Generación del 29 literatura
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Novela vanguardista
A raíz de la labor realizada por los autores novecentistas, especialmente Ortega y Gasset y su Revista de Occidente, surge un grupo de autores preocupados más por el arte que por los problemas humanos.
Ortega consideraba que, ya que la novela estaba agotada como género, había que insistir en otros aspectos. Además de la Revista de Occidente, las colecciones “Nova Novorum”, perteneciente a la misma Revista de Occidente, y “Valores actuales”, de la editorial Ulises, sirvieron como rampa de lanzamiento para los siguientes autores:
Valentín Andrés Álvarez, Francisco Ayala, Benjamín Jarnés, Antonio Obregón, Esteban Salazar y Pedro Salinas
El zaragozano Benjamín Jarnés (1888–1949) destacó ya en plena madurez como narrador y ensayista, hasta el punto de que en los diez años que median entre 1926–1936 dio a luz veinte títulos y conquistó un puesto importante en las letras españolas de la posguerra. Destaquemos de su producción inicial sus novelas: El profesor inútil (1926), El convidado de papel (1928), novela de la vida en el Seminario; una deliciosa Vida de San Alejo (1928) y Paula y Paulita (1929) una de las obras mejores del primer período. Una segunda etapa puede ser iniciada por Locura y muerte de nadie (1929), una de las mejores obras jarnesianas, a la que se le han señalado puntos de coincidencia con Niebla de Unamuno.
Otro gran prosista y notable poeta, Antonio Espina (1894–1972), escribíó, junto a algunas excelentes biografías, –Luis Candelas, El bandido de Madrid, Romea, El comediante–, algunas obras narrativas de la misma tendencia evasiva, como Pájaro pinto (1927) y Luna de copas (1929).
A esta generación pertenece asimismo Corpus Barga (1887-1975). De la obra narrativa primeriza de Corpus Barga se conocen dos novelas: La vida rota (1910) y Pasión y muerte, Apocalipsis (1930). Más importante ha sido su actividad narrativa posterior a la Guerra Civil escrita en su exilio de Lima. Sus memorias Los pasos contados (1887-1955), ofrecen un gran interés documental y artístico y poseen el interés de una verdadera novela. En 1974, se le otorga el Premio Nacional de la crítica a su obra Los galgos verdugos.
También un gran poeta de la Generación del 27, Pedro Salinas (1891-1951), practica la narración corta de tipo formal evasivo en Vísperas del gozo (1926).
A este apartado corresponde también la obra temprana de otros narradores confirmados en época posterior:
Rosa Chacel (1898-1994) publicó en 1930 su primera obra Estación, ida y vuelta, las obras narrativas de Max Aub (1903–1972) pertenecientes a este período se reducen a varios intentos Geografía (1929), Fábula verde (1933), la obra de Francisco Ayala (nacido en 1906), en este período se reduce a dos libros de narraciones, El boxeador (1925) y El cazador en el alba (1939.
La reacción realista y la novela social
Frente a la novela deshumanizada surge, a partir de los años treinta, un movimiento que reclama la rehumanización del arte con la vuelta a las preocupaciones humanas.
La reacción contra el arte evasivo o deshumanizado se manifiesta con toda claridad en dos grupos de escritores que preludian el estallido de la Guerra Civil.
Uno de ellos vuelve a los procedimientos realistas con un criterio simplemente estético
El otro ve en el Realismo el único medio eficaz para infundir a su novela un marcado carácter social
El primero podría clasificarse de conservador en el aspecto ideológico. En cuanto al segundo grupo, su actitud es franca y decidida: la agudización de los problemas sociopolíticos en la España de los años finales de la monarquía y de los de la República les hace tomar partido por uno de los bandos en pugna. Sus convicciones, sus deseos de participar en la lucha política, al lado de quienes defendían los ideales del progreso y la justicia social, les conducen a alinearse al lado de las fuerzas políticas de izquierda.
Son los escritores que buscan sus temas en la guerra de Marruecos, con un sentido de denuncia y protesta o en las situaciones de injusticia social planteadas en los años de gobierno republicano. Buscan sus modelos en la novela soviética y en la literatura revolucionaria que florece por aquel entonces en otros países europeos e, incluso, en América.
Son narradores realistas
Francisco de Cossío, Tomás Borrás, Bartolomé Soler y Ramón Ledesma Miranda.
Entre los novelistas sociales destacan:
Joaquín Arderius, José Díaz Fernández, Manuel D. Benavides, César M. Arconada, Andrés Carranque de Ríos y Ramón J. Sender