Movimientos Migratorios Españoles: Destinos y Causas Históricas
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Emigración a América
La emigración a Iberoamérica se inició en el siglo XVI, durante el descubrimiento y la conquista, manteniéndose con altibajos durante 300 años. A comienzos del siglo XIX, con la independencia de las colonias, el flujo migratorio se redujo casi por completo, exceptuando Cuba, Filipinas y Puerto Rico. Alrededor de 1853, se reinició la emigración española a Iberoamérica gracias a nuevas medidas estatales que liberalizaron las corrientes migratorias.
A principios del siglo XX, muchos países de Iberoamérica, interesados en atraer mano de obra cualificada, promulgaron leyes que facilitaron la emigración. Argentina, Venezuela, Cuba, México, Colombia, Uruguay y Brasil fueron los destinos más populares, mientras que los países anglosajones (EE.UU. y Canadá) fueron menos atractivos debido a la barrera del idioma. Los emigrantes españoles procedían principalmente de Galicia, Asturias, Cantabria, Canarias, Madrid, Barcelona y País Vasco. El récord se alcanzó en 1912 con 245.219 emigrantes a América. El máximo flujo migratorio se produjo entre 1910 y 1920, disminuyendo en la década siguiente.
La Guerra Civil española interrumpió este flujo, que ya había cambiado de sentido durante la II República debido a la crisis económica internacional. El final de la guerra supuso el exilio forzoso de unos 150.000 republicanos hacia América, siendo México el principal receptor. Tras la II Guerra Mundial, se recuperaron las migraciones transoceánicas hasta mediados de los años sesenta, con Venezuela como principal destino (debido al petróleo). A partir de 1959, con el inicio del Plan de Estabilización, el destino principal cambió a Europa, y el número de emigrantes a América disminuyó notablemente. En 1996, el saldo fue de 1.032 emigrantes. Hoy en día, debido a las difíciles condiciones económicas en Sudamérica, muchos antiguos emigrantes intentan retornar, lo cual siempre es problemático.
Emigración a Europa
La emigración a Europa se dirigió tradicionalmente, hasta mediados del siglo XX, hacia Francia y Portugal. Se trataba principalmente de mano de obra agrícola procedente de la actual Comunidad Valenciana y Murcia. El contingente creció en Francia tras la Guerra Civil con 500.000 exiliados. A partir de 1959, el Plan de Estabilización, que saneó la economía española pero generó desempleo, movilizó entre 1959 y 1962 a más de 500.000 españoles hacia Francia, Alemania Federal, Bélgica, Suiza, Holanda y Gran Bretaña, entre otros países europeos.
Las áreas con más emigrantes fueron Andalucía y Galicia, seguidas de lejos por Castilla-León, Comunidad Valenciana y Extremadura. A mediados de los años 70, más de un millón de españoles vivían en países de la Europa reconstruida, que demandaba mano de obra barata y disciplinada. Es importante distinguir entre los emigrantes temporales, que emigraban un máximo de seis meses (generalmente para labores agrícolas, especialmente la vendimia en Francia), y los emigrantes permanentes (más de seis meses), que vivían varios años en el país receptor, especialmente en Suiza, Alemania y Francia. Ambos tipos de emigración estaban integrados mayoritariamente por hombres (80%), de mayor edad que los emigrantes a América. La presencia femenina fue también superior a la de la emigración transoceánica.
La emigración europea se caracterizó por su carácter no definitivo, desapareciendo prácticamente después de 1975. Esta emigración supuso, gracias a los grandes sacrificios personales de tres millones de españoles, una fuente importante de ingresos que equilibró la Balanza de Pagos, saneó la economía española y creó la falsa imagen de la ausencia de paro durante el franquismo. La crisis industrial de 1973 hizo retornar a España a la gran mayoría de los emigrantes europeos, y el flujo migratorio europeo se cortó prácticamente, contabilizándose en 1996 solo 2.108 emigrantes.