La Filosofía de Nietzsche: Superhombre, Transvaloración y Voluntad de Poder
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Antropología: La Filosofía del Hombre en Nietzsche
La transvaloración y el superhombre
La muerte de Dios ha precipitado al hombre al nihilismo. La superación de este y la creación de nuevos valores que den sentido a la vida necesitan una transvaloración de los antiguos. Esta tarea es propia de la voluntad de poder, que dará lugar a un nuevo tipo de hombre: el superhombre (Übermensch). En él se manifestará un modo de existencia vital y la superación de sí mismo, un tránsito hacia una nueva humanidad.
La transformación del hombre pasa por tres metamorfosis del espíritu, tal como Nietzsche expresa en Así habló Zaratustra: el camello, el león y el niño.
- El camello es el símbolo del hombre europeo, impregnado de la moral de los esclavos.
- El león es el símbolo del revolucionario que se rebela contra los valores establecidos.
- El niño representa la pureza y la inocencia, capaz de crear desde un espíritu libre.
Solo el niño puede llevar a cabo una transmutación de valores porque solo él es un espíritu libre. El superhombre es la encarnación y la expresión de la voluntad de poder. Creará los valores de la vida fundamentados en el «sentido de la tierra». El superhombre renuncia a los sueños y vuelve a la tierra. Este nuevo ser se caracteriza por una absoluta autonomía moral, más allá del bien y del mal. La propia vida se concibe como un experimento, como una posibilidad. No creerá en la igualdad, sino en las jerarquías y en la inalienable diferencia que existe entre los hombres.
La idea del eterno retorno
Zaratustra no es solamente el profeta del superhombre, sino también el del eterno retorno. Esta noción tiene su origen en la concepción circular del tiempo propia de la antigua Grecia. La vida y la voluntad de poder exigen la superación del ser devorado por el tiempo. Todo lo vivo parece llamado a desaparecer; todo lo que nace, muere.
El mundo, para Nietzsche, carece de racionalidad; no tiene principio ni fin. Los ciclos temporales se repiten de un modo infinito. Por su lado, cada persona, en consonancia con esa realidad y condenada a desaparecer, volverá a vivir la misma vida. El instante presente adquiere así una dimensión eterna, lo que impone que el momento merezca ser vivido como si fuera a repetirse eternamente. El superhombre acepta la vida como devenir, como eterna repetición, sin crear un ser que trascienda al universo. La idea del eterno retorno es la consecuencia de la voluntad de poder que acepta la vida con todas sus consecuencias. El universo está cerrado sobre sí mismo, su significación es puramente inmanente, y el hombre verdaderamente fuerte afirma este universo con firmeza. La idea del superhombre no es el objetivo final, sino la expresión de un compromiso permanente de amor a la vida (amor fati).
El anillo del eterno retorno: Las enseñanzas de Zaratustra
- La muerte de Dios: Un mensaje para unos pocos, los elegidos.
- La voluntad de poder: Una enseñanza para los discípulos.
- El superhombre: Un mensaje para todos, para el pueblo.
- El eterno retorno de lo idéntico: El pensamiento más profundo y la afirmación del sí mismo.
La Gran Política de Nietzsche
La gran política es una preparación para vencer el nihilismo, para superar un mundo de valores decadentes e imponer otros nuevos. Esa transformación se lleva a cabo en tres metamorfosis:
- El camello: Soporta la carga del nihilismo, obedece y recibe el peso de las obligaciones sociales.
- El león: El gran negador. Con su valentía, se atreve a enfrentarse al viejo mundo y a poner en cuestión los antiguos valores.
- El niño: Supera sus contradicciones para poder vivir libre de prejuicios y crear nuevos valores.
El nuevo hombre está más allá del bien y del mal. No se guía por ninguna moral que no sea la suya propia, fruto de su voluntad. No hace caso de los prejuicios de la gente, no cree en la igualdad y solo se afirma a sí mismo. Acepta la lucha que implica el conflicto de voluntades, las jerarquías y las diferencias entre los hombres.
El superhombre es un amante de la vida como experimento, tragedia, lucha y sufrimiento. No odia la vida, sino que la afirma con todo lo que implica. Por eso, los negadores de la vida, como los cristianos y los socialistas, le odian. Es un hombre completamente libre, sujeto únicamente a su voluntad, y no se deja convencer por los «oradores del mercado», ni por el partido, ni por la religión. Solo tiene fe en sí mismo.
La nueva política del superhombre es una nueva aristocracia, en donde cada uno es dueño de sí mismo y no acepta ser dominado por otro; busca la autosuficiencia. El hombre superior es un niño que juega con la vida en un riesgo permanente. La vida es un experimento, una aventura en continua invención e improvisación.
La moral del superhombre no tiene más criterios que la belleza, pero esta belleza no está sujeta a ninguna concepción moral.