El Legado del Teatro Clásico Francés: Corneille, Racine y Molière
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El Teatro Renacentista: Orígenes y Transición
El teatro renacentista se extendió durante la primera mitad del siglo XVI, manteniendo géneros medievales, pero a mediados de siglo surgieron las representaciones de la Commedia dell'arte.
El Teatro Barroco Francés y el Auge del Clasicismo
El teatro barroco francés triunfó a principios del siglo XVII y se caracterizó por ser el único que cumplía estrictamente las reglas de unidad de tiempo, lugar y acción. El Clasicismo francés emergió en el teatro durante la década de 1630. Su puesta en escena se orientaba a las normas clásicas aristotélicas, y Descartes consolidó la razón como instrumento para interpretar el mundo.
El Clasicismo impuso la separación entre tragedia (en verso) y comedia (en verso o prosa), la distribución de los personajes según el género, la observancia de las tres unidades de tiempo, lugar y acción, la división de la obra en cinco actos y la exclusión de excesos de mal gusto.
Grandes Autores del Teatro Clásico Francés
Pierre Corneille: El Forjador de la Tragedia
Pierre Corneille, quien triunfó con la obra El Cid. Esta obra no cumplía las normas del Clasicismo y, por lo tanto, fue criticada. No obstante, se le reconoce el mérito de haber diseñado el modelo de la tragedia francesa que más tarde perfeccionaría Jean Racine.
Jean Racine: La Fatalidad de las Pasiones
Jean Racine fue otro de los autores principales del teatro francés. Su educación jansenista era inflexible y se caracterizaba por un profundo pesimismo. Sus personajes eran víctimas de pasiones irrefrenables, donde el amor era un sentimiento destructivo que los conducía a la imposibilidad y a la fatalidad. Su estilo era elevado, sobrio y elegante, y su desenlace, fatal e inevitable.
Molière: El Genio de la Comedia
Jean-Baptiste Poquelin, conocido como Molière, es considerado el comediógrafo francés más grande de la historia. A los 21 años, fundó con la familia Béjart una compañía teatral propia y gozó de la protección del rey Luis XIV. Murió horas después de sufrir un ataque mientras representaba su última comedia, El enfermo imaginario.
Algunas de sus comedias, escritas en la década de 1660, recreaban los vicios y defectos encarnados en sus personajes. Estas obras incluyen:
Tartufo: Sátira de la Hipocresía Religiosa
Tartufo es una sátira contra la hipocresía religiosa que, después de ser prohibida por el escándalo que generó en sectores eclesiásticos, vio su última versión protegida por el rey Luis XIV.
Don Juan: El Libertino y su Castigo
Don Juan es una recreación del personaje "libertino" que Tirso de Molina llevó a los escenarios en El burlador de Sevilla. Sus hechos principales incluyen un individuo motivado por la conquista y la posterior burla de la mujer, con una capacidad extraordinaria de seducción y el desafío de las leyes de los hombres y de Dios, lo que finalmente lo lleva al castigo.
El Misántropo: Crítica a la Superficialidad Social
El misántropo es una crítica al mundo superficial y frívolo de la alta sociedad.
El Enfermo Imaginario: La Hipocondría y la Crítica Social
El enfermo imaginario, obra en la que perdió la vida, trata de un burgués hipocondríaco que gasta toda su fortuna en médicos. De ella deriva una divertida crítica a la falsedad, una censura de los matrimonios de conveniencia y el abuso de la autoridad paterna.
El Avaro: La Obsesión por la Riqueza
El Avaro es una comedia en cinco actos escrita en prosa. Su tema principal es la avaricia, pero también son importantes la crítica a los matrimonios de conveniencia y al abuso de la autoridad paterna. Su estructura muestra al protagonista con algún vicio o defecto; sus hijos tienen sus propios amores y desean casarse con ellos, pero el padre les prepara otros matrimonios. Sin embargo, con la ayuda de otros personajes, los hijos desbaratarán los planes del protagonista. Molière utiliza la sátira para ridiculizar a sus personajes. El estilo en El Avaro se caracteriza por un lenguaje natural, muy expresivo y vivo, marcado por un tono conversacional.