Ideologías del Siglo XIX: Nacionalismo, Liberalismo y Socialismo

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Panorama de las Grandes Ideologías del Siglo XIX

Tras el fin de la era napoleónica, Europa experimentó una efervescencia de nuevas ideas y doctrinas que moldearían el panorama político y social del siglo XIX. A continuación, se detallan las principales corrientes:

Nacionalismo

El Nacionalismo se fundamentó en la recuperación y exaltación de la idea de nación. Sus características principales incluyen:

  • Exaltación del pasado y la tradición del pueblo.
  • Manifestación de sentimientos religiosos.
  • Defensa de particularismos sociales.
  • Desarrollo de la xenofobia.
  • Exaltación del poder y el prestigio del país propio.
  • Defensa de la identidad colectiva.

Liberalismo

El Liberalismo se manifestó en diversas esferas:

Liberalismo Político

  • Definió la monarquía constitucional como sistema político ideal.
  • Estuvo a favor del sufragio censitario.

Liberalismo Social

  • Defensa de la igualdad ante la ley.
  • Defensa de la libertad de prensa y de religión.
  • Defensa de la difusión de la enseñanza básica.
  • Defensa de la separación de la Iglesia y del Estado.

Liberalismo Económico

  • Defensa de la libertad de comercio.
  • Defensa de la libre competencia.

Doctrina Social de la Iglesia

Esta doctrina propuso un orden social basado en la JUSTICIA, SOLIDARIDAD Y CARIDAD. Sus postulados fueron:

  • Obligaba al Estado a socorrer a las clases más desfavorecidas.
  • Aconsejaba a los fieles sobre cómo afrontar los retos sociales y económicos del mundo moderno.
  • Negó la lucha de clases propuesta por el marxismo y propuso en su lugar la ARMONÍA, LA CONVIVENCIA Y EL DIÁLOGO entre patrones y obreros.

Socialismo

Ideología opuesta al capitalismo que pretendía cambiar la sociedad mediante:

  • La supresión de clases sociales.
  • La distribución igualitaria de las nuevas riquezas a través de la abolición de la propiedad privada y de los medios de producción.

Evolución y Tendencia del Socialismo

Se distinguen las vertientes premarxista y marxista, cuyos objetivos comunes eran abolir la propiedad privada y lograr la desaparición de las clases sociales. Las fases para alcanzarlo eran:

  1. Revolución de los trabajadores y la dictadura del proletariado, que lleva al socialismo.
  2. Socialismo, que supone la expropiación de la tierra, la herencia y la nacionalización de transportes.
  3. Tras el socialismo, se alcanzaría el comunismo, donde ya no habría Estado (ejemplos históricos como la URSS, China, Cuba o Corea del Norte).

Marxismo

El marxismo toma como punto de partida la sociedad capitalista, considerándola:

  • Estructuralmente injusta.
  • Con la burguesía como clase dominante, controlando los medios de comunicación.
  • Con la clase obrera sufriendo explotación y miseria.

El camino propuesto era destruir esa sociedad mediante UNA REVOLUCIÓN donde los obreros conquistarían el poder político y económico, implantando la dictadura del proletariado. Esto implicaría:

  1. La creación del Estado proletario.
  2. La socialización de los medios de producción (propiedad colectiva en manos del Estado).

Tras esta fase, se alcanzaría el comunismo, la sociedad perfecta, caracterizada por:

  • El proletariado (clase obrera) viviría en una sociedad igualitaria y sin clases sociales.
  • El Estado desaparecería; nadie obligaría a nadie.
  • Se trabajaría de forma voluntaria para el bien de la comunidad.
  • No existiría la propiedad privada.
  • Reinaría la solidaridad y cooperación entre los ciudadanos.
  • A cada persona se le exigiría según su capacidad y recibiría según sus necesidades.

Anarquismo

Doctrina revolucionaria y anticapitalista que buscaba destruir todo tipo de autoridad. El Estado debía ser destruido como institución, y se rechazaba toda forma de organización social jerárquica.

La Restauración Europea Post-Napoleónica

Cuando desaparece Napoleón, los monarcas europeos creyeron que había llegado la hora de la restauración del Antiguo Régimen y del fin de la aventura revolucionaria. Para ello, se organizó el Congreso de Viena, que contó con la participación de Austria, Prusia, Rusia, Gran Bretaña, España y Francia.

Objetivos del Congreso de Viena

El principal objetivo fue consolidar la restauración y la legitimidad de las dinastías gobernantes, estableciendo un pacto de solidaridad entre ellas frente a cualquier movimiento revolucionario.

Consecuencias Geopolíticas

En 1815 se creó la Santa Alianza, un pacto que permitía a las potencias intervenir en cualquier situación que pusiera en peligro el statu quo de la revolución. El Congreso, además, dibujó nuevas fronteras entre los países atendiendo a criterios de compensación o castigo. El resultado fue el surgimiento de estados artificiales.