el aislamiento montañoso en el centro de la depresión del Ebro. En ambos lugares los veranos son cálidos, por la latitud y lejanía del mar, mientras que los inviernos en la depresión del Ebro son fríos.
En las zonas de alta montaña las temperaturas descienden y las precipitaciones aumentan, siempre dependiendo de la latitud, altura, orientación de las laderas y dominio climático en el que se sitúa el área montañosa. Son normales los inviernos con temperaturas inferiores a 0ºC, los veranos frescos y las precipitaciones por encima de los 1200 mm anuales.