La Ley Moyano y la Evolución del Sistema Educativo Español en el Siglo XIX
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Contexto Ideológico y Social
Surgirán dos corrientes: una moderna y laica, defendida por la clase media y los liberales más radicales; y otra revolucionaria y anticlerical, impulsada por las clases bajas y defendida por el republicanismo, el socialismo y el anarquismo.
La Educación en el Siglo XIX
Desde los inicios del siglo XIX, los gobernantes mostraron una creciente preocupación por establecer un sistema educativo que llegara a todos los españoles. Sin embargo, no fue hasta la segunda mitad del siglo cuando este pensamiento se llevó realmente a la práctica.
La Ley Moyano de 1857
En 1857 se aprobó la Ley de Instrucción Pública, conocida popularmente como Ley Moyano, la cual estableció la organización general del sistema educativo español. Esta ley definió tres etapas de enseñanza:
- Enseñanza primaria: Dividida en dos etapas, la elemental y la superior. La etapa elemental tenía carácter obligatorio y abarcaba de los 6 a los 9 años.
- Enseñanza secundaria: Impartida en los institutos, a la cual solo accedían personas con recursos.
- Enseñanza superior o universitaria: Impartida exclusivamente por el Estado.
Desafíos Económicos y Estructurales
Durante esta época, el mayor problema fue de índole económica, ya que el Estado solo dedicaba una pequeña parte de su presupuesto a la enseñanza, priorizando la etapa superior o universitaria. Por ello, la enseñanza primaria corría a cargo de los ayuntamientos y la secundaria de las diputaciones.
Analfabetismo y Desigualdades
Durante este periodo, el número de analfabetos fue disminuyendo, aunque no se logró erradicar. El analfabetismo era mayor entre las mujeres que entre los varones. Asimismo, existía una diferenciación regional: el número de analfabetos era menor en el norte (con la excepción de Galicia) y mayor en el sur.
La Situación del Profesorado y el Alumnado
El bajo salario de los maestros fue otro problema persistente, obligando a muchos de ellos a desempeñar otros trabajos para completar sus ingresos, lo que perjudicó la calidad de la enseñanza.
Por otro lado, el número de estudiantes de secundaria se mantuvo estable. Lo habitual era que todas las capitales de provincia tuvieran un instituto, y las ciudades más importantes contaban con hasta dos, como en el caso de Madrid. El porcentaje de alumnos que accedían a la educación secundaria era muy pequeño, aproximadamente el 1,6% de los alumnos de primaria, siendo la mayoría varones. Cabe recordar que los institutos estaban a cargo de las diputaciones, hasta que, a finales de siglo, en 1887, pasaron a depender del Estado.