David Hume: Empirismo, Crítica a la Causalidad y Ética

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David Hume (1711-1766)

David Hume es el más radical de los autores del Empirismo Inglés, corriente de pensamiento que representa la Ilustración en Inglaterra.

El Empirismo es una corriente crítica con el Racionalismo, aunque tienen en común la importancia que conceden al tema del conocimiento y el subjetivismo. Las tesis principales del Empirismo son:

  1. El origen del conocimiento es la experiencia, el entendimiento es como una tabla rasa, en el que no hay ideas innatas. La crítica al innatismo es el punto de partida de la gnoseología de Hume.
  2. El conocimiento no es ilimitado: la experiencia es su límite, por lo que defenderán un escepticismo moderado ya que aquello de lo que no tenemos experiencia no puede ser conocido. De aquí la postura escéptica y antimetafísica de Hume.
  3. Todo conocimiento es conocimiento de ideas, que se asocian entre sí dando origen a ideas más complejas, que aparece en la clasificación de relaciones de ideas y cuestiones de hecho de Hume.

De todo ello se desprende un concepto de razón diferente a la racionalista: una razón dependiente y limitada por la experiencia, lo que lleva a Hume a realizar su crítica a la causalidad y a la ciencia y la defensa del emotivismo moral.

Pertenecen también al empirismo J. Locke (1632-1704), G. Berkeley (1685-1753) e I. Newton (1642-1727), del que tomará Hume el método para la filosofía.

El problema del conocimiento en Hume

Al igual que los racionalistas, Hume considera el tema del conocimiento el problema fundamental de la filosofía. Para analizarlo, comienza afirmando que se propone establecer un mapa del entendimiento humano. Al llevar a cabo este mapa concluye que el contenido del entendimiento son percepciones, que son de dos clases: impresiones e ideas. Considera que el conocimiento humano comienza con la experiencia sensorial que crea en nosotros impresiones, que se caracterizan por ser simples, vivaces e inmediatas. Estas impresiones quedan en nuestra mente bajo la forma de ideas, al ser retenidas en la memoria, que fija su orden y posición. Tanto impresiones como ideas pueden ser simples y complejas. Entre las impresiones y las ideas existe una relación de dependencia: las ideas se derivan de las impresiones simples, a las que representan, son imágenes de aquellas. De aquí se establece el principio fundamental de su empirismo: nuestras ideas serán verdaderas solo si podemos señalar de qué impresión se han derivado. Este es el criterio de “certeza” de Hume que le permite distinguir entre ideas lícitas, si derivan de la experiencia, e ilícitas, sin referente empírico y por ello vacías.

Las ideas se relacionan o mezclan por medio de la imaginación mediante tres leyes: semejanza, contigüidad y causa-efecto. Estas relaciones dirigidas por la imaginación nos dan conocimiento integrado sobre los sucesos. Nuestro conocimiento puede ser de dos tipos:

  1. Relaciones de ideas o conocimiento demostrativo, propio de las matemáticas, siempre verdadero.
  2. Cuestiones de hecho o conocimiento sólo probable, pues ha de ser confirmado por la experiencia.

Crítica a la causalidad

Todas las cuestiones de hecho se basan en el razonamiento causa-efecto. Esta forma de relacionar percepciones no deriva de la experiencia, ya que la relación causa-efecto se la aplicamos a fenómenos muy distintos. Mediante este razonamiento la mente establece una relación empírica entre dos percepciones: una presente (causa) y otra que le sigue (efecto). Esta relación entre ideas se basa exclusivamente en la experiencia. Mediante ella aprendemos que ha habido una conjunción constante entre dos sucesos percibidos. Ésta nos hace esperar que se produzcan efectos semejantes siempre que vemos los mismos objetos, es decir establecer inferencias causales, en las que pasamos de la sucesión constante entre dos fenómenos garantizada por la experiencia, a su relación de conexión necesaria. Sin embargo esta relación de necesidad es un hábito creado por la mente tras haber visto una serie de veces que el suceso causa va seguido del efecto, es una creencia basada en la costumbre, no en una seguridad empírica y por lo tanto la necesidad con la que pensamos la relación causal no es racional sino únicamente una creencia. Con este razonamiento Hume señala los límites del conocimiento racional en una cuestión fundamental que va a afectar tanto a la filosofía como a la física. En base a esta crítica Hume negará la posibilidad del conocimiento seguro de la idea de substancia, de mundo o realidad exterior, del yo y de Dios.

