Filosofía de la Sospecha: Darwin, Marx, Nietzsche y Freud - Influencia en el siglo XX
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Darwin y la Teoría de la Evolución
Marx, Nietzsche y Freud, quienes fueron llamados filósofos de la sospecha, han aportado junto con Darwin los conceptos de mayor influencia del siglo XX. Darwin, en su Teoría de la Evolución, ofrece una visión del hombre puramente natural, antiteológica y antimetafísica. Rompe con la teoría fijista que defendía que, desde la creación, las especies se mantienen fijas e inmutables, así como con la idea de una historia que avanza hacia un objetivo trazado por Dios.
Marx y la Lucha de Clases
Para Marx, la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, entre clases explotadoras y explotadas. Según su doctrina del materialismo histórico, lo que condiciona la historia humana es el sistema de los modos de producción de bienes materiales y las relaciones sociales que derivan de él, ya que la infraestructura económica determina la superestructura social. La conciencia ideológica es un producto social, ya que el ser humano piensa desde las condiciones sociales en las que vive. Considera que la clase social que dispone de los medios de producción material es, al mismo tiempo, la que controla los medios de producción espiritual, impone sus ideas y produce ideología.
Nietzsche y la Crítica a la Cultura Occidental
Desenmascarando los Falsos Valores
NIETZSCHE. Su filosofía se convierte en una crítica total a la cultura occidental. Desenmascara los falsos valores de la cultura occidental, que han provocado el miedo a la vida del hombre occidental.
Trata de demostrar que tanto los valores religiosos del cristianismo como los defendidos por la filosofía racionalista son falsos y responsables de haber generado un hombre que rechaza la vida, sometido a las autoridades establecidas. Por eso, propone que hay que recuperar los valores vitales reprimidos y permitirnos vivir plenamente. Su crítica concluye con la proclamación de la muerte de Dios.
Freud y el Psicoanálisis
FREUD. Critica el racionalismo imperante de su época que proclama que el ser ideal es aquel que controla todos los deseos, los instintos… En su teoría del psicoanálisis, considera que gran parte de nuestra vida anímica es inconsciente, por tanto, incontrolable, y que ese ámbito domina al ser humano.
El Vitalismo, el Historicismo y el Existencialismo
Al principio del siglo XX, algunos pensadores denunciaron la desconexión de la filosofía respecto al “mundo de la vida”.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, aparece el VITALISMO, una corriente filosófica que da prioridad a los valores vitales sobre lo racional. Considera que el meollo de la vida está constituido por el instinto, es decir, por sentimientos ajenos a la razón. Por eso, solo se puede entender la complejidad del ser humano analizándolos desde la misma vida humana, de tal forma que el fenómeno vital sería inaprensible desde un punto de vista racional, siendo la intuición y la imaginación mucho más valiosas que la razón. Desde posiciones filosóficas radicalmente diferentes, pensadores como Schopenhauer, Nietzsche, Bergson y Ortega y Gasset pueden ser considerados vitalistas.
El HISTORICISMO de Dilthey considera que la historia es clave para la comprensión de la realidad humana. Por ello, el método científico de las ciencias naturales que EXPLICA los fenómenos de la naturaleza externos al hombre, no sirve para COMPRENDER la estructura del mundo humano. Esta es histórica, basada en las relaciones entre individuos que dan lugar a culturas diferentes entre sí que hay que comprenderlas en su individualidad. Por eso, diferencia las ciencias del espíritu de las ciencias de la naturaleza.
El EXISTENCIALISMO, cuyas figuras principales son Heidegger y Sartre, señalan que el hombre es un “ser arrojado al mundo”, afectado constantemente por situaciones problemáticas y absurdas.
La Filosofía Analítica
La FILOSOFÍA ANALÍTICA, en la cual destacaron Russell y Wittgenstein. Mediante el análisis lógico del lenguaje, pretenden lograr un lenguaje ideal y desenmascarar los falsos problemas de la filosofía, que son problemas del mal uso del lenguaje.
