Ley General de Ferrocarriles de 1855: impulso y desarrollo del ferrocarril en España
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Introducción
Este documento es un texto histórico, fuente primaria, de tipo legislativo y de carácter público. Se trata de la Ley General de Ferrocarriles, publicada el 6 de junio de 1855 en la Gaceta de Madrid. Está escrito y firmado por Francisco de Luxán, quien fue ministro de Fomento durante el Bienio Progresista (1854-1856) en la mayoría de edad de Isabel II (1843-1868). En esa mayoría de edad, destacan acontecimientos clave como la Constitución de 1845 (moderada), la de 1856 (non nata), la Segunda Guerra Carlista (1846-1849) y la Desamortización de Madoz (1855).
Análisis
En la introducción aparece Isabel II. Durante su reinado se consolidó un Estado liberal en todos los ámbitos. Una ley clave en el ámbito económico es este texto, que impulsa la construcción del ferrocarril en España. El Estado y las compañías privadas se encargan de la construcción del ferrocarril (Art. 4). Esas compañías necesitarán del permiso del Estado (Art. 6). Se subvencionará la construcción del ferrocarril de distintas formas (Art. 8). El Estado se compromete a proteger el capital extranjero, también en caso de guerra (Art. 19), ya que en el siglo XIX hasta el momento se habían producido tres guerras (la Guerra de la Independencia y dos guerras carlistas). También se garantiza la concesión a las empresas de terrenos, beneficios de vecindad y materiales durante la construcción de las líneas. Se eliminaban los aranceles a las importaciones de material ferroviario y se favorece además su explotación posterior (Art. 20). Todos estos beneficios se enmarcan en una política proteccionista. Por último, se concretan las condiciones del ancho de vía ibérico (Art. 30), un ancho mayor que el de los países del entorno dada la complejidad orográfica de la península ibérica.
Contexto
A mediados del siglo XIX, España mostraba un retraso en el ámbito económico respecto a los países de su entorno. El Gobierno progresista de Espartero aprueba esta Ley de Ferrocarriles (1855), la Ley Bancaria (1856) y la creación del Banco de España (1856). La construcción del ferrocarril era necesaria para la modernización del país en el ámbito económico, ya que de esta ley ferroviaria dependería también el impulso de la industrialización. Los principales problemas en la construcción del ferrocarril fueron:
- Escasez de capitales y tecnología propia.
- Orografía y condiciones naturales poco propicias (incrementaba el coste).
- Atraso económico español y debilidad de su mercado interno.
- Inestabilidad política y guerras civiles (carlistas).
Este texto, la Ley de Ferrocarriles, fue clave en la expansión del ferrocarril. El capital exterior –especialmente francés– acudió en masa. Como se ve en el texto, la construcción fue favorecida con prestaciones gratuitas de recursos naturales (canteras, bosques, pastos…) de los ayuntamientos y del Estado. La estructura radial de la red de ferrocarriles, con su centro en Madrid, respondía al sentido centralista del Estado isabelino. En la política económica del Bienio Progresista (1854-1856) destaca también la Desamortización de Madoz (mayo de 1855). Su Ley de Desamortización General se prolongará hasta 1924 y puso a la venta todos los bienes de propiedad colectiva (los de los eclesiásticos que no habían sido vendidos en la etapa anterior y los de los pueblos). El destino del dinero obtenido fue dedicado a la industrialización del país y, en concreto, a la expansión del ferrocarril. Todos estos cambios económicos se dan en medio del debate sobre proteccionismo y librecambismo. Como se observa en el texto, el proteccionismo parecía necesario para garantizar el inicio de la construcción del ferrocarril, y también para favorecer el crecimiento industrial.
Importancia
Durante este Bienio Progresista de Espartero se tomaron, por tanto, varias medidas económicas de carácter liberal que buscaban atraer capital extranjero, relanzar la actividad crediticia de los bancos y modernizar el país. Hubo también un proyecto de constitución non nata (1856), de carácter progresista, pero que nunca fue aprobada.
Esta segunda mitad del siglo XIX ve el crecimiento del ferrocarril, la industria y, en paralelo, el crecimiento del movimiento obrero. De todas formas, la construcción del ferrocarril supuso también una oportunidad perdida para la siderurgia española, ya que la importación de hierros libres de aranceles (como se observa en el texto) hizo que las empresas lo obtuviesen del extranjero, seguramente porque la incipiente industria siderúrgica española aún no estaba en condiciones de responder a esta demanda.