Felipe II: Política Interior y Exterior en la España del Siglo XVI

Enviado por Juan Antonio y clasificado en Historia

Escrito el en español con un tamaño de 4,52 KB

Felipe II (1556-1598): Política Interior y Exterior

Introducción

El reinado de Felipe II, quien heredó de su padre, Carlos I, los objetivos fundamentales de la lucha por la hegemonía en Europa y la defensa a ultranza de los territorios que formaban su patrimonio, se define por varios aspectos clave. Entre ellos, el establecimiento de la corte en Madrid, la hispanización de la política con la asistencia de consejeros hispanos, la sustitución de la política universal por una confesional, y la reactivación de las rebeliones en el interior de la península ibérica.

Política Interior

Felipe II disponía de un considerable poder político y suficientes recursos económicos que le permitían gobernar sin trabas. Sin embargo, fue muy respetuoso con las instituciones propias de cada uno de sus reinos. Junto a su secretario personal, se encargaba directamente de los asuntos más importantes. El gobierno mediante Consejos seguía siendo la columna vertebral de la administración, siendo el más importante el Consejo de Estado. Además, existían seis consejos regionales: el de Castilla, Aragón, Portugal, Indias, Italia y Países Bajos, que ejercían labores legislativas, judiciales y ejecutivas. El rey se comunicaba con sus Consejos principalmente mediante la consulta, un documento con la opinión del Consejo sobre un tema solicitado por el rey.

Además, Felipe II también gustaba de contar con la opinión de un grupo selecto de consejeros, como Luis de Requesens o el Duque de Alba, repartidos por diferentes oficinas o siendo miembros del Consejo de Estado.

Por último, en 1586 se crea la Junta Grande, formada por oficiales y controlada por secretarios.

En el ámbito religioso, su política vino marcada por la intolerancia, valiéndose de la institución de la Inquisición. Entre las medidas adoptadas destacan:

  • La extinción de las comunidades protestantes surgidas en Sevilla y Valladolid.
  • La prohibición a los estudiantes de cursar estudios en universidades extranjeras.
  • La prohibición de importar libros extranjeros.
  • La publicación de un índice de libros prohibidos.
  • La necesidad de licencia del Consejo de Castilla para editar libros.

Aunque el mayor problema al que tuvo que hacer frente Felipe II fue el financiero, que le llevó a declarar la bancarrota en más de una ocasión, un problema grave fue la rebelión de los moriscos de Granada, también conocida como la sublevación de las Alpujarras (1568-1571). A pesar de que Carlos I firmó un decreto de expulsión en 1502 y más tarde les concedió en 1526 una tregua de 40 