Luces de Bohemia de Valle-Inclán: Contexto, Esperpento y Crítica Social en el Teatro Español del Siglo XX
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Luces de Bohemia y el contexto de su época
El contexto en el que se encuadra Luces de Bohemia se sitúa en el teatro español de la primera mitad del siglo XX. En este periodo podemos distinguir dos tendencias opuestas:
- Teatro que triunfa porque cuenta con la aceptación masiva del público (aristócratas y burgueses).
- Teatro minoritario que no gusta a la mayor parte de los espectadores, pero que propone una renovación de la escena en todos los aspectos: artístico, temático e ideológico.
Este intento de renovación ya estaba dando sus frutos en otros géneros literarios más independientes de factores económicos, como la poesía o la narrativa. Precisamente, Luces de Bohemia se inscribe en esta segunda línea.
El teatro más conservador
El teatro más conservador se divide en los siguientes subgéneros:
- Comedia burguesa o de salón (alta comedia), cuyo máximo representante e iniciador es Jacinto Benavente. En este tipo de obras, ambientadas y dirigidas a la burguesía, la crítica social aparece muy diluida, sobre todo si las comparamos con la crítica demoledora de una obra como Luces de Bohemia.
- Teatro en verso de asunto histórico, de un neorromanticismo trasnochado e ideología tradicionalista defensora de los ideales patrios (tan satirizados en Luces de Bohemia), con autores como Francisco Villaespesa, Eduardo Marquina o Antonio y Manuel Machado.
- Teatro cómico y costumbrista (andaluz y madrileño) de ideología conservadora y finalidad lúdica, en el que destacaron los sainetes de los hermanos Álvarez Quintero o de Carlos Arniches. También de carácter cómico es el astracán de Pedro Muñoz Seca, obra paródica del teatro en verso de tema histórico.
Los intentos renovadores
Frente a esto, surgen los intentos renovadores de algunos representantes de la Generación del 98 (Unamuno, Azorín y Jacinto Grau, que trasladan al teatro sus obsesiones existenciales) y de Valle-Inclán, innovaciones que tendrán continuidad en figuras aisladas como Ramón Gómez de la Serna o ciertos autores de la Generación del 27, con Federico García Lorca, Max Aub o Miguel Hernández.
Muchos de estos proyectos encontraron obstáculos para su representación, como es el caso de Luces de Bohemia, que no se representó en España hasta 1970. Además de las dificultades de montaje (múltiples escenarios y decorados, más de 50 personajes, ritmo cinematográfico, acotaciones imposibles de plasmar en escena, pasajes censurados, juego de luces y sombras...), el sentido crítico de la obra difícilmente podía ser asimilado por un público que acudía al teatro a pasar un buen rato.
En realidad, Valle-Inclán se adelantó a autores europeos como Brecht, con su concepción dialéctica del teatro, y a Ionesco, con su teatro del absurdo.
El esperpento
El esperpento es un género literario, no específicamente dramático, creado por Valle-Inclán en el que se deforma sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos, a la vez que se degradan los valores literarios y morales consagrados. Por ello se dignifica artísticamente un lenguaje coloquial y desgarrado, en el que abundan expresiones cínicas y jergales.
También es una visión general del mundo, con antecedentes claros en Quevedo, Goya o Solana, que degradaron la imagen de la realidad con el propósito de mostrarnos su verdadero rostro: lo grotesco y absurdo de la vida. Valle-Inclán aplicará esta estética, que contiene una ética de denuncia, a su propia época y a su país para analizarlos desde una posición superior, «levantado en el aire», como él decía, para distanciarse de tanto dolor e injusticia como veía a su alrededor.
Los procedimientos del esperpento que aparecen en Luces de Bohemia son los siguientes:
- Distorsión de la realidad, mediante el enaltecimiento que encierra una amarga ironía (los policías representados como soldados romanos) o bien la degradación, que se manifiesta en la muerte absurda y grotesca de Max Estrella, desprovista de toda dignidad trágica y esperpentizada al máximo.
- Degradación física y moral de los personajes. Son seres marcados por un destino absurdo y asumido por casi todos ellos. Esta degradación se manifiesta mediante la animalización (D. Latino es un perro, Rubén un cerdo), la cosificación y la muñequización (personajes como peleles, fantoches, sombras...).
- Parodia de la literatura consagrada. Figuras como Pérez Galdós, Rubén Darío, Shakespeare, Calderón o el propio Valle-Inclán a través de su alter ego, el marqués de Bradomín, quedan desmitificadas por la mirada inmisericorde del autor.
