Institucionalización y Oposición al Régimen Franquista: Historia y Leyes Fundamentales
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Institucionalización del Régimen Franquista
El régimen franquista se caracterizó por la permanente función constituyente del Jefe del Estado, por cuanto su poder legislativo le confería la posibilidad de establecer o modificar en cualquier momento disposiciones que, en un sistema liberal democrático, se incluirían en una Constitución. Cinco de ellas se aprobaron entre 1938 y 1946:
- El Fuero del Trabajo de 1938: prohibía el sindicalismo de clase, otorgaba el monopolio de las relaciones laborales a la Organización Sindical de Falange (sindicalismo vertical y corporativo) y establecía el control estatal sobre las condiciones de trabajo.
- La Ley Constitutiva de las Cortes (julio de 1942): establecía una cámara elegida por sufragio indirecto por las corporaciones y por el propio Franco, y cuya función básica era la de deliberar sobre los borradores de las leyes, siguiendo las instrucciones del dictador y sus asesores, y aprobarlas, casi siempre por aplastante mayoría o por unanimidad.
- El Fuero de los Españoles (julio de 1945): tuvo como objetivo básico maquillar la imagen autoritaria del régimen en un momento en que, terminada la guerra mundial, las potencias iniciaban el aislamiento de la dictadura franquista.
- Referéndum Nacional (octubre de 1945): permitía al Jefe del Estado convocar un plebiscito para que el pueblo aprobara directamente una ley.
- La Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado (julio de 1946): definía al régimen como un “reino” y autorizaba a Franco a proponer a su propio sucesor.
Economía y Control Estatal en la Posguerra
Una cascada de decretos implantó un sistema reglamentista que impedía la actuación de los agentes económicos. Se fijaron precios, se obligó a pedir licencia para cualquier inversión industrial, se reconvirtieron fábricas para producir bienes de primera necesidad, se canalizó a través del Estado cualquier permiso de importación o exportación, y se obligó a entregar al Servicio Nacional del Trigo todo excedente de cosecha. En 1940 el sector agrario volvía a superar el 50% de la renta nacional, lo que suponía una clara regresión económica. El estallido de la Segunda Guerra Mundial y el alineamiento de España con las potencias del Eje dificultaron aún más la situación, al recortarse los créditos y vincularse el escaso comercio exterior a los aliados en guerra.
Oposición al Régimen Franquista
En los años cuarenta la oposición exterior era débil y estaba desunida. El gobierno republicano en el exilio confiaba en que los aliados provocarían la caída del franquismo. Don Juan de Borbón publicó en 1945 el Manifiesto de Lausana en el que pedía la democracia liberal para España. En el interior, partidos y sindicatos de izquierda estaban desmantelados por la brutal represión (juicios, encarcelamientos y ejecuciones) y leyes franquistas como la Ley de Responsabilidades Políticas.
En los años cincuenta se dieron las primeras manifestaciones de protesta social. En 1951 estalló una huelga en Barcelona contra la subida de las tarifas de los tranvías. El régimen autorizó desde 1954 la elección de enlaces sindicales en cada empresa. En 1956 una oleada de huelgas sacudió el País Vasco, Asturias, Madrid y Barcelona, en protesta contra la inflación y pidiendo mayor salario. Surgieron comisiones espontáneas de obreros, al margen de los sindicatos oficiales. Ese mismo año empezaron las revueltas estudiantiles en la Universidad.
En los años sesenta creció mucho la oposición al régimen. En 1962 el Movimiento Europeo convocó en Múnich una reunión en la que participaron personalidades demócrata-cristianas que vivían en España junto a miembros de la oposición moderada en el exilio. El franquismo la denominó el Contubernio de Múnich. El movimiento obrero organizó una oleada de huelgas en la zona minera asturiana, el País Vasco, Cataluña y Madrid, pidiendo tanto reivindicaciones como derechos políticos. Otro frente de la oposición fueron los movimientos vecinales y ciudadanos, promovidos por el PCE. Un sector de la Iglesia Católica se distanció del franquismo tras el Concilio Vaticano II. Muchos sacerdotes y asociaciones católicas militaron en la oposición.