Nicolás Maquiavelo y Tomás Moro: realismo político, Utopía y ética en la práctica del poder
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Nicolás Maquiavelo: vida y obras
Nicolás Maquiavelo nació en Florencia en el año 1469 y falleció en la misma ciudad en el año 1526. Ejerció misiones diplomáticas en la corte papal, en Francia y en la corte del emperador Maximiliano I. Estas tareas le permitieron conocer de cerca el funcionamiento de la política y expresarlo en sus obras más importantes: Discursos sobre la primera década de Tito Livio y, sobre todo, El Príncipe.
Maquiavelismo y realismo político
La palabra «maquiavélico» se utiliza con frecuencia con el significado de perverso o astuto. Sin embargo, las ideas de Maquiavelo merecen ser tratadas con respeto, ya que han contribuido en gran medida al nacimiento de la ciencia política.
Maquiavelo defiende lo que posteriormente se ha denominado realismo político. Se trata de considerar que la política tiene sus propias reglas que, en muchas ocasiones, no coinciden con las normas de la moral o de la religión. El gobernante —Maquiavelo suele referirse al Príncipe— debe conocer perfectamente las reglas de la política para alcanzar su objetivo principal: la paz y el bienestar del pueblo que gobierna.
La naturaleza humana y la toma de decisiones
Los gobernantes deben tener un gran sentido práctico y realista. Es decir, deben saber cómo son los seres humanos (a veces buenos; otras, crueles; en ocasiones olvidadizos; otras veces traicioneros, etc.) y no cómo deberían ser. Del mismo modo, los gobernantes deben saber cómo se comportan y se han comportado los pueblos a lo largo de la historia. Con estos conocimientos sobre la naturaleza humana y sobre la historia, los que mandan deben tomar las decisiones que, de la forma más realista, conduzcan a incrementar el bienestar del pueblo y a conseguir la paz.
Por tanto, lo importante en la política es el fin que se consigue, aunque a veces sea necesario utilizar medios que puedan resultar inmorales. No se trata de crear un país perfecto y utópico que nadie ha visto, ni probablemente contemplará nunca; se trata de mejorar, poco a poco, las condiciones de los países en los que vivimos.
Tomás Moro y la Utopía
Tomás Moro, devoto de la Iglesia católica, no se apartó en toda su vida de los principios cristianos. La obra cumbre de Moro se titula Utopía, palabra que significa «lugar inexistente», en ninguna parte del mundo —no-lugar (u: no; topos: lugar). Este libro toma como punto de partida la situación real de las repúblicas existentes en su época, caracterizada por la corrupción, la violencia, la desigualdad económica, los asesinatos y otros crímenes. Estos hechos son la inspiración de Moro para crear un plan ideal de una república o estado diferente, es decir, una utopía.
Características de la isla utópica
Moro presenta Utopía como una isla de ficción llamada así. En esta isla, los intereses de los individuos se encuentran subordinados a los de la sociedad como conjunto; todos sus habitantes deben desempeñar un trabajo, se practica la enseñanza universal y la tolerancia religiosa, y la tierra pertenece a todos.
Tomás Moro fue canciller de Inglaterra en la corte de Enrique VIII. Este ordenó que fuera decapitado por no alejarse de la Iglesia católica ni admitir la jefatura de la Iglesia por parte del rey, pero especialmente por negarse a aprobar su divorcio.
Principales ideas políticas de Tomás Moro
Moro plantea una organización social que hoy llamaríamos comunismo. Este sistema ideado por él estaba basado en la abundancia y la seguridad de todos los ciudadanos. Los puntos resaltantes son los siguientes:
- El término medio entre la pobreza y la riqueza: En la Utopía no habría ni miseria ni lujos; no habría ostentosos edificios, pero tampoco viviendas paupérrimas. La ciudad sería sumamente limpia y aseada.
- Importancia de la educación: Los ciudadanos de la Utopía tendrían mucho tiempo libre, ya que trabajarían sólo seis horas por día.
- Importancia del ocio: Como consecuencia de lo anterior, serían importantes las diversiones sociales, las discusiones, las sesiones de música y el juego.
- Falta de explotación y ausencia de clases sociales: En Utopía no existiría siquiera la propiedad privada. El oro, para los utopienses, no poseería valor alguno: se lo utilizaría para fabricar cadenas de los presos.
- Servidumbre temporal como castigo: Los reos estarían encargados de los trabajos desagradables.
- Tolerancia religiosa y cultural: Los sacerdotes serían casados y a nadie se le obligaría a adoptar unas determinadas creencias. Las mujeres estarían equiparadas en deberes y derechos al hombre. Se aceptaría la eutanasia.
Reflexión final
Maquiavelo y Tomás Moro representan dos modelos distintos de pensar la política: uno centrado en el realismo y la eficacia del gobernante para mantener la paz y el orden; otro, en la búsqueda de un ideal colectivo que transforme la organización social. Ambas propuestas plantean dilemas éticos relevantes sobre los fines, los medios y la organización de la vida pública.