Marxismo: Alienación, Plusvalía y Crítica Social

Enviado por Comunidad Xuletas y clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 4,24 KB

Marxismo: Teoría y Transformación Social

El marxismo no es solo una teoría de la historia y de la sociedad, tiene, también, una voluntad de transformación social. Para que ésta sea posible, es necesario denunciar las injusticias y las incoherencias del sistema.

La Alienación Económica

El trabajo es natural y esencial en el ser humano. Como forma de transformación de la naturaleza y medio para garantizar la subsistencia, el trabajo se convierte en una necesidad, pero también en una forma de humanización. Sin embargo, en la sociedad capitalista el trabajo no dignifica, sino todo lo contrario, desposee y aliena. Se convierte en instrumento de explotación. El término alienación es una expresión que procede del vocabulario latino alienus (otro) y que, con Marx adquiere un sentido peyorativo de estar extrañado fuera de sí mismo; y es sinónimo de deshumanización. Se produce alienación cuando el trabajador no se siente reconocido ni valorado, ni siente que aquello que realiza sea realmente suyo. Se da un doble nivel:

  • Respecto al producto: se da alienación cuando el trabajador no se reconoce en aquello que crea, porque no le pertenece. El objeto de su trabajo se convierte en mercancía y acaba siendo capital, se transforma en un instrumento más de explotación. El obrero fabrica el medio de su opresión.
  • Respecto al acto de trabajar: el ser humano también se siente alienado, porque es un acto que se le impone y que tiene lugar en unas condiciones infrahumanas. El trabajador no tiene posibilidad de desarrollar sus capacidades intelectuales y espirituales, porque pasa a ser una pieza más del complejo engranaje productivo.

Esta alienación económica se concreta en la plusvalía, mecanismo que, según Marx, está en la base de la explotación de la clase trabajadora por parte de los burgueses. La acumulación de capital sólo es posible si unos pocos acaparan los medios de producción y se aprovechan de ello. Esta acumulación de que disfrutan los propietarios proviene del incremento que se da entre el capital invertido en la producción y el capital obtenido en la venta de la mercancía. Se produce un PLUS en el valor del producto, una diferencia que únicamente favorece al empresario, ya que proviene de aquello que se le estafa al obrero en el salario. El propietario justifica esta desproporción alegando que en el valor del producto no sólo ha de contar el valor del trabajo del obrero, sino que además hay que sumarle el valor de los medios de producción (maquinaria, instalaciones...). Como éstos pertenecen al propietario, es justo que sea él quien se beneficie de ellos. Marx denuncia esta práctica como una apropiación ilegítima. La maquinaria no sólo pertenece al burgués que la ha comprado, sino que tendría que pertenecer al obrero que la ha fabricado o al que trabaja en ella. Los medios de producción deberían ser sociales y no privados.


La plusvalía es inherente al capitalismo, donde todo se convierte en mercancía, incluso el trabajo humano. El excedente de mano de obra determina que el trabajo del obrero se valore muy por debajo de su valor. Esto se traduce en unos salarios irrisorios; el mínimo suficiente para que el trabajador se mantenga vivo y continúe trabajando.

La Alienación Social y Religiosa

Para Marx, tanto la alienación social como la religiosa son formas derivadas de la económica.

Ámbito Social

La división de clases, según se posean medios de producción, comporta el reconocimiento o no de privilegios sociales. Esto es causa de que los desfavorecidos económicamente, además de soportar penurias económicas, se vean privados del reconocimiento de su dignidad como personas.

Ámbito Religioso

Marx considera que las religiones suponen un medio para mantener oprimida a la clase social más desfavorecida. La creencia en un futuro celestial, donde todos los seres humanos serán iguales ante Dios, propicia que se resignen a las desigualdades e injusticias reales, atenúa las ansias de transformación social y hace que se acepten situaciones intolerables. “La religión es una droga para el pueblo”, adormece sus reivindicaciones.