Platón, Corrupción Política y la Búsqueda del Gobierno Ideal: ¿Aristocracia Intelectual o Democracia?
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Corrupción Política y el Ideal Platónico
En los tres textos de referencia se nos muestran claros casos de políticos o personas con una posición importante que no están actuando conforme a la ley. También nos dejan claro que el sistema político vigente está profundamente corrupto, ya que, visto lo visto, se intentan encubrir delitos cometidos por personas de alto cargo, cuando a una persona sin esos títulos ya la habrían encarcelado según la gravedad del delito.
Refiriéndonos a Platón, él sostenía que solo los sabios y los que conocen el Bien están capacitados para gobernar. Entonces, ¿la mejor forma de gobierno sería la aristocracia intelectual?
Argumentos a Favor de la Aristocracia Intelectual
Por un lado, podríamos decir que Platón está en lo cierto al afirmar que podemos confiar en los que saben, ya que poseen el conocimiento adecuado para dirigir y gobernar. Deberíamos dar un voto de confianza a aquellas personas dispuestas a asumir la compleja tarea de gobernar. Para ello, deben priorizar el bien común sobre sus intereses personales. No pueden aspirar a acumular riquezas excesivas, ya que el dinero podría cegarlos y desviar sus decisiones del bien del Estado hacia un beneficio egoísta, pensando únicamente en sí mismos.
Con lo cual, según esta visión, únicamente quienes posean un alma racional tendrían el pleno derecho a gobernar, mientras que aquellos con almas irascibles o concupiscentes, no. A este respecto, pongamos un claro ejemplo: si estuviéramos en la playa y viéramos que alguien se está ahogando sin un socorrista presente, intentaríamos acudir a una persona con algún conocimiento básico de salvamento para que pudiera sacar a la persona del agua y reanimarla. No acudiríamos a alguien especializado en ingeniería o estética, por ejemplo.
Cuestionamientos al Modelo Platónico y Alternativas
Por otro lado, podríamos poner en duda si esa forma de gobierno es la más adecuada o, incluso, la mejor. Si nos detenemos a pensar un momento y observamos la realidad, al dejar que solo los sabios gobiernen, los demás nos encontraríamos en una posición de inferioridad. No podemos negar que Platón propuso la eliminación de la propiedad privada («todo es de todos»), ya que le parecía una injusticia que el rico se hiciera más rico a costa del pobre. Siguiendo esta lógica, se supondría que si todo es de todos, nadie tendría necesidad de robar.
Y, como hemos podido leer en uno de los textos mencionados, se dio un caso de robo por parte de alguien supuestamente capacitado para gobernar. Esto deja claro que no siempre los sabios son los más adecuados para ostentar el poder. Todo esto ya lo planteó Aristóteles: cuando los gobernantes no tienen como objetivo cumplir las leyes, surge el caos denominado demagogia. Además, ¿qué ejemplo dan los gobernantes cuando incumplen la ley? Pierden toda autoridad.
Entonces, partiendo de la base platónica de que quienes se guían por la razón, alejándose de los sentidos, son los que conocen el Bien y solo ellos pueden actuar correctamente, si una persona que supuestamente conoce el Bien es encarcelada por un delito, ¿qué pasaría? Se rompería el esquema según el cual los sabios serían los únicos capacitados para gobernar, porque puede haber sabios que se dejen llevar por los sentidos.
¿Y si Platón no tuviera razón y existieran personas con las tres almas que él plantea, o incluso alguna más? En lugar de clasificar a las personas por categorías según sus almas, podríamos optar por combinar conceptos como la aristocracia intelectual y la democracia. Es cierto que quienes saben podrían dirigir mejor la sociedad en ciertos temas, pero en otros ámbitos quizás no sean los más indicados y se necesiten distintos puntos de vista. Por eso, no estaría de más plantearse una sociedad regida por un sistema que combine democracia e intelectualidad.