Lope de Vega y Calderón de la Barca: Dos Pilares del Teatro Barroco Español
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El Arte Nuevo de Hacer Comedias de Lope de Vega
En su obra, Arte Nuevo de Hacer Comedias, Lope de Vega establece una serie de innovaciones que rompen con las convenciones del teatro clásico:
Estructura en tres actos: La obra se presenta en tres actos, en lugar de los cinco -o a veces cuatro- de la literatura clásica. La comedia de Lope acoge esta innovación, puesta en práctica por algunas compañías italianas y valencianas que conoció durante su destierro, porque agilizaba la representación. A grandes rasgos, los actos corresponden a la exposición, el nudo y el desenlace del argumento, aunque aconseja que hasta la mitad del tercer acto «apenas juzgue nadie en lo que para», esto es, que nadie pueda prever el final.
Mezcla de lo trágico y lo cómico: Frente a la tajante división clásica, que imponía tonos absolutamente diferenciados a la tragedia (seria, grave y majestuosa) y la comedia (vulgar y exclusivamente cómica), en el teatro de Lope de Vega se mezclan tonos y ambientes diferentes.
Uso de diferentes tipos de versos, es decir, polimetría: La obra de Lope está escrita exclusivamente en verso. Predomina el octosílabo, si bien hay una muestra abundante de otros metros: romances, sonetos, décimas...
Además de estas normas que rompen el esquema clasicista, en el Arte Nuevo de Hacer Comedias, Lope da una serie de consejos sobre el lenguaje, los personajes y los temas:
El decoro: Es la adecuación entre el tipo de personaje y su forma de hablar. Cada personaje debe usar un lenguaje que lo caracterice, y que dé verosimilitud y variedad a la obra.
La figura del gracioso o donaire: Aparece habitualmente en el teatro de Lope. Se trata de un personaje que proviene de la evolución y profundización del bobo de Lope de Rueda, y a veces alcanza bastante complejidad.
Intercalación de elementos líricos: Canciones y bailes animan y dan colorido y vistosidad al espectáculo, algo muy apreciado por el público del momento.
Pedro Calderón de la Barca (1600-1681)
Pedro Calderón de la Barca, personaje que dedicó la mayor parte de su vida a escribir, fue un hombre reflexivo, cuya biografía contrasta con la de Lope de Vega. Nació en Madrid, en una familia hidalga, estudió con los jesuitas e ingresó en las universidades de Alcalá y Salamanca, y cursó, además, estudios eclesiásticos. Hacia 1623 empezó a estrenar comedias, y Felipe IV lo convirtió en el dramaturgo oficial de la corte. Participó como capitán en la guerra de Cataluña, pero abandonó la actividad militar para dedicarse de lleno a la escritura. En 1651 se ordenó sacerdote y se retiró a Toledo como capellán, pero unos años más tarde, en 1663, el rey lo nombró su capellán y volvió a la corte.
El Teatro de Calderón de la Barca
Calderón refleja una visión del mundo muy propia del Barroco, pesimista y conservadora: la vida es pura vanidad, un sueño del que despertaremos al morir, y el mundo es el teatro en el que actuamos según el papel que nos ha adjudicado el Autor-Dios. Es un teatro culto, que plantea temas profundos mediante personajes simbólicos y que revela una cuidada elaboración en la trama y el estilo.
Calderón parte de la fórmula de Lope de Vega, pero evoluciona claramente en una dirección, al suprimir lo secundario y profundizar en el esquema central de la obra: la elaboración de la trama, el tema y los personajes. Para ello elimina las escenas innecesarias, subordina todos los personajes a uno principal, en el que ahonda magistralmente, y reduce los motivos o temas de las obras. En casi todas las piezas de Calderón se plantea un único tema, y encontramos un personaje protagonista que destaca claramente; todos los subtemas y el resto de los personajes quedan en segundo plano, a veces formando parejas contrarias o complementarias, ya que la estructura de la obra está muy bien trabada. El teatro de Calderón evoluciona en este proceso de esquematización. Así, mientras que en sus primeras obras sigue el modelo de la comedia de Lope, después va haciendo un teatro cada vez más de ideas y de símbolos.
Por otra parte, Calderón de la Barca nunca criticó la sociedad de su tiempo ni los valores sociales o morales imperantes. Esta visión del mundo suele expresarse en su teatro a través de argumentaciones rigurosas que muestran su formación filosófica y teológica.
