Nietzsche y la Crítica a los "Conceptos Supremos": La Muerte de Dios y el Surgimiento de un Nuevo Hombre

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La Formación de los Conceptos y la Crítica de Nietzsche

En varias de sus obras, Nietzsche aborda la formación de los conceptos. En Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, explica que las cosas externas nos producen una excitación nerviosa que se traduce en una imagen mental. Para designar esta imagen, el hombre utiliza un sonido articulado o término. Esta designación implica, primero, la transposición de una excitación nerviosa a una imagen (primera metáfora) y luego, la transformación de la imagen en un sonido articulado (segunda metáfora).

Además, toda palabra se convierte en un concepto cuando no designa la experiencia singular en la que se originó, sino innumerables experiencias similares pero diferentes. Al olvidar las diferencias, se supone la existencia de una forma, una esencia, un arquetipo del cual las cosas individuales son copias imperfectas y que es su causa.

Nietzsche considera que agrupar las cosas en categorías es siempre un abuso. En la realidad no existen géneros, formas o conceptos, sino cosas inaccesibles para nosotros. Es más, para Nietzsche, un individuo tampoco es algo unitario e idéntico a sí mismo, pues la unidad e identidad que le atribuimos es consecuencia de nuestro modo sustancialista de representarnos la realidad. La realidad es más rica y llena de contradicciones de lo que podemos conocer.

Los "Conceptos Supremos" y su Vacío de Contenido

En el texto, Nietzsche se refiere a los "conceptos supremos", los conceptos más generales. Si los conceptos se originan por abstracción, eliminando diferencias a partir de las percepciones sensibles que son siempre distintas, a medida que ascendemos en la generalización del concepto, más diferencias eliminamos y el concepto se vuelve más vacío. Cuando llegamos a los conceptos más generales como ser, lo uno, lo bueno, lo perfecto, lo verdadero, etc., no queda nada de la realidad en ellos, son puros esquemas mentales vacíos de contenido.

Por otra parte, los filósofos, al conferir a estos conceptos el grado supremo de realidad, piensan que no pueden venir de lo inferior, por lo que los consideran incausados ("causa sui"). "Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final —¡por desgracia!, ¡pues no debería siquiera venir! —los “conceptos supremos”, es decir, los conceptos más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora".

El Concepto "Dios" como Cúmulo de Insensateces

Para Nietzsche, el extremo de las locuras (dolencias cerebrales) de los filósofos es la construcción del concepto "Dios". Es el concepto más alto, el más general, construido con todos los conceptos supremos, entre los que se postula que no puede haber contradicción. Y puesto que es el más general, no puede provenir de otro, y es declarado "ens realissimum" (el ser con más realidad, con más perfección), causa de la realidad (de la entidad) de los otros seres.

Al tomar en serio este cúmulo de insensateces, la humanidad ha pagado un alto precio (la muerte de los instintos, la muerte física, el sometimiento, el miedo, la persecución, etc.). En el texto se dejan unos puntos suspensivos, tras los que adivinamos la alusión nietzscheana al "último hombre" y al nihilismo en que ha caído la cultura europea.

La Muerte de Dios y la Desorientación del Hombre

Cuando Nietzsche se refiere a Dios, se refiere al Dios de la religión, particularmente del cristianismo, pero también a todo aquello que puede sustituirlo, porque en realidad Dios no es una entidad sino un lugar, una figura posible del pensamiento, representa lo Absoluto. Dios es la metáfora para expresar la realidad absoluta, la realidad que se presenta como la Verdad y el Bien, como el supuesto ámbito objetivo que puede servir de fundamento a la existencia por encontrarse más allá de esta y darle un sentido.

Todo aquello que sirve a los hombres para dar un sentido a la vida, pero que se pone fuera de la vida, es semejante a Dios: la Naturaleza, el Progreso, la Revolución, la Ciencia, tomadas como realidades absolutas son análogas a Dios. Cuando Nietzsche declara que Dios ha muerto, quiere indicar que los hombres viven desorientados, que ya no sirve el horizonte último en el que siempre se ha vivido, que no existe una luz que pueda guiarnos de modo pleno.

Esta experiencia de la finitud, del sentirse sin remedio desorientado, es necesaria para empezar un nuevo modo de vida. Nietzsche nos muestra que es necesario que desaparezca todo cuanto haya podido ser falseado por el espectro de Dios. La muerte de Dios se produce cuando las denominaciones que se le otorgan y sus atributos, sobre los cuales se ha configurado su adoración, pierden la resonancia de autenticidad ante los ojos de los hombres.

La Crítica a la Moral Tradicional y el Surgimiento de un Nuevo Hombre

Para Nietzsche, el cristianismo es sinónimo de moral judeo-cristiana, por lo que al desaparecer Dios como garante de unos valores, desaparece la justificación del orden moral. De la crítica a la moral tradicional ha de surgir un nuevo hombre que renuncie a los deberes y virtudes tradicionales, que ha de sentirse insatisfecho de la tutela de Dios y buscar la salvación por sí mismo. La vida, esta vida, pasa a primer plano como experimento: "Con la muerte de Dios los filósofos, los espíritus libres se sienten iluminados por una nueva aurora. El horizonte es libre y vuelven a ser lícitos todos los azares del que busca conocimiento".