Nacionalismos en España: Orígenes, Ideologías y Reivindicaciones

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Existen diferentes definiciones para el concepto de nación y para los factores que la conforman (territorio, historia, etnia, lengua...), pero todas coinciden en identificarla con patria o tierra de nacimiento, y en considerar que sus miembros tengan sentimiento nacional. Defender así para ella el derecho de autodeterminación, es decir, la capacidad para dotarse de un autogobierno y formar una nación soberana con Estado independiente.

En España existen diversos movimientos regionalistas y nacionalistas periféricos que defienden la consideración de sus propias comunidades como naciones diferenciadas de la española. El nacionalismo español (DOC.1) surge con las transformaciones políticas liberales realizadas por las Cortes de Cádiz y con la defensa popular del territorio frente a la invasión napoleónica. La Constitución de 1812 fue la primera que recogió y definía la nación española como un cuerpo político independiente, formado por todos los habitantes de la Corona, en el que reside la soberanía. Todos sus habitantes debían estar sometidos a la misma ley y tener los mismos derechos; esto implicaba la abolición de todas las particularidades personales y territoriales características del Antiguo Régimen.

La división del liberalismo en dos corrientes —doctrinaria y democrática— dio lugar a dos formas de nacionalismo: el nacionalismo español conservador y el liberal-democrático. El primero estaba formado por los liberales moderados, conservadores y tradicionalistas católicos. Estos defendían la nación española como una entidad colectiva fruto de la historia que conducía a formar una unidad política inseparable. Tenía como elementos la Corona, el catolicismo, la península ibérica y el centralismo. El nacionalismo liberal-democrático estaba formado por demócratas y republicanos que defendían la nación española como un cuerpo de asociados unidos bajo las mismas leyes, fruto de la voluntad de los individuos en la historia. Sus símbolos eran la participación democrática del pueblo, la defensa de los derechos y libertades y el laicismo. Permitía también la descentralización administrativa y la autonomía política territorial.

Las fuerzas de izquierda rechazaron los nacionalismos, especialmente los conservadores, ya que la patria y la nación española estaban siendo aprovechadas por la oligarquía para someter y explotar a los trabajadores. Los anarquistas se enfrentaron frontalmente mientras que los socialistas y los comunistas defendían, frente a la idea de nación, la concepción de España como un Estado que debía servir para la redención de las clases obreras y para eliminar los privilegios de la burguesía explotadora.

En este contexto surgieron manifestaciones culturales y políticas en la periferia peninsular. Inicialmente, un número reducido de intelectuales comenzó a interesarse por la historia, la lengua y la cultura de su comunidad. Poco después aparece la agitación política que aspira a conseguir el autogobierno, surgiendo así el catalanismo, el galleguismo y el biscaitarrismo. Estas reivindicaciones tuvieron diferentes manifestaciones. Por una parte, el nacionalismo era un movimiento político y cultural que reivindicaba formas de descentralización administrativa y de autogobierno. Por otra, el nacionalismo es el movimiento en defensa de la consideración y del reconocimiento de la comunidad propia como una nación diferenciada con derecho a disponer de la soberanía política y del gobierno propio.

En el origen de estos movimientos se suman una serie de factores entre los que destacan: la diversidad cultural y lingüística, los cambios vinculados a la imposición del nuevo Estado liberal, el desigual desarrollo capitalista, la débil nacionalización española, y el descontento y la desilusión por la marcha general del país. Estos nacionalismos periféricos rechazaron la existencia de una nación española unitaria y defendieron desde una nueva organización del Estado español (en los casos catalán y gallego) hasta la independencia total de su comunidad (caso vasco).

El Catalanismo

El catalanismo (DOC.2) es un amplio movimiento de defensa de los intereses catalanes, defendiendo las particularidades de Cataluña con respecto al resto de los pueblos de España. En esto jugaron un papel importante las transformaciones económicas vinculadas a la Revolución industrial, así como las políticas originadas por la Revolución Liberal.

El catalanismo presenta una amplia variedad ideológica, social y estratégica. Se basa en diversos elementos o factores: la existencia de una lengua propia, la permanencia de las costumbres y del derecho tradicional catalán, la conciencia de un pasado histórico glorioso, su fuerte desarrollo industrial y la marginación política frente a la centralización en la toma de decisiones en Madrid.

Los principales movimientos son regionalistas, defendiendo el autogobierno catalán, sin cuestionar la unidad nacional de España. Se funda la Liga de Cataluña, de la que forman parte algunos de los futuros dirigentes del catalanismo como Prat de la Riba o Cambó. Por su iniciativa se creó la Unión Catalanista, que aprobó un proyecto autonomista de carácter conservador con un programa y objetivos claros. Sus ideas fueron la base del nacionalismo catalán conservador, apoyado por los burgueses y tradicionalistas, que fundaron después la Liga Regionalista de Cataluña.

Esta liga aprobó un proyecto de administración única para Cataluña, la Mancomunidad Catalana. Las pretensiones de esta no tuvieron éxito ya que no fueron aprobadas por el Gobierno y, con la dictadura de Primo de Rivera, se suprimirá esta organización imponiendo un nacionalismo españolista, lo que solo servirá para potenciar el sentimiento nacional catalán.

El Nacionalismo Vasco

En cuanto al nacionalismo vasco (DOC.3) aparece explicado por el fundador del PNV, Sabino Arana. Para él, el problema de Euskadi es el extranjero o "maketo", de cualquier clase, al que hace perder las características propias de los vascos y por lo tanto hay que eliminar cualquier intento de españolización.

Lo único que importa es la tradición, la religión y Dios, y las propias tradiciones políticas de las antiguas juntas e instituciones vascas.

Estamos ante un nacionalismo claramente conservador, antidemocrático y en cierto modo xenófobo, que defiende la independencia de los territorios vascos frente a España y Francia, y la unión en una nueva entidad política, Euskadi.

Sus propuestas nacionalistas son: la raza vasca, el integrismo católico, los privilegios vascos, las costumbres y folclores tradicionales, y la concepción de los "maketos" como un problema grave. Su órgano de participación política es el PNV.

El Galleguismo

El galleguismo (DOC.4) surge a mediados del XIX y plantea un nacionalismo reivindicativo y luchador, federalista, autonomista, con derechos para la mujer y con un gobierno autónomo con un Parlamento propio y una Xunta para el Gobierno.

Reivindica el reconocimiento de los intereses de Galicia, y la defensa del gallego y de su autogobierno. Su configuración es un proceso evolutivo en el que se pueden diferenciar tres fases: el provincialismo, el regionalismo y el nacionalismo. En todas ellas se toma como punto de partida la pobreza, el atraso y el apartamiento, así como el olvido y la marginación que padecen por parte de los políticos y de los gobiernos de Madrid.

Durante el reinado de Alfonso XIII, el pensamiento político galleguista afirma con rotundidad que Galicia es una nación caracterizada por su lengua, geografía, raza, espíritu, cultura e historia.

Destacan las manifestaciones de las Irmandades da Fala, que permitirán la convocatoria y formación de la 1ª Asamblea Nacional en Lugo. También destaca la Xeración Nós, como elemento difusor de la cultura y el ideario nacionalista. Sin embargo, durante la dictadura de Primo de Rivera, se reprimirá toda manifestación cultural y política.

Conclusión

Así, podemos concluir diciendo que la existencia del nacionalismo en España lleva a una confrontación entre la concepción españolista unitaria y la periférica disgregadora, representado por Cataluña, Euskadi y Galicia, que a pesar de sus diferencias tienen un objetivo común, el autogobierno.