Nietzsche y la Crítica al Cristianismo
Este texto pertenece a la obra Ecce Homo ¿Por qué soy un destino? de Nietzsche. En este texto, habla sobre los distintos conceptos del cristianismo como el de Dios, el cual cree que ha sido inventado para ocultarnos la realidad del mundo real y para llevarnos a un más allá. Por eso, Nietzsche rechaza la existencia de un más allá, porque nos conduce a un mundo inexistente que está lleno de falsedades. De este modo, critica los valores del cristianismo, ya que llevan al hombre a huir de la vida y a odiarla. Frente al pensamiento de Nietzsche, se opone San Agustín. Agustín dice que la verdad y felicidad no estaban en este mundo, sino que la alcanzaremos en nuestro encuentro con Dios, por lo que defiende la existencia de un más allá. Para alcanzarla, debemos regirnos por la moral de esclavos a través de los valores de la humildad y piedad. Mientras que Nietzsche critica el cristianismo, ya que conduce al hombre a huir de la vida y niega la existencia de un más allá diciendo que el único mundo real es el que percibimos a través de los sentidos. Aparte de ello, San Agustín dice que no tenemos que dejarnos llevar por los instintos y deseos del cuerpo, pues nos alejan de Dios, conduciéndonos al pecado; de este modo, prioriza el alimento del alma, descuidando el cuidado del cuerpo. En cambio, Nietzsche dice que la vida se desarrolla a partir de dos dimensiones: la apolínea y la dionisíaca, valores propios de la moral de señores, y rechaza la noción de pecado, ya que genera un sentimiento de culpa y lleva al ser humano a huir de la vida. Su crítica culmina con la muerte de Dios, que al principio conduce al hombre a la desorientación (nihilismo). Con la caída de Dios, aparece el superhombre, que será capaz de crear nuevos valores. En el pensamiento de Nietzsche, es evidente la influencia de los sofistas. Los sofistas defienden el relativismo moral que dice que no es posible conocer los principios morales universales. El hombre es la medida de todas las cosas, todo es relativo, por lo que lo bueno y lo malo son subjetivos. No hay un concepto de bien y justicia verdadero, sino que son relativos al hombre. Esta idea coincide en parte con la de Nietzsche; él dice que la muerte de Dios supondrá la liberación del hombre de los valores tradicionales y la aparición de un nuevo tipo de hombre, el superhombre. Este afronta el nihilismo y la muerte de Dios. En ciertos aspectos, coincido con el pensamiento de Nietzsche; estoy de acuerdo con la crítica que hace a la moral cristiana, ya que creo que el cristianismo reprime los valores vitales, por ejemplo, disfrutar de la vida, y nos lleva a sufrir la vida. Creo que el cristianismo se ha aprovechado del ser humano porque le ha engañado.
Nietzsche y la Crítica al Idealismo
Nietzsche critica el idealismo porque defiende la existencia de unas verdades únicas, perfectas y universales: bien y verdad. Ha pretendido que estas representen la realidad. Ha considerado que los valores derivados de la razón dirigían el orden moral que gobierna la existencia y toda la realidad. Según el autor, ello ha provocado la decadencia de la cultura occidental. Este proceso de decadencia comienza con Sócrates, que, por miedo a los instintos y pasiones, rompe el equilibrio de la fuerza de la vida y Apolo; la razón se impone a los instintos, Dionisio. De esta forma, se acaba rechazando la dimensión más vital de la vida, que queda fuera del dominio de la razón, pero que, para el autor, constituye la esencia de la vida. Posteriormente, Platón distingue dos mundos y considera que el mundo trascendente de las ideas, perfectas e inmutables, representa la auténtica realidad, menospreciando el mundo sensible, cambiante y en constante devenir. A través de la razón, es posible conocerlas, y entonces se alcanzará la virtud, la perfección moral que nos conduce a la felicidad. Recuperando a Heráclito, Nietzsche rechaza estas falsedades que han dominado la cultura occidental y proclama como único y verdadero el mundo cambiante que captamos con los sentidos. Considera que las verdades de la metafísica, perfectas y universales como el bien y la verdad, son conchas vacías incapaces de representar la realidad, que es caótica y una constante lucha.