Filosofía presocrática: Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito, Pitágoras y Parménides
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Filosofía presocrática: autores y doctrinas principales
Tales de Mileto (624–546 a. C.)
Tales de Mileto está contado entre los siete sabios de la Grecia arcaica; fue astrónomo, matemático y político. Fue considerado por Aristóteles, en su Metafísica, como «el primero de los físicos». De su filosofía solo sabemos que pensaba que la Tierra descansaba sobre el agua, que el agua es el principio de todas las cosas y que todas las cosas están llenas de «dioses». Será Aristóteles quien afirmara que, para Tales, el arjé o principio de todo es el agua.
Probablemente llegó a esta conclusión por dos motivos: la influencia de la mitología egipcia y babilónica, donde el agua aparece como un elemento primordial, y por la observación personal. La physis, que para él es el agua, está dotada de vida y movimiento propio; por tanto, todo está vivo y animado.
Anaximandro de Mileto (610–545 a. C.)
Existen indicios para considerarlo discípulo y continuador de Tales. Anaximandro escribió un libro titulado Sobre la naturaleza. Se le atribuyen inventos como un mapa terrestre y la afirmación de que la Tierra es esférica y ocupa el centro del universo.
Al contrario que Tales, no piensa el arjé como un elemento determinado y empírico, sino como ápeiron, es decir: lo indefinido, lo indeterminado. Según su filosofía, todo sale del ápeiron y todo vuelve a él según orden y justicia.
Anaxímenes de Mileto (585–524 a. C.)
Según Teofrasto, Anaxímenes fue discípulo de Anaximandro. Al igual que su maestro, afirma que el arjé es único e infinito.
Para él, el arjé es el aire. Explica la formación del mundo por un doble proceso de rarefacción y condensación: por rarefacción el aire se convierte en fuego; por condensación, en viento; el viento se transforma en nube; aún más condensado se convierte en agua; después en tierra y, finalmente, en piedra.
Heráclito de Éfeso (544–484 a. C.)
Heráclito perteneció a una familia aristocrática; de ahí, probablemente, su desprecio por la sabiduría popular y por las opiniones de la mayoría. Tenía un carácter oscuro que trasladó a sus textos.
Para él, el arjé era el fuego. Sus palabras resumen esta idea: «Este mundo, el mismo para todos los seres, no lo ha creado ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que siempre fue, es y será fuego, eternamente vivo, que se enciende con medida y se apaga con medida».
Los primeros filósofos de la Italia meridional
Pitágoras (572–496 a. C.) y los pitagóricos
La vida de Pitágoras se encuentra envuelta en leyendas. Nació en Jonia. Entre las leyendas que se cuentan sobre él figura la creencia de que se consideraba hijo de Apolo y que era capaz de recordar sus anteriores reencarnaciones.
Los pitagóricos más conocidos son Pitágoras, Alcmeón, Filolao y Eurito. Los discípulos solían atribuir al maestro las doctrinas del grupo; de ahí que muchas enseñanzas se presenten como pitagóricas en general.
Doctrina pitagórica
- Para los pitagóricos, los números son los principios de todas las cosas.
- La estructura de la realidad se funda en un dualismo: lo par y lo impar; lo par se asocia con lo ilimitado y lo impar con lo limitado.
- Su cosmología afirma que primero existió la unidad rodeada por lo ilimitado; luego la unidad se divide en dos; el contacto del límite con lo ilimitado introduce la medida y mantiene las dos partes separadas. Por lo tanto, la música, las matemáticas y la filosofía aparecen profundamente unidas entre sí.
Algunas de sus creencias fundamentales incluyen la inmortalidad del alma y la reencarnación en otros seres.
Parménides (540–470 a. C.) y la escuela de Elea
En Elea surgió otra escuela de pensamiento de carácter estrictamente filosófico. Su fundación se suele atribuir a Jenófanes, aunque parece más probable que su figura clave fuera Parménides.
La doctrina de Parménides se recoge en un poema cuyo núcleo se divide en dos partes:
- La vía de la verdad: en la que Parménides expone su propia doctrina.
- La vía de la opinión: que presenta una cosmología que Parménides considera engañosa.
Principio de toda su filosofía: la identidad entre ser y pensar. Afirma que el ser es innato, imperecedero, finito, continuo, único, indivisible e inmóvil. Su gnoseología distingue de manera explícita entre la verdad y la apariencia: la razón nos conduce a la verdad, mientras que los sentidos nos llevan a la apariencia.