Odiseo y las Sirenas: Mitología Griega del Canto, la Astucia y el Castigo de Prometeo

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Odiseo y las Sirenas

…καὶ τὴν νῆσον παρέπλει τῶν Σειρήνων. αἱ δὲ Σειρῆνες ἦσαν Ἀχελῴου καὶ Μελπομένης μιᾶς τῶν Μουσῶν θυγατέρες, Πεισινόη, Ἀγλαόπη, Θελξιέπεια. τούτων ἡ μὲν ἐκιθάριζεν, ἡ δὲ ᾖδεν, ἡ δὲ ηὔλει, καὶ διὰ τούτων ἔπειθον καταμένειν τοὺς παραπλέοντας. [19] εἶχον δὲ ἀπὸ τῶν μηρῶν ὀρνίθων μορφάς. ταύτας παραπλέων Ὀδυσσεύς, τῆς ᾠδῆς βουλόμενος ὑπακοῦσαι, Κίρκης ὑποθεμένης, τῶν μὲν ἑταίρων τὰ ὦτα ἔβυσε κηρῷ, ἑαυτὸν δὲ ἐκέλευσε προσδεθῆναι τῷ ἱστῷ. πειθόμενος δὲ ὑπὸ τῶν Σειρήνων καταμένειν ἠξίου λυθῆναι, οἱ δὲ μᾶλλον αὐτὸν ἐδέσμευον, καὶ οὕτω παρέπλει.

Y (Odiseo) costeaba la isla de las Sirenas. Las Sirenas eran hijas de Aqueloo y Melpómene, una de las Musas: Pisíone, Agláope y Telxiepia. De ellas, una tocaba la cítara, otra cantaba y otra tocaba la flauta, y por medio de estas habilidades persuadían a los que navegaban a que se quedasen; y tenían desde los muslos formas de pájaros. Odiseo, al costearlas, queriendo oír su canto, como Circe le había aconsejado, tapó los oídos de sus compañeros con cera y ordenó que él mismo fuera atado al mástil. Y persuadido por las Sirenas a quedarse, pedía ser desatado, pero ellos lo ataban aún más, y así pasó navegando.

Prometeo y el fuego robado

Προμηθεὺς δὲ ἐξ ὕδατος καὶ γῆς ἀνθρώπους πλάσας ἔδωκεν αὐτοῖς καὶ πῦρ, λάθρᾳ Διὸς ἐν νάρθηκι κρύψας. ὡς δὲ ᾔσθετο Ζεύς, ἐπέταξεν Ἡφαίστῳ τῷ Καυκάσῳ ὄρει τὸ σῶμα αὐτοῦ προσηλῶσαι· τοῦτο δὲ Σκυθικὸν ὄρος ἐστίν. ἐν δὴ τούτῳ προσηλωθεὶς Προμηθεὺς πολλῶν ἐτῶν ἀριθμὸν ἐδέδετο· καθ᾽ ἑκάστην δὲ ἡμέραν ἀετὸς ἐφιπτάμενος αὐτῷ τοὺς λοβοὺς τοῦ ἥπατος ἐνέμετο αὐξανομένου διὰ νυκτός. καὶ Προμηθεὺς μὲν πυρὸς κλαπέντος δίκην ἔτινε ταύτην, μέχρις Ἡρακλῆς αὐτὸν ὕστερον ἔλυσεν, ὡς ἐν τοῖς καθ᾽ Ἡρακλέα δηλώσομεν.

Prometeo, habiendo modelado a los hombres de agua y tierra, les dio también el fuego, a escondidas de Zeus, ocultándolo en una caña. Pero cuando Zeus se dio cuenta, ordenó a Hefesto que clavara su cuerpo en el monte Cáucaso; y este es un monte escita. En efecto, clavado en ese (monte), Prometeo estuvo atado muchos años; y cada día un águila, volando hacia él, le devoraba los lóbulos del hígado, que crecía por la noche. Y Prometeo, por haber robado el fuego, expió esta pena hasta que Heracles, más tarde, lo liberó, como mostraremos en lo referente a Heracles.

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