Miguel Hernández: Poesía, Compromiso Social y Guerra Civil
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El Compromiso Social y Político en la Poesía de Miguel Hernández
¿Por qué podemos hablar de que la poesía de Miguel Hernández recoge en sus versos un verdadero compromiso social y político? Para dar respuesta a esta pregunta, es necesario viajar en el tiempo y situarnos en el contexto histórico que marcó profundamente al poeta.
El Contexto Histórico y Personal
El estallido de la Guerra Civil Española en 1936 fue un acontecimiento crucial que impulsó a Hernández a comprometerse activamente en la defensa de la República a través de su obra.
Sin embargo, un hito importante ocurrió antes, en 1934, fecha en la que Miguel Hernández viaja por segunda vez a Madrid. Este viaje supuso una doble perspectiva para el poeta:
- Por un lado, le invadió un profundo dolor al separarse de su Orihuela natal.
- Por otro, se integró en el círculo intelectual de la capital, conociendo a grandes poetas como Rafael Alberti, Luis Cernuda o Manuel Altolaguirre.
Es a partir de este momento cuando se desprende de la influencia clasicista, conservadora y católica de su juventud, marcada por Ramón Sijé, para ir adquiriendo una personalidad adulta con un claro tono social.
Vientos del Pueblo: La Poesía como Arma de Lucha
En este periodo, el poeta compone Vientos del pueblo, un libro que constituye, sin duda, un instrumento de lucha para combatir el presente trágico y la opresión del pueblo. A través del “yo poético”, Hernández se compromete con el pueblo, denunciando las barbaries y torturas cometidas.
A pesar de las trágicas consecuencias de la guerra, la poesía y la literatura en general se convierten en un vehículo esencial de compromiso. La palabra adquiere un poder transformador para lanzar al aire su lema político, a través de versos comprometidos de guerra, denuncia y solidaridad con el pueblo hundido.
Por ello, en poemas como “Jornaleros” o “Aceituneros” (también conocido como "Andaluces de Jaén"), el poeta incita desesperadamente al pueblo al combate, a luchar por la salvación de la patria que les están arrebatando:
“Adelanta, español, una tormenta / de martillos y hoces, ruge, canta…”
“Jaén, levántate brava / sobre tus piedra lunares…”
A lo largo de su poesía bélica en este libro, Miguel Hernández asume tres funciones principales:
- Exaltación de los hombres considerados héroes por la justicia y la libertad (Véase “Canción del esposo soldado”: “Es preciso matar para seguir viviendo”).
- Lamento por las desgraciadas víctimas que sufren el castigo de los verdugos (Véase “El niño yuntero”: “Carne de yugo, ha nacido / más humillado que bello”).
- Insulto a los cobardes que tiranizan al pueblo (Recuérdense versos como “Los verdugos, ejemplos de tiranos…”).
El Hombre Acecha: La Mirada Íntima tras la Batalla
Más tarde, en El hombre acecha, el tono social sigue constante, pero ahora desde un punto de vista más personal y conmovedor. El poeta ya no lanza su grito de guerra; se vuelve un hombre cuya misión es narrar el escenario desolador que ha dejado la contienda. El tono, además de social, es también íntimo. Ahora su voz ya no grita, sino que se convierte en un susurro áspero que ya no exalta a los héroes, sino que se lamenta por el estado en que han quedado muchos de aquellos a los que él animaba: las víctimas.
El compromiso social que asume en este momento el poeta es evidenciar la situación de odio y crueldad por la que pasa el pueblo:
“Silencio que naufraga en el silencio / de las bocas cerradas de la noche. / No cesa de callar ni atravesado…”
Cancionero y Romancero de Ausencias: El Silencio del Vencido
Finalmente, en Cancionero y Romancero de Ausencias, el compromiso social ha disminuido en parte. El poeta es un vencido más y su labor es la de mostrar la desnudez de la guerra y la experiencia de la cárcel y la ausencia:
“Mañana no seré yo, / otro será el verdadero. / Y no seré más allá / de quien quiera su recuerdo”.
Conclusión: Del Grito al Silencio
Como conclusión, cabe destacar que el grito de guerra presente en su obra anterior va decayendo lentamente en este último libro. Hay un silencio penetrante que manifiesta el horror de un combatiente vencido y mutilado de tristeza:
“Ausencia en todo veo…”.
La trayectoria poética de Miguel Hernández refleja así una evolución en su compromiso, desde la exaltación combativa hasta la reflexión íntima sobre las consecuencias devastadoras de la guerra y la derrota.