El proceso de anámnesis en Platón y el dualismo antropológico
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3. El proceso de anámnesis o reminiscencia
Existen mundos separados por un abismo: el mundo sensible y el mundo inteligible (o mundo de las ideas). El hombre se encuentra inmerso en el mundo sensible desde el mismo día en que nace. El hombre es el compuesto de dos realidades distintas: cuerpo y alma. El alma inmortal pasa parte de su vida en el mundo de las ideas, junto a ellas, contemplándolas. De repente, desciende al mundo sensible y el alma se introduce de modo accidental dentro de un cuerpo que acaba de fecundarse y, al pasar por el abismo, olvida toda su vida previa. El cuerpo es mortal y sensible; el alma es inmortal y eterna. A medida que el hombre va creciendo en este mundo, entra en contacto con las cosas concretas, con lo sensible, comienza su periodo de reminiscencia. Desde el momento en el que el alma entra a formar parte del cuerpo, lucha por salir de él para volver a su lugar natural: el mundo de las ideas. De este modo podemos decir que para Platón conocer es recordar El ascenso en esta vida desde lo concreto y sensible—es decir, desde las cosas— hacia las ideas es lo que Platón denominó dialéctica.
Antropología: dualismo platónico
Gran parte de la doctrina antropológica de Platón se expone en su diálogo el Fedro. Allí relata el mito del carro alado, donde cuenta cómo el alma baja a la tierra para insertarse en un cuerpo y cómo esta alma tiene que controlarse dentro del cuerpo. El mito del carro alado explica que el alma está compuesta por tres elementos: un caballo blanco, que representa las tendencias positivas, como la valentía, la fortaleza, la nobleza, y se ubica en el pecho; un caballo negro, que representa el lado negativo, lo sensible, lo pueril, lo innoble, y se encuentra localizado en el mismo vientre, y un auriga, que es la parte racional y se encuentra en la cabeza. Este carro, con dos caballos y un auriga que lleva las riendas, está sostenido por alas y, dependiendo de la destreza del auriga, irá hacia un lado o hacia otro. De modo que, como resumen, podemos decir que Platón plantea un alma con tres partes (o bien tres tipos de alma, pues este punto no queda claro): Alma racional: localizada en la cabeza, es la encargada de controlar a las otras dos, es inmortal. Alma irascible: se localiza en el tórax, es la fuente de las pasiones nobles, es mortal. Alma concupiscible: se localiza en el vientre, es la fuente de las pasiones innobles, es mortal.
Solo el alma racional ha contemplado las ideas, hay que deducir que para Platón la reencarnación es necesaria y, tras su muerte, vuelve a subir al mundo de las ideas. El alma concupiscible es un alma mortal, situada en el vientre, debajo del ombligo, y para Platón es la culpable de las pasiones innobles, los deseos, los apetitos, todo aquello que distrae al alma racional (Cuerpo es una cárcel para el alma). Por otra parte, el alma, sobre todo la racional, llega forzada y de modo totalmente accidental al cuerpo, trata de buscar el conocimiento de la verdadera realidad luchando contra las pasiones del cuerpo, tanto las nobles como las innobles, el alma posee simplicidad, es un elemento único y, por lo tanto, incorruptible. Platón, al reconocer la unión accidental de cuerpo y alma, dota a esta de una tarea educativa muy importante: la de tratar de purificar el cuerpo lo máximo posible. Dependiendo del éxito que tenga en esta purificación, el alma transmigrará de un cuerpo a otro reencarnándose en distintas clases sociales (en función del nivel conseguido en su reencarnación anterior). Todas las almas son fabricadas por el demiurgo y, por lo tanto, son inmortales; todas son iguales y comparten las mismas características, pero tras su primera llegada a la tierra, el alma comienza a transmigrar en distintas reencarnaciones. Dependiendo de la elección, el alma podía adentrarse en el cuerpo de un tirano, que era la más despreciada por Platón, pasando por un sofista, un artesano o un poeta, todas ellas clases sociales poco afortunadas en su opinión, o bien reencarnarse en filósofo (la más importante), rey, comerciante, médico..., que eran más afortunadas. La elección del alma era completamente libre y, por lo tanto, nadie podía culpar al demiurgo de la elección de las reencarnaciones.
Política y sociedad
Platón trata de exponer cómo debería ser la organización de la sociedad, presentando un sistema ideal de gobierno. Productores o artesanos En esta clase social predomina el alma concupiscible, localizada en el vientre, y la virtud por la que se caracterizan es el uso de la templanza a la hora de llevar a cabo sus labores. Categoría bronce para Platón Guardianes o guerreros Platón les impide tener cualquier tipo de posesiones. El objetivo es que apenas tengan motivos para dejarse corromper. Pertenecen a la categoría de plata y en ellos predomina el alma irascible (valentía). Su virtud reside en la fortaleza. Gobernantes Tras un periodo muy duro de formación, los más sabios estarán preparados para gobernar y convertirse en la figura ideal para Platón como gobernante: la de filósofo. Su virtud reside en la sabiduría. La ciudad ideal, por lo tanto, dependerá de que cada una de estas clases sociales cumpla a la perfección sus funciones. Si cada miembro de esta sociedad tiene claro cuál es su papel y lo ejecuta, llega entonces la armonía a la ciudad. Esta es la virtud de la ciudad: la de impartir justicia para todos los ciudadanos.