Liberalismo Español en el Siglo XIX: Doceañistas, Veinteañistas y la Evolución Política
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Doceañistas y Veinteañistas: Las Facciones del Liberalismo Español (1820-1833)
Durante el Trienio Liberal (1820-1823), el movimiento liberal español experimentó una significativa división interna, dando origen a dos facciones principales: los doceañistas y los veinteañistas. Estas corrientes, aunque compartían el ideal liberal, diferían profundamente en su interpretación y aplicación de los principios constitucionales y en su visión de la sociedad española.
Diferencias Ideológicas y Constitucionales
La principal divergencia entre doceañistas y veinteañistas radicaba en su postura respecto a la Constitución de 1812. Los doceañistas, también conocidos como moderados, defendían una interpretación más conservadora de la Carta Magna, abogando por un uso amplio del derecho de veto real, tal como aparecía en el texto original. Para ellos, este mecanismo era crucial para mantener un equilibrio de poderes y evitar excesos revolucionarios.
Por otro lado, los veinteañistas, o exaltados, consideraban que la Constitución de 1812 debía ser reformada en un sentido más progresista, o incluso que debía redactarse una nueva constitución. Su objetivo principal era limitar drásticamente, hasta casi anular, el veto suspensivo del monarca, buscando una mayor soberanía popular y un poder legislativo más fuerte.
Bases Sociales y Liderazgos
Las diferencias ideológicas se reflejaban también en sus bases sociales y liderazgos:
- Los doceañistas apoyaron la liberalización de la industria y el comercio, y su base social principal era la alta burguesía, interesada en la estabilidad económica y política. Su principal líder fue Francisco Martínez de la Rosa.
- Los veinteañistas, en cambio, encontraban su apoyo en las clases medias urbanas y una parte significativa de la oficialidad del ejército, muchos de ellos veteranos de la Guerra de Independencia. Destacaron figuras como Evaristo de San Miguel y el coronel Rafael de Riego. La radicalidad de los veinteañistas, especialmente la de Riego, fue un factor clave que impulsó la intervención de la Santa Alianza en España, enviando a los Cien Mil Hijos de San Luis para restaurar el absolutismo de Fernando VII.
Represión y Exilio durante la Década Ominosa (1823-1833)
Tras el fin del Trienio Liberal y la restauración absolutista de Fernando VII, tanto doceañistas como veinteañistas fueron objeto de una severa represión política durante la Década Ominosa (1823-1833). Muchos se vieron forzados al exilio.
- Los veinteañistas sufrieron las consecuencias más brutales, con ejecuciones notorias como las de Riego y El Empecinado. No regresaron del exilio hasta la muerte de Fernando VII en 1833.
- Los doceañistas, aunque también reprimidos, encontraron una oportunidad hacia el final del reinado de Fernando VII. Algunos apoyaron las reformas económicas del monarca y se mostraron partidarios de la sucesión de Isabel II frente a la de Carlos María Isidro (representante del absolutismo y el Antiguo Régimen). Se vieron favorecidos por la amnistía de 1832, lo que les permitió una reintegración más temprana en la vida política.
La Configuración de los Partidos Políticos en el Reinado de Isabel II
La muerte de Fernando VII en 1833 marcó un nuevo capítulo para el liberalismo español, con la regencia de María Cristina de Borbón y el inicio del reinado de Isabel II. Las antiguas facciones del Trienio Liberal evolucionaron para conformar los principales partidos políticos de la época:
El Partido Moderado: Heredero de los Doceañistas
La mayor parte de los antiguos doceañistas apoyaron la regencia de María Cristina de Borbón y, en 1834, Francisco Martínez de la Rosa fundó el Partido Moderado. Este partido se organizó en torno a la presidencia gubernamental de Martínez de la Rosa durante la regencia. Tras un breve predominio progresista, los moderados ocuparon el poder de forma continuada durante la denominada Década Moderada (1843-1854) bajo el liderazgo del general Ramón María Narváez. Tras el Bienio Progresista (1854-1856), volvieron al poder, a menudo aliados con la Unión Liberal.
Las principales características del Partido Moderado incluían:
- Defensa de un sufragio muy restringido (censitario).
- Apoyo a una cámara alta (Senado) de nombramiento real, no elegida.
- Preferencia por la Guardia Civil frente a la Milicia Nacional para el mantenimiento del orden.
- Apoyo a que los alcaldes fueran nombrados por el gobierno.
- Defensa de la educación en manos de la Iglesia, especialmente a partir del Concordato de 1851.
Tras la Revolución de 1868 y la promulgación de la Constitución de 1869, el Partido Moderado perdió toda su representación y poder. Con la restauración de la monarquía en 1874, se unió con la Unión Liberal para formar el Partido Liberal-Conservador, bajo la dirección de Antonio Cánovas del Castillo.
El Partido Progresista: La Continuidad de los Veinteañistas
El Partido Progresista se constituyó como el heredero directo de los veinteañistas o exaltados del Trienio Liberal. Surgió de los liberales descontentos con las tímidas reformas de los moderados al inicio de la regencia de María Cristina de Borbón. Su fuerza radicaba en la Milicia Nacional y las juntas revolucionarias.
El programa progresista abarcaba:
- La elección de los alcaldes, en lugar de su nombramiento por la reina o los gobernadores.
- Apoyo a las medidas desamortizadoras.
- Defensa de políticas librecambistas.
- Partidarios de ampliar el sufragio (aunque también censitario, pero más amplio que el moderado).
Algunos destacados líderes progresistas fueron Juan Álvarez Mendizábal, el general Baldomero Espartero y el general Juan Prim. A partir de la Revolución de 1848, que clarificó la oposición entre liberalismo y democracia, los antiguos progresistas comenzaron a identificarse más con el término reformista, alejándose de su inicial radicalidad revolucionaria.