Fundamentación Racional de la Ética Socrática: Universalidad y el Imperativo de la Conciencia

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La Ética Socrática frente al Relativismo Sofista

El arte de la dialéctica tiene en Sócrates un único contenido y una sola meta: la ética. Intenta fundamentarla científicamente frente a los argumentos destructores de la sofística. Para los sofistas, los conceptos bueno y malo, justo e injusto no provienen de la esencia racional del hombre, sino de su arbitrio y capricho. Toda la apreciación ética es convencional.

El proverbio de Protágoras, según el cual «el hombre es la medida de todas las cosas», venía a negar la existencia de pautas o referentes absolutos u objetivos de conducta. Frente a esta posición, Sócrates parte de la firme creencia en una ética absoluta y no relativa, es decir, objetivamente entendida. A tal respecto, trata de proporcionarnos una ética autónoma fundada en la razón, universal y necesariamente verdadera, como la ciencia.

La Búsqueda de la Certeza Ética

Para este fin, Sócrates trata de extender a los conceptos éticos la misma claridad y certeza que a los conceptos matemáticos puros. De la misma forma que creía que en todas las almas hay un conocimiento latente de las verdades matemáticas eternas y que la enseñanza de las matemáticas no consiste en introducir ninguna información, sino en despertar ese conocimiento en el alma, está convencido de que las formas ideales de virtud, los conceptos éticos básicos, forman parte del conocimiento que cada ser humano trae consigo al mundo.

De esta manera, concibiendo la ética como especie de a priori basado en la intrínseca racionalidad del hombre, se podía dotar a la ética de una fundamentación en la universalidad y la necesidad, gracias a las cuales se podía postular que existían una justicia y una injusticia como tales, objetivas. Esto comporta el reconocimiento de una ley ética que está por encima del arbitrio individual y que es independiente de los individuos.

La Mayéutica como Método de Descubrimiento Ético

De este modo, es también posible enseñar la ética, pero no, obviamente, como un aprender algo externo, una información venida de la experiencia, sino como un dar a luz en el parto intelectual del arte mayéutica. Se trata de un conocimiento puro implícito en la racionalidad inmanente al hombre. En Sócrates se produce una identificación entre hecho ético y hecho racional, lo cual nos da un imperativo categórico de la conciencia. La conciencia se erige en supremo legislador: será bueno y justo aquello que la conciencia por sí misma repute como tal.

La Racionalidad como Criterio Ético Absoluto

El único punto de referencia o criterio válido para una ética absoluta reside en la capacidad racional y en la racionalidad misma. Una ética válida así solo puede serlo a priori. Cualquier otro punto de referencia a posteriori o externo solo puede darnos afirmaciones éticas relativas, subjetivas, no válidas. Y no se trata de hallar el bien en relación a tal o cual patrón de valores, sino de hallar el bien en y por sí mismo, esto es, su concepto.

Distinción entre Imperativos Éticos y Mandatos Particulares

Si queremos una ética objetiva como saber válido universal y no simplemente opiniones éticas relativas y subjetivas, el criterio o la norma de lo ético no puede depender de o estar subordinado a criterios o puntos de vista particulares, los cuales son extraéticos, a menos que suprimamos lo ético mismo. Consideremos los siguientes casos de subordinación:

  • Si hago esto porque es conforme a mi creencia religiosa, ya no lo hago porque es lo bueno, sino porque Dios lo quiere, y entonces tenemos un mandato y acción teónomos, no éticos.
  • Si lo hago porque es conforme a lo que me han enseñado, ya no lo hago porque es bueno, sino porque es lo que se espera que haga, y entonces tenemos un imperativo cultural.
  • Si lo hago porque es conforme a la opinión común, ya no lo hago porque es lo bueno, sino también porque es conforme a las expectativas de los demás, y tenemos entonces un mandato sociológico.

En todos los casos nos encontramos ante imperativos relativos particulares. En estos casos, además, nos hallamos frente a actos de obediencia, lo cual es contrario al acto ético. La decisión ética solo es tal si es libre e incondicionada.