Ontología, epistemología y ética: Platón frente a Aristóteles
Ontología
– Para Platón no solo existen dos mundos (sensible y suprasensible), sino que el mundo inteligible y trascendente es el más real. Por el contrario, para Aristóteles el único mundo que existe es el sensible, constituido por objetos singulares, únicos, concretos y externos.
– La noción de idea de Platón como ciencia de las cosas coincide con el concepto de causa formal de Aristóteles (solo que para el primero la idea es algo trascendente, separado del mundo, mientras que para Aristóteles la forma es inmanente, se encuentra en la materia).
– El concepto platónico de demiurgo, comprendido como un agente que introduce orden en el cosmos, es similar al de causa final o motor inmóvil en Aristóteles, pues mueve sin ser movido.
– La división platónica entre región celeste (formada por astros, plantas, ideas y almas) y terrestre (dominio de los cuatro elementos) se asemeja a la diferencia que Aristóteles establece entre el mundo supralunar (constituido por astros y formado por éter o quintaesencia, dotado de movimientos circulares y eternos) y el mundo sublunar (constituido por cuerpos formados por los cuatro elementos, sometidos a las leyes de generación y corrupción dentro del ámbito de los movimientos lineales que siguen la tendencia a ocupar su lugar natural en función de la gravedad).
Epistemología y gnoseología
– Para Platón, el alma es inmortal y se encuentra determinada desde el nacimiento (es decir, si has nacido guerrero, serás guerrero y lo has sido y lo serás por toda la eternidad). Para Aristóteles, el alma es mortal (se corrompe y muere) y depende del aprendizaje. En un principio, todos los seres humanos tienen enormes posibilidades, pero no solo algunas potencialidades se actualizan. De ahí la importancia del desarrollo y el énfasis sobre el aprendizaje.
– A consecuencia de la tesis pitagórica de la inmortalidad del alma, Platón defiende el racionalismo y el innatismo: todas las ideas ya preexisten en nuestra alma y, por consiguiente, conocer es recordar lo que ya se da en el alma. Aristóteles, por el contrario, hace apología del empirismo: no hay nada en nuestro conocimiento que no estuviera antes en la sensación; antes de que tengamos percepción, nuestro entendimiento es como una hoja en blanco, como una tabula rasa.
– Las virtudes dianoéticas de Aristóteles (aquellas en las que son necesarias la deliberación y el talento) se asemejan a la deliberación e intuición precisas para tener la visión de ciencias o dialéctica de las que nos habla Platón.
– Mientras que para Platón las matemáticas son la cúspide de las ciencias propedéuticas y, en consecuencia, el modelo de todas las ciencias, para Aristóteles las ciencias importantes son las experimentales y las matemáticas no constituyen más que la antesala del saber. Un ejemplo a nivel escolar, para entrenar a los neófitos en lo que deben ser las ciencias, son la biología, la medicina y las ciencias aplicadas, las que tienen estatuto real de ciencia. Las matemáticas no deben ser imitadas por las demás ciencias; forman parte del currículo educativo, y su valor es elemental.
Ética y política
– Para Platón, la virtud de la moderación debe caracterizar la conducta de aquellos que poseen alma apetitiva (artesanos y trabajadores). Para Aristóteles, todas las personas son susceptibles de ser buenas y, por lo tanto, todo el mundo puede tender a un término medio.
– El intelectualismo moral socrático es una teoría ética que consiste en defender que quienes obran mal no lo hacen a sabiendas, sino por ignorancia; no cabe creer que haya intencionalidad malvada en la actuación de las personas: se obra mal por error. Platón aplica el intelectualismo moral a la política, pues solo aquellos que poseen alma racional (magistrados y gobernantes) deben regir los destinos políticos de los demás. Así, es necesario que gobiernen quienes saben, pues quienes no saben cometen el mal por ignorancia. Aristóteles, por el contrario, enfrenta claramente el intelectualismo moral socrático, pues mantiene que todos los seres humanos estamos capacitados para obrar moralmente. Basta, por un lado, con seguir la costumbre a través de la memoria y del ejercicio y, por otro, con tender siempre hacia un término medio. Además, todos los seres humanos dotados de palabra tenemos sentido sobre lo justo y lo injusto, sobre el bien y el mal. Luego quien no obra bien es porque simplemente no le da la gana. Hay tanta corrupción entre los seres humanos no por desconocimiento o error (Platón), sino porque a la gente le gusta, a sabiendas, lo que hace (Aristóteles).
– Según Platón existe un único gobierno perfecto (la monarquía) y un ciclo político degenerado cuyas formas más corruptas son la democracia y la tiranía. Para Aristóteles hay tres gobiernos rectos, pues su objetivo es el bien común (monarquía, aristocracia y república); como el término medio entre ellas es la aristocracia, esta constituye la forma política más excelente. Por otro lado, hay tres gobiernos degenerados cuyo objeto es el interés particular de los gobernantes (tiranía, oligarquía y democracia). Los dos extremos son la tiranía y la democracia, que constituirán (lo mismo que en el caso de Platón) los tipos de gobierno más degenerados.
– Platón considera que la racionalidad se encuentra vinculada a una clase muy determinada de alma (racional). Aristóteles encuentra, sin embargo, que la sumisión a la razón es propia de una clase muy determinada (la clase media). La racionalidad se encuentra determinada por un género de desarrollo vinculado a un nivel de vida económico medio.
– Los dos gobiernos máximamente degenerados para Platón son la democracia y la tiranía (pues se encuentran en la evolución más baja del ciclo político). Para Aristóteles también lo son, pero por el éxito de que en ellos se manifiesta más que en ninguna forma política la voluntad del gobernante de velar por su interés particular (en lugar de acercarlo al bien público).
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