- Empleo de contrastes, sobre todo en lo doloroso y lo grotesco: frente a la desesperación de la madre con su hijo muerto en brazos, la cobardía del resto de personajes, que se limitan a criticarla o a compadecerla; mientras la esposa y la hija de Max lloran en el velatorio, los asistentes discuten sobre tonterías, etc.
- Humor amargo, de carácter tragicómico, pues surge en los momentos más inesperados y con efectos demoledores, como el diálogo entre D. Latino y Max mientras este se muere.
- Lenguaje también deformado, mezclando los registros culto, coloquial y vulgar en un mismo personaje (D. Latino) o para caracterizar mediante el habla la forma de ser de algunos personajes (gitanismos de la Collares, galicismos de Madame Collete).
- Acotaciones, que son esenciales porque, además de su función estética, tienen valor literario por sí mismas. Describen personajes, lugares, movimientos... acompañados de efectos de luces y sombras que nos recuerdan al cine mudo expresionista de aquellos años. Estilo sintético: frases nominales, adjetivaciones múltiples, imágenes cubistas, metáforas complejas, comparaciones inverosímiles, etc.
Luces de Bohemia y la realidad política y social
Cada esperpento de Valle-Inclán suele tener un código doble que permite una engañosa interpretación superficial de la obra, sin comprender a fondo su significado, y otra mucho más profunda que revela el tratamiento de graves problemas existenciales, sociales y políticos.
Luces de Bohemia es mucho más que una ridícula procesión de indignos poetas modernistas por la bohemia de Madrid a principios del siglo XX. Este desgarrado esperpento constituye una airada crítica de los problemas que aquejaban a la sociedad española de aquel momento. La visión de España en el infernal recorrido de Max Estrella y sus acompañantes por la noche madrileña ofrece una honda reflexión sobre el desgarrón existencial y las tensiones sociales de un país políticamente corrompido, en donde la tragedia se vuelve esperpento porque la verdad trágica y la autenticidad del dolor carecen casi siempre de personajes dignos que las encarnen.
La crítica social no se dirige solo contra individuos, clases o colectivos concretos, sino que es una queja total contra toda la vida nacional, desde la monarquía (Alfonso XIII) hasta el mundo de la delincuencia (el Pollo de Pay-Pay), dejando ver la falta de honor de los políticos, la corrupción administrativa (Ministerio de la Gobernación), la inmoralidad (D. Latino), la falsa religión y la superstición (D. Peregrino), la brutalidad policial (el niño acribillado), la represión política sobre los más humildes (movimiento obrero), el cinismo de quienes se adaptan y sobreviven medrando a costa de los demás (Serafín el Bonito), el periodismo al servicio del poder (D. Filiberto), el mundo artístico absurdo y frívolo de los poetas modernistas (Dorio de Gádex), el egoísmo de los comerciantes (Zaratustra, Pica Lagartos) y el submundo de las prostitutas.
En definitiva, la España que aparece en la obra es una multitud heterogénea que trata de sobrevivir como puede, pero cuyo rasgo definitorio es su hundimiento en la miseria moral y material. Para aumentar la mordacidad de su denuncia, en la sátira de Valle-Inclán abundan los personajes con un fondo de realidad histórica, las referencias y alusiones a figuras del pasado y el anacronismo, que integra diferentes manifestaciones de tensiones ideológicas y sociales.
En la obra cobra gran protagonismo la conflictividad social, los graves problemas del proletariado y su lucha contra la burguesía. La crítica a esta clase social se fundamenta en la representación de personajes que solo aspiran a proteger sus propios intereses.
En conclusión, Luces de Bohemia arremete contra toda una sociedad. Es la primera obra que cede a la colectividad entera su protagonismo; de ahí el repertorio múltiple y variado de gentes procedentes de tantos estratos sociales. La lección de Valle-Inclán es que todos somos responsables de nuestra historia.
Personajes
A través del esperpento se caracterizan los dos personajes principales de la obra. Max Estrella, en su recorrido dantesco por Madrid durante la última noche de su vida, va a experimentar una transformación interior que le va a dotar de la lucidez precisa para ver la verdadera realidad, la del sufrimiento y la injusticia, y tomar partido por los indefensos. Por el contrario, D. Latino, insensible a todo aunque no sea ciego, va a seguir siendo el mismo miserable de siempre, que no es capaz de ver más allá de sus propios intereses materialistas.
