Los Pazos: La Trágica Historia de Nucha y Don Pedro
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La Derrota y la Enfermedad
Nada de eso sucedió. Las elecciones fueron amañadas y ganó Trampeta, que salió ruidosamente a celebrarlo delante de la casa de Barbacana, rodeado de borrachos. Esto molestó a su ex adversario, y sus hombres los sacaron a garrotazos de la calle, pero la batalla ya había sido perdida.
La que más sufrió con las elecciones fue Nucha, que cayó muy enferma. Llamaron al médico, que dijo que podría ser grave, y Julián se volvió a sentir inútil, pues solo podía ofrecerle la confesión, que ella no le daba, y que por otra parte tampoco él quería, pues de bien seguro se turbaría enormemente. En una de las misas, Nucha se armó de valor y, echando a Perucho de la capilla, le rogó que la ayudara a huir con la niña a casa de su padre, y que se fuera con ella; que le pedía todo aquello porque su angelito corría riesgo, pues molestaba al bastardo en la sucesión del poder. Él aceptó y se pusieron a tramar un plan que los ayudara a escapar. Mientras tanto, el rapaz, que tenía órdenes de avisar a su abuelo, le dijo que se habían quedado solos en la capilla, y este partió al bosque en busca de su amo. Como al niño le habían prometido dos cuartos por la información, fue a reclamarlos, y su abuelo le prometió otros dos si le contaba lo que le había dicho al marqués. Fue corriendo y se lo contó, y cuando este partió, se dirigió poco a poco a casa, pero en el camino vio, escondido, algo horrible: la muerte de Primitivo en manos de un hombre, a disparo de trabuco. Asustado, corrió hasta el castillo, y al llegar encontró a Don Pedro, muy enfadado, en la capilla, gritando a Nucha y a Julián. El chiquillo comprendió que ahora llegaba el momento en el que su amo perdía los estribos y pegaba a la mujer, y, asustado por la niña, se la llevó a un pajar, y allí, bien escondidos, se quedaron ambos dormidos. Mientras tanto, Julián abandonó los Pazos velozmente.
El Destierro y el Regreso
El eclesiástico fue desterrado durante diez años a un pueblecito humilde, de gente sencilla, donde le anunciaron la muerte de su señora Nucha. Más tarde, lo devolvieron a los Pazos, creyendo que ya había terminado su “castigo”. A su regreso encontró un pequeño mausoleo donde descansaban los restos de Nucha, y lloró amargamente. Para su sorpresa, vio a un Perucho adolescente, bien vestido, y acompañado de una niña de unos diez años, que se parecía enormemente a su madre, Marcelina, aunque iba tristemente vestida con harapos.
Personajes Principales
Don Pedro
Es el dueño de los Pazos, principal personaje de la obra. Se hace llamar marqués, aunque nadie le haya otorgado tal título. Tiene un hijo ilegítimo con Sabel, la cocinera del castillo, al que no da educación ninguna. Más tarde se convirtió en el marido de la señorita Marcelina. Es un hombre rudo y de malas maneras, que acostumbra a maltratar a las mujeres que tiene alrededor cuando le hacen enfadar, y dispone de los inquilinos de sus tierras como él quiere, sin dar voz ni voto a nadie más.
Nucha (Marcelina)
Es el nombre por el cual se conoce a Marcelina, hija del Señor de la Lage. Marcelina es dada en matrimonio a Don Pedro, con quien tiene una hija. Tras el parto queda gravemente enferma, y muy apegada a la chiquilla. Es una mujer de fe, muy tranquila y sumisa, que aguanta lo que se le venga encima con tal de ser una buena mujer, madre y esposa; y nunca se queja de nada de lo que le sucede, de sus penas y temores, exceptuando momentos de decaimiento en los que se apoya en el padre Julián.