El Moderantismo Español (1844-1854): Reformas, Sociedad y Crisis del Estado Liberal

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La Década Moderada (1844-1854)

El pronunciamiento de Narváez en 1843 marcó el inicio del reinado efectivo de Isabel II. En mayo de 1844, Narváez fue nombrado presidente del Gobierno moderado, cuyas características principales fueron la restricción de las libertades progresistas, el aumento del poder de la Corona y el centralismo administrativo.

Preocupación por el Orden Público

La preocupación por el orden público se manifestó a través de diversas medidas:

  • La supresión de la Milicia Nacional (ya iniciada en 1837 por González Bravo) y la creación de la Guardia Civil en 1844. Sus objetivos principales eran salvaguardar el orden público, proteger la propiedad privada, disolver cualquier reunión sediciosa (conspirativa) y obedecer al gobernador civil para mantener el control.
  • El control de la libertad de prensa por parte del gobierno.
  • El control de los ayuntamientos, cuyos alcaldes eran nombrados directamente por el gobierno y garantizaban el orden público con la ayuda de la Guardia Civil.

La Constitución de 1845

Esta Constitución fue un pilar fundamental del moderantismo. Sus características principales fueron:

  • La soberanía compartida entre el rey y las Cortes.
  • El robustecimiento del poder del monarca en detrimento de las Cortes.
  • La confesionalidad católica del Estado.
  • La estructura bicameral, con el Senado y el Congreso de los Diputados.

El Concordato de 1851 y las Relaciones con la Iglesia

Tras las desamortizaciones, los moderados buscaron restablecer las relaciones con la Santa Sede. En 1844, se suspendió la venta de bienes eclesiásticos que aún quedaban. El carácter confesional católico de la Constitución de 1845 sentó las bases para este acuerdo.

El Concordato de 1851 reconcilió al Estado liberal con la Iglesia, estableciendo el catolicismo como la única religión oficial del Estado. Esto implicaba que la enseñanza se ajustaría a la doctrina católica y el Estado colaboraría en la represión de herejías.

Mediante este acuerdo, se concedió a la Iglesia el derecho de censura en cuestiones de religión y moral, una mayor dotación económica, y Roma, a cambio, aceptó las desamortizaciones ya realizadas. El Estado, por su parte, obtuvo el derecho de presentación de obispos. Este pacto entre el Estado y la Iglesia se concibió como un instrumento para la tranquilidad social, por el cual el Estado se comprometía a proteger y financiar a la Iglesia.

La Consolidación del Estado Liberal Moderado

El moderantismo pretendió consolidar la estructura del nuevo Estado liberal bajo los principios de centralismo, uniformidad y jerarquización.

  • El gobierno emprendió una reforma fiscal necesaria para aumentar los ingresos de la Hacienda pública.
  • Se abordó la unificación de códigos, aprobándose el Código Penal (1848) y elaborándose un proyecto de Código Civil.
  • Se llevó a cabo una reforma de la Administración pública, creando una ley de funcionarios y reordenando la administración territorial.
  • Se puso especial atención en el control del poder municipal mediante la Ley de la Administración Local.
  • El temor a nuevos levantamientos carlistas propició un decreto en 1844 que acordó el mantenimiento de los fueros en el País Vasco y Navarra.
  • Se estableció un sistema nacional de instrucción pública, que se completaría con la Ley de Moyano de 1857, considerada la primera gran ley de educación del país.

La Crisis del Gobierno Moderado

Los gobiernos moderados no lograron proporcionar estabilidad política al Estado: en 1846 hubo tres gobiernos, y al año siguiente, cuatro. Su actuación fue a menudo arbitraria y excluyente. La vida política no se desarrollaba en las Cortes, sino en torno a la corte y bajo la influencia de diversas camarillas.

La crisis se agudizó durante el gobierno de Bravo Murillo, quien propuso una reforma constitucional que transformaba el Estado en una dictadura tecnocrática, desdeñando el sufragio y el parlamentarismo. La oposición de un sector del propio moderantismo consiguió desplazar a Bravo Murillo del poder, lo que acentuó la descomposición interna del partido.

De este modo, una nueva revolución en 1854 permitió el regreso de los progresistas al poder y puso fin a diez años de gobierno moderado.