Ambos personajes tienen en común la bohemia madrileña de principios de siglo, pero mientras Max es capaz de sacrificar su vida y la de su familia por una delirante noche de alcohol y poesía, D. Latino es el perro carroñero que aprovecha la muerte de su amo para despojarlo de su cartera y lamentarse después de su pérdida. El viaje por la noche madrileña no ha significado lo mismo para los dos. D. Latino ha pasado por ese Madrid esperpéntico sin romperse de indignación ni mancharse, sin compromiso ni comprensión alguna. Por el contrario, Max ha experimentado un viaje físico y moral, porque sus ideas y su actitud ante la realidad han cambiado profundamente.
La transformación de Max se ha ido produciendo gradualmente. Al principio, su voz clamaba contra aquellos que no reconocían su mérito o lo abandonaban en la peor de las situaciones, hasta el punto de pensar en el suicidio como vía de escape. Después, detenido en prisión, comprendió la lucha del obrero anarquista catalán. Más tarde, a pesar de su envilecimiento al aceptar la asignación económica del ministro, siente una transformación moral ante la visión trágica de una madre con su hijo muerto en brazos, a consecuencia de una represión policial, y ya no expone su queja por motivos personales, sino en solidaridad con el sufrimiento de los demás. A esto se suma el asesinato del anarquista catalán. Profundamente conmovido, Max ha adquirido ya la suficiente dignidad que le permite ser portavoz del autor y explicar, antes de morir, el arte del esperpento, pues a pesar de su ceguera, ha podido ver el doble rostro, trágico y cómico, de la realidad española.
Max, en ciertos momentos, alcanza un heroísmo trágico (cuando se compadece de la lunática) y es que en ocasiones las máscaras del esperpento caen y aparecen rostros humanos que lloran. D. Latino desdignifica a Max.
Para finalizar, físicamente Max es un personaje de facciones clásicas mientras que D. Latino es harapiento y pobre. El lenguaje de Max es poético y culto, y D. Latino se adapta según le conviene.
Modernismo y Generación del 98 en Luces de Bohemia
Si entendemos que los escritores modernistas y la Generación del 98 son dos tendencias opuestas e irreconciliables entre sí, pues los primeros buscarían la belleza en el arte y los segundos la utilidad en la literatura, Luces de Bohemia se incluiría en la nómina de los noventayochistas, ya que refleja, por encima de cualquier otro aspecto, los males de la sociedad española y hace reflexionar al espectador. Sin embargo, es una obra que también participa de la renovación formal y de los hallazgos de la modernidad, pues se trata de toda una actitud que se inicia a finales del siglo XIX y concluye hacia 1940, y que abarcaría en el ámbito hispánico el modernismo, la Generación del 98, el novecentismo, las vanguardias y la Generación del 27. Su rasgo más acusado sería el inconformismo, manifestado en diferentes estéticas, dirigido contra los valores utilitarios del sistema.
Por edad, Valle-Inclán entraría de lleno en la lista de escritores del 98, pues su incorporación al grupo fue tardía pero plenamente fructífera, ya que llegó mucho más allá en su preocupación por España que cualquier otro escritor. Comprometerse con el pueblo, denunciar la injusticia y defender a los humildes no está reñido con la búsqueda de nuevas formas estéticas que superen el viejo realismo o naturalismo decimonónico, o incluso el modernismo desfasado. En este punto vemos la trascendencia de una obra como Luces de Bohemia, que es al mismo tiempo una elegía al modernismo (también homenaje a Rubén Darío) y una visión premonitoria de lo que ha de ser el escritor comprometido con los que sufren.
La crítica a los modernistas, presentados como poetas bohemios superficiales y alejados de la problemática social que no quieren ver, revela el anacronismo en el que viven y la necesidad, de la que Max se percata antes de morir, de una nueva conciencia y de una mayor responsabilidad del escritor. Precisamente la evolución ideológica del propio Valle-Inclán responde a este cambio, que coincide además con su invención del esperpento, estética que también combina tradición hispana y vanguardia expresionista. Por tanto, el autor gallego aporta una doble revolución, ideológica y formal, al teatro español de aquella época desde la convicción más profunda.
En el momento en que Valle-Inclán escribe sus esperpentos (años 20 y 30), los escritores del 98 ya no son los jóvenes iconoclastas que querían una España nueva. De hecho, hay alusiones burlescas a Unamuno y al regeneracionismo en Luces de Bohemia. Su desencanto o su adaptación a las circunstancias les han hecho replegarse sobre sí mismos. Valle-Inclán, por el contrario, se entrega a una lucha incansable por mostrarnos la realidad desde una nueva perspectiva, con la distancia necesaria para no herir la visión del espectador, hecho que nos hace posible la creación de un mundo mejor.
En conclusión, Luces de Bohemia hace un balance de las corrientes anteriores, participa de las contemporáneas y se adelanta a las demandas futuras de una conciencia crítica puesta al servicio de los oprimidos.