Crítica a la idea de sustancia, realidad exterior, yo y Dios

Para el autor del Tratado no podemos estar seguros de la idea de sustancia, que tan grandes logros había dado al pensamiento de Descartes. La sustancia, como aquello que existe por si mismo o de forma independiente, no es una idea lícita pues ¿de qué impresión deriva? Ninguna de nuestras impresiones es su origen, luego no hay idea de sustancia. La sustancia no es otra cosa que el nombre que damos a una colección de ideas simples unidas mediante la imaginación.

Hume aplica el análisis de la causalidad a la afirmación de la realidad exterior. Para que la relación causal esté justificada por la experiencia tengo que tener impresión de la causa y del efecto. Cuando afirmo que existe algo fuera de la impresión actual tengo justificación del efecto (mi impresión) pero no de la causa que me lo produce (la realidad exterior), luego ésta no pasa de ser una creencia. No podemos conocer cómo son los objetos más allá de nuestras impresiones, ni afirmar su existencia continua e independiente de nuestro conocimiento.

Sobre el yo afirma que no es una idea verdadera, puesto que lo que nosotros llamamos yo se reduce a ser un “haz de percepciones” o conjunto de impresiones e ideas guardadas por la memoria. Nuestra autoidentidad no se deriva de ninguna impresión permanente que nos acompañe a lo largo de toda nuestra vida, pero la memoria hacer surgir imágenes pasadas y la imaginación las encadena como si fuese un flujo permanente, el yo es solo un nombre para esa cadena.

Las demostraciones de la existencia de Dios descansan sobre la aplicación del principio de causalidad. Ahora bien, de Dios no tenemos impresión ninguna, luego no podemos afirmar su existencia como causa de ninguna otra impresión. Hume niega también que pueda ser conocido ningún sujeto fuera de la experiencia humana y que una causa pueda ser conocida por sus efectos.

De esta manera Hume concluye que el límite de nuestro conocimiento lo establecen las impresiones. Más allá de ellas nada puede ser conocido con seguridad. Nuestro conocimiento se limita a fenómenos, de lo que se deduce la postura fenomenista y escéptica del autor.

Ética y la falacia naturalista

La crítica a la racionalidad de Hume se extiende también a la ética. Para él la razón es incapaz de mover al hombre, es la pasión o el sentimiento lo que le mueve. La razón sólo nos informa sobre lo que es, no sobre lo que debe ser. Confundir ambos es caer en la falacia naturalista: pasar de lo que es a lo que debe ser. La razón sólo informa. La pasión nos hace actuar. Para explicar por qué podemos compartir sentimientos morales, el filósofo escocés recurre a la simpatía: sentimiento que nos permite ponernos en el lugar del otro y juzgar lo que es más útil o beneficioso para el hombre a partir del dolor o el placer que nos producen los hechos.

Religión y política

En el terreno de la religión tampoco considera Hume que la razón pueda darnos a conocer a Dios; criticó las pruebas medievales y racionalistas sobre la existencia de Dios y mantuvo un escepticismo moderado para quedar a salvo el dogmatismo y la superstición.

Por lo que se refiere a la política, nuestro autor no está de acuerdo con las teorías contractualistas de Hobbes, Locke o Rousseau, ya que considera que el contrato social es una ficción incomprobable. Considera que la vida social bajo una organización se mantiene porque resulta útil al proporcionar fuerza, seguridad y habilidad a los grupos sociales. Por ello el gobierno debe proporcionar paz y seguridad y buscar el bien para todos los ciudadanos.