El Proletariado en la Revolución Industrial: Orígenes, Condiciones y Primeras Organizaciones
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Una nueva figura social: el obrero
El desarrollo y la difusión de la industria provocaron el nacimiento de un nuevo grupo social: los obreros. En 1850, en el Reino Unido, había más de 3 millones de trabajadores en fábricas. Respecto a los obreros tradicionales, como el artesano independiente, el aprendiz o el obrero a domicilio, el obrero de fábrica no era propietario de los medios de producción y no poseía unos conocimientos específicos relativos a su trabajo. Se limitaba a hacer funcionar la máquina, según las instrucciones que recibía de sus superiores. Entre los obreros de fábrica no solo se encontraban antiguos trabajadores de los talleres artesanos, también se incorporaron los campesinos que emigraban a las ciudades, desplazados por la expansión de los latifundios y por la expropiación de las tierras comunales.
Las duras condiciones de vida
La Revolución Industrial estaba transformando Europa. Con la industrialización llegaba el progreso y el crecimiento de las ciudades y de la población... Sin embargo, la producción industrial salía adelante solo gracias al esfuerzo de millones de personas, explotadas por el interés de una parte de la burguesía: los propietarios de las fábricas. En los alrededores de los centros industriales o de las minas, surgieron barrios en los que se concentraron las familias de los obreros y de los mineros. Vivían en casas pequeñas y la situación higiénica era pésima. Las condiciones de trabajo eran muy duras: el horario dependía solo de la resistencia física de los trabajadores; se podía llegar a trabajar hasta 16 horas seguidas diarias. El sueldo era muy bajo y correspondía al mínimo para alimentarse y pagar el alquiler. A este nuevo grupo social se le denominó: Proletariado. Se trataba de un término de origen latino utilizado en la antigua Roma para referirse a la clase más pobre, aquellos que no tenían otra riqueza que sus propios hijos, la prole.
El trabajo infantil
Los hijos suponían una importante riqueza en el mundo rural: cuantos más hijos, más brazos para trabajar la tierra; en la Europa de la Revolución Industrial todavía significarían un mayor patrimonio. Los hijos de los obreros y de los mineros contribuían, como sus padres, a sostener el presupuesto familiar. A partir de los 4 años podían ser ya empleados en las fábricas o en las minas. Una comisión de investigación del gobierno británico relataba cómo “los niños, cuando vuelven a casa (de las minas) se arrojan al suelo delante de las chimeneas y se duermen de inmediato, sin poder ni siquiera comer un pedazo de pan”. La explotación laboral de los niños y niñas fue el aspecto más infame del desarrollo industrial. Sin embargo, reveló a la opinión pública y a las clases dirigentes británicas las condiciones de vida y trabajo de los obreros. Este problema tomó el nombre de “cuestión obrera”.
Las primeras organizaciones obreras
En el Reino Unido, después del fracaso de la revuelta ludista en los primeros años del siglo XIX, los obreros consiguieron, con manifestaciones y huelgas, el reconocimiento de las asociaciones obreras, las llamadas Trade Unions. Este fue el origen de los futuros sindicatos. Sin embargo, en la Europa continental, hacia 1850, todavía la mayoría de los obreros no trabajaban en las fábricas, sino en los talleres artesanos. Allí la principal forma de asociación era la corporación, aunque en Francia empezaron a organizarse las cooperativas y las sociedades de mutuo socorro. La principal diferencia entre estas formas de asociación y las Trade Unions británicas era que las primeras se dedicaban a ayudar a los trabajadores en caso de enfermedades o accidentes laborales, mientras que las Trade Unions procuraban defender y ampliar los derechos de los trabajadores a través de leyes que mejorasen sus condiciones laborales.