La Filosofía Moral de San Agustín: Voluntarismo, Beatitud y Libre Albedrío

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La Ética en San Agustín: Voluntad, Felicidad y Beatitud

Contexto Histórico y Filosófico

San Agustín nació en Tagaste en el siglo IV, cuando el cristianismo triunfaba en el Imperio romano. Sin embargo, este autor no se convirtió a la religión desde el principio. Antes, en su continua búsqueda de la verdad, fue hedonista, estoico e incluso escéptico. Finalmente, tras escuchar a San Ambrosio, encontró lo que buscaba en la religión cristiana.

Para facilitar la explicación de la doctrina católica, comenzó a relacionar la filosofía grecorromana con la religiosa y, por ello, junto con San Ambrosio y San Anselmo, pertenece a la Patrística. Su filosofía, además, convivió con otras cuantas corrientes:

  • El aristotelismo
  • El epicureísmo
  • El estoicismo
  • El cinismo
  • El neoplatonismo de Plotino y Filón

El “Martillo de Herejes” y sus Adversarios

Más allá de su compromiso por explicar el cristianismo, este Santo fue apodado el “martillo de herejes” debido a los movimientos a los que se enfrentó e incluso criticó en sus obras:

  • El maniqueísmo: Defendía dos principios originarios del mundo (bien y mal).
  • El donatismo: Apoyaba la separación absoluta de Iglesia y Estado.
  • El pelagianismo: Defendía que la gracia divina es innecesaria.
  • El traducianismo: Apoyaba la idea de que los padres crean el alma de los hijos, traspasando así el pecado original.
  • Los polemistas cristianos: Sofistas, escépticos, etc.

En cuanto a la ética de San Agustín, esta se centra en el dinamismo de la voluntad, un dinamismo de amor.

El Eudemonismo Cristiano y la Beatitud

La teoría agustiniana se ha dado en llamar eudemonismo cristiano, y hace referencia a la afirmación de que el fin de todo hombre es la felicidad. Además, “el martillo de herejes” es un pensador onteoteleológico, por lo que este fin solo lo podremos encontrar en Dios.

Debido a su condición de ser finito, el hombre necesitará de la ayuda del Señor para ser capaz de poseer este objeto inmutable, o lo que es lo mismo, la beatitud.

Voluntad, Libertad y Voluntarismo Moral

Este deseo de alcanzar la felicidad es impulsado por la voluntad, por el amor hacia Dios, pero el problema reside en nuestra libertad. Dios nos creó como hombres libres y, por tanto, nuestra voluntad también lo es. Elegir entre acercarnos a Dios o alejarnos de Él es un acto voluntario.

Con el pecado original, nuestra voluntad se vio dañada y el cuerpo, mortal y finito, comenzó a dominar sobre nuestra alma. La consecuencia directa de este libre albedrío fue el pecado.

Aunque algunos autores como Evodio defienden la sustracción de nuestra libertad de manera que solo podamos actuar conforme al bien y acercarnos a Dios, San Agustín rechaza estas teorías. Para él, como seres humanos y libres, tenemos una responsabilidad: el buen uso de nuestra libertad. Si no tuviéramos la posibilidad de elegir entre obrar bien o con ausencia de ello, ser bueno no tendría ningún mérito.

Desde aquí, el “apasionado de la verdad” elabora la teoría del voluntarismo moral, según la cual el logro de ser bueno no reside únicamente en hacer el bien, sino en querer hacerlo, en tener la voluntad de ser caritativo y justo. Esto es importante, ya que lo que decidirá en último término nuestra salvación será el peso (pondus) que todo esto tenga en nuestra alma.

La Necesidad de la Gracia

Partiendo de todo esto, llegamos a la idea de la gracia. Para elegir rectamente y ser capaces de franquear el inmenso abismo que nos separa de Dios, es necesario que nos encontremos en este estado de gracia.

A este estado llegamos mediante los sacramentos, y en él Dios nos provee de aquello que necesitamos para alcanzar el fin último de todo hombre: la felicidad, o lo que es lo mismo, la beatitud.