Fundamentos de la Moralidad: El Acto Humano, el Objeto y el Fin
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Fuentes de la moralidad
El acto humano presenta varios aspectos. Hay que distinguir el acto elícito, aquel producido por la misma voluntad en el que reside el valor moral, y los actos imperados por la voluntad, que pueden ser también internos, pero que en la mayoría de los casos implican las potencias corporales ejecutivas y, por esto, se llaman externos.
Si examinamos el acto humano completo, observamos que se refiere a un objeto determinado y que se realiza en ciertas circunstancias. Entre ellas, hay una singularmente importante: el fin que se pretende. Este es el «porqué», es decir, el fin de la persona que actúa. Las otras circunstancias están de parte del objeto intentado, al cual modifican conformándolo como un objeto compuesto.
La cuestión principal es: ¿el valor moral depende más del fin o del objeto? Ha de mencionarse que los estoicos reconocen una única virtud: la sabiduría o la atención de la libertad. El acto moral quedaría especificado por su relación con el ideal de la razón práctica, es decir, por el fin. Muy afín a esta posición es la ética de la pura intención. Kant, por su parte, concibe toda la moralidad dependiendo de la pura intención de la voluntad.
Muchos escolásticos sostienen que el acto recibe el valor moral del objeto, de las circunstancias y del fin, pero que la especie moral la recibe primero del objeto. Algunos piensan que las circunstancias pueden añadir nuevas bondades o malicias específicas. Según los tomistas, el fin determina verdadera e intrínsecamente el valor moral del acto, mientras que para otros solo le confiere una bondad extrínseca.
Argumentación partiendo de la vinculación con el mundo
El acto humano completo consta del acto interno de la voluntad y de los actos externos. No se trata de actos separados y unidos solo extrínsecamente; los dos actos no son sino partes o aspectos de una única operación humana. El acto exterior es una actuación humana que se origina en la decisión interna de la voluntad y que se expresa por los movimientos del cuerpo.
El acto es especificado por su objeto y ha de ser comparado con la norma de la razón. El acto se especifica de manera distinta si se lo considera en el orden físico o en el orden moral:
- Orden físico: Un acto ya determinado, cuya naturaleza no cambia según la condición del que da o del que recibe, no presenta ninguna conveniencia o discrepancia con la razón recta.
- Orden moral: Para que estas relaciones aparezcan, hay que añadir una nueva determinación. La circunstancia pasa a la condición de objeto, constituyéndolo en el orden moral.
En muchos otros casos, las circunstancias no fundan ninguna nueva comparación con la razón recta, sino que solo aumentan o disminuyen la conveniencia o discrepancia con ella y la bondad o la malicia del acto. Las circunstancias de ningún modo se refieren a la razón recta y, así, no pertenecen a la moralidad.
Partiendo de la procedencia del sujeto
En el acto humano que procede de lo íntimo de la gente —es decir, del acto interno del sujeto—, encontramos que el acto externo se presenta como un objeto. En efecto, es todo aquello que se propone a la voluntad y hacia lo cual se dirige su intención. Por esto, el valor moral del acto interno depende totalmente del objeto. Por lo tanto, suponiendo que la voluntad sea del bien, ninguna circunstancia la puede hacer mala, porque las circunstancias del acto interno, para que afecten su moralidad, deben ser conocidas y queridas.
El fin, en cuanto es referido al acto interior, pasa a la condición de objeto y ejerce una función específica. El fin también especifica al acto externo mediante el acto interno. Existe especificación si el acto exterior se considera como informado por el acto interior, y el fin es circunstancia si el acto exterior es considerado en sí mismo.
La especificación del acto total
Se da una doble especificación del acto humano: por el objeto y por el fin. ¿Cómo se compaginan para especificar el acto humano? ¿De cuál de ellos depende más el valor moral? Previamente conviene distinguir dos cosas:
- Si el objeto está ordenado al fin (el fin de la operación es también el fin del operante), toda la especificación del acto se toma del objeto del acto exterior.
- Si el objeto no está ordenado al fin, la especificación por el objeto y por el fin no tienen orden entre sí, y el acto moral está separado bajo dos especies. Sin embargo, se suele admitir que la moralidad depende del objeto porque procede del principio inmediato del acto; en cambio, la moralidad por parte del fin procede del principio remoto.
El fin ayuda a su valor moral principalmente cuando se trata del fin último o del valor fundamental elegido, por causa del cual se mueven los fines particulares. En definitiva, solo se dan dos actitudes frente al ideal: abrirse o cerrarse, y de esa elección se determina el valor moral del sujeto.
¿El fin justifica los medios?
Lo que esto quiere decir es que, si llegas a un fin bueno pero los medios que utilizaste son malos, el fin no justifica el uso de dichos medios. El acto de la voluntad primero tiende al fin, pero también se refiere a los medios; por lo tanto, si se emplean medios intrínsecamente malos, la misma voluntad se hace mala por más honesto que sea el fin.
La moralidad del acto humano depende del objeto elegido racionalmente por la voluntad deliberada. En efecto, el objeto del acto de querer es un comportamiento elegido libremente. Sucede frecuentemente que el hombre actúe con buena intención pero sin provecho espiritual porque le falta la buena voluntad; en conclusión, la buena intención no autoriza a realizar ninguna obra mala. El acto humano depende de su objeto, es decir, si este es o no ordenable a Dios. El acto es bueno si su objeto es conforme con el bien de la persona en el respeto de los bienes moralmente relevantes para ello.