El lenguaje de Calderón es típico del Barroco: conceptista y culterano; abundan las metáforas difíciles, las antítesis, las elipsis, las paradojas... En conjunto, es un estilo culto y minoritario, aunque en las obras costumbristas, que siguen el modelo de Lope, el lenguaje es más sencillo.
Los personajes del teatro de Calderón están muy elaborados y los protagonistas a veces cobran una dimensión simbólica. Así ocurre con Segismundo en La vida es sueño, que representa la duda barroca sobre la realidad, y con Pedro Crespo en El alcalde de Zalamea, que encarna el sentimiento del honor.
La escenografía también contribuyó al éxito del teatro calderoniano. Introdujo numerosas innovaciones espectaculares, ya que disponía de los recursos del teatro cortesano. En algunas de sus obras participaron ingenieros y otros especialistas que lograron puestas en escena brillantísimas.
Los Temas del Teatro de Calderón
Los temas más característicos de Calderón son los filosóficos y los teológicos. Pero también intensifica los conceptos de monarquía y honor, característicos del teatro de Lope, y crea magníficas comedias de enredo o de capa y espada.
El teatro de Calderón a menudo plantea temas filosóficos de gran profundidad; en él desarrolla un razonamiento escolástico (lógico) que revela su sólida formación filosófica con los jesuitas. En el tema del honor, Calderón se mueve dentro de unos esquemas fundamentalistas, a veces inhumanos, ya que, por ejemplo, la mera sospecha de infidelidad le parece motivo que justifique la muerte de una mujer. Este rígido código del honor y la honra aparece en los dramas de honor y celos, como El médico de su honra. En la obra de Calderón también encontramos otros temas típicos de la época, históricos, mitológicos, costumbristas, religiosos...
Atendiendo a los temas, las obras de Calderón se clasifican en los siguientes grupos:
Dramas religiosos: La devoción de la Cruz, sobre un bandolero devoto de Jesús; El esclavo del demonio, en que un estudiante vende su alma al diablo, etc.
Comedias contemporáneas de enredo o de capa y espada, como Casa con dos puertas, mala es de guardar o La dama duende. Son las obras más numerosas, aunque no las más conocidas. Destaca la habilidad en la creación de la trama, siguiendo el modelo de Lope de Vega, con equívocos, personajes-tipo, etc.
Dramas mitológicos, como La hija del aire y Eco y Narciso. En ellos, el lenguaje es más culto.
Dramas de honor y celos. En algunos aparecen motivos históricos legendarios. Es el caso de La niña de Gómez Arias, que trata el tema de la muchacha engañada que es vendida como esclava, y acaba con la muerte del burlador, Gómez Arias. Otro drama de honor y celos es El alcalde de Zalamea, que recoge un tema tratado por Lope: el sentido del honor de un labriego, Pedro Crespo, alcalde de Zalamea, que mata al noble que ha violado a su hija. El rey perdona al labrador y lo nombra alcalde perpetuo.
En algunos dramas de honor y celos aparece con gran intensidad el sentido trágico de Calderón. El conflicto entre el deber, impuesto por el código del honor calderoniano, y el individuo que debe ejecutarlo se plantea con tintes trágicos en obras como El médico de su honra, El pintor de su deshonra y El mayor monstruo, los celos.
Dramas filosóficos, como La vida es sueño, sin duda la mejor de sus obras. Esta obra se basa en una anécdota tradicional, que en realidad es la excusa que permite a Calderón manifestar su angustia metafísica sobre un tema barroco: la vida es como un sueño, una ficción que puede desvanecerse en cualquier momento. La obra plantea el conflicto entre libertad y destino, pero también aparecen otros motivos: el honor, el contraste entre realidad y apariencia, el poder y la monarquía.
Autos Sacramentales. En estas obras es donde mejor desarrolla Calderón su pensamiento filosófico y teológico, pues muestran toda su capacidad de reflexión y razonamiento escolástico. Destacan El gran teatro del mundo, El gran mercado del mundo y La vida es sueño, basado en el drama del mismo título.
La Escuela de Calderón
Al igual que ocurre con Lope de Vega, Calderón fue el modelo para otros autores que siguieron la tendencia de simplificación de la trama y profundización en temas y personajes. Destacan, entre ellos, Francisco de Rojas Zorrilla y Agustín Moreto.