El Imperio Bizantino y los Reinos Germánicos: Legado y Transformación del Mundo Antiguo
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El Imperio Bizantino y los Reinos Germánicos
El Imperio Bizantino: El Imperio Romano de Oriente logró rechazar las invasiones de los pueblos bárbaros y sobrevivió con el nombre de Imperio Bizantino. En el siglo VI, el emperador Justiniano se propuso restaurar el Imperio Romano e inició una expansión territorial por el Mediterráneo occidental, llegando incluso a las Islas Baleares y el sur de Hispania. A partir del siglo XI, el imperio empezó a descomponerse como resultado de los constantes ataques de los ejércitos turcos a sus fronteras. La capital, Constantinopla, cayó en el año 1453 d.C. y el Imperio Bizantino desapareció.
Los Reinos Germánicos
Tras la caída del Imperio Romano, los pueblos germánicos, que habían invadido la parte occidental del imperio, formaron diferentes reinos que se regían por sus propias leyes y costumbres, aunque también incorporaron elementos romanos como el latín, la moneda o el cristianismo. Empezó a imponerse un clima de inseguridad porque estos pueblos utilizaban la guerra como forma de conseguir riquezas, saqueando y aterrorizando a la población. El comercio fue desapareciendo por la inseguridad de los caminos y la agricultura se convirtió en la actividad económica dominante. La cultura se convirtió en un lujo, pues lo importante era sobrevivir, y poco a poco la población dejó de saber leer y escribir, conocimientos que quedaron casi solo en los clérigos.
De estos reinos destacan dos:
- El reino de los Francos, en el que gobernó Carlomagno, que intentó reconstruir el Imperio Romano de Occidente y que fue coronado emperador en el año 800 d.C.
- El reino Visigodo (desde principios del siglo VI) en la Península Ibérica, con capital en Toledo, y que perduró hasta la invasión musulmana (711 d.C.). Establecieron una monarquía fuerte que transformaron de hereditaria en electiva y consiguieron la unificación religiosa y jurídica entre hispanorromanos y visigodos.
La Fragmentación del Mundo Antiguo
En el año 212, el emperador Caracalla concedió el derecho de ciudadanía a todos los habitantes del imperio. A partir del siglo III, el imperio sufrió una crisis por los ataques de los bárbaros (así llamaban los romanos a los extranjeros), el deterioro de la autoridad imperial, las revueltas militares y las dificultades económicas. El cristianismo, que había nacido en Palestina, provincia romana de Asia Menor, se extendió y, tras años de persecuciones, fue autorizado por el emperador Constantino en el año 313 d.C. En el 380, el emperador Teodosio lo convirtió en la religión oficial del imperio. En el año 395 d.C., el emperador Teodosio dividió el imperio en dos para poderlo gobernar mejor:
- La zona occidental (Imperio Romano de Occidente), que cayó ante los bárbaros en el 476 d.C.
- La zona oriental (Imperio Romano de Oriente), que resistió y se convirtió en el Imperio Bizantino.
Hispania Romana
La conquista romana de la Península Ibérica se produjo entre el 218 a.C. y el 19 a.C. y duró hasta el siglo V d.C., cuando fue ocupada por los pueblos bárbaros. Durante este largo periodo, Hispania fue una provincia del Imperio Romano y adoptó elementos culturales (lengua, derecho, religión, arte) propios de Roma. Este hecho se conoce con el nombre de romanización.
La Fragmentación del Mundo Antiguo
Con el hundimiento del Imperio Romano se fragmentó la unidad cultural del Mediterráneo. En la zona occidental se produjeron las invasiones bárbaras (visigodos, francos, vándalos, suevos, burgundios, alamanes, ostrogodos...) y surgieron numerosos reinos germánicos. El Imperio Bizantino se mantuvo durante 1000 años más.