Fundamentos de la Teología Agustiniana: Creación, Tiempo y la Imagen de Dios
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Síntesis Teórica: El Ser Humano como Imagen de Dios
La Inefabilidad de Dios y la Teología Negativa
El hecho de que el ser humano sea una imagen de Dios encuentra una primera y **limitación insalvable**: la naturaleza de Dios es inefable y no puede ser expresada con palabras. Cuando creemos comprender lo que estamos afirmando de Él, en realidad estamos entendiendo algo muy distinto de lo que Él es.
A este enfoque se le llama **teología negativa o apofática** (del verbo apofasko, que significa "negar"). Esto significa que procede por medio de negaciones, negándose a atribuir a Dios las características extraídas del mundo sensible. De esta manera, la teología negativa pretende acercarse a Dios —que está más allá de todas las cosas creadas y de todos los conocimientos relativos a ellas—, trascendiendo todo conocimiento y todo concepto.
El Acto de la Creación y el Orden Divino
Aunque la naturaleza de Dios sea inefable, sí conocemos el acto de **Creación** mediante el cual originó la realidad en su conjunto. El concepto de creación no existe en la filosofía griega y es una aportación original del pensamiento cristiano.
Dios crea a partir de la nada (ex nihilo) seres distintos a Él mismo, pero no los crea irracionalmente, sino de acuerdo con la Idea que del objeto reside en Su mente: en Dios viven las **esencias eternas** (Ideas) de todas las cosas creadas.
Conceptos Clave de la Creación
- Ejemplarismo: En el fondo de cada ser, con todos sus cambios, se oculta una Idea eterna. Los objetos físicos son ejemplos o copias de las Ideas que residen en la mente divina.
- Participación: Las cosas creadas reciben su ser por **participación** (noción platónica) en el Ser de Dios. Su realidad fuera de Dios es nada, pues desaparecerían si Dios dejara un instante de mantenerlas en el ser.
- Razones Seminales: La creación del mundo acontece de manera simultánea. Sin embargo, Dios no crea la totalidad de las cosas posibles de forma ya finalizada, sino que introduce en lo creado las semillas (o “razones seminales”, idea tomada del filósofo neoplatónico Plotino) de todas las cosas que serán, y que más adelante, en el transcurso del tiempo, se irán desarrollando de forma gradual.
La Concepción Lineal del Tiempo y la Filosofía de la Historia
Esta idea de San Agustín da lugar a una **nueva imagen del tiempo: la concepción lineal**. Esta se opone a la visión cíclica que tenían los antiguos griegos (donde el tiempo no tiene ni principio ni fin y todas las cosas se repiten una y otra vez).
Esta imagen lineal del tiempo se integró en la cultura de Occidente y es la base de la actual manera de entender la **Historia**, vista como una serie de sucesos distintos unos de otros. Además, se considera que San Agustín elabora la primera **filosofía de la historia**, es decir, la primera interpretación del significado de los hechos históricos.
Esta filosofía afirma que toda la historia humana está marcada por la lucha entre dos grandes “ciudades”:
- La Ciudad de Dios
- La Ciudad Terrena (o del demonio)
Según San Agustín, cabe distinguir dos grandes grupos o categorías de hombres:
Aquellos que “se aman a sí mismos hasta el desprecio de Dios”, y el de aquellos que “aman a Dios hasta el desprecio de sí mismos”.
Los primeros constituyen la Ciudad Terrena; los segundos constituyen la Ciudad de Dios.
La Naturaleza del Ser Humano: Cuerpo y Alma
Como reflejo de Dios, el **ser humano** es también un misterio, según San Agustín. Es difícil conocerlo, especialmente en lo que se refiere a su interioridad, al interior de su conciencia.
Lo que sí conocemos es que está formado por el cuerpo y el alma. De hecho, **es el alma la que propiamente se asemeja a Dios y es imagen de Dios**. El cuerpo no se da vida a sí mismo, sino que el alma es la vida del cuerpo (de la misma manera que Dios es la vida del alma).
Gracia y Verdadera Libertad
Para contrarrestar la inclinación natural hacia el mal, consecuencia del **pecado original**, Dios otorgó la **gracia**, que para San Agustín equivale a la **verdadera libertad**.
La verdadera libertad no consiste en poder elegir entre el bien y el mal, sino en elegir solamente el bien, lo que nos perfecciona y nos acerca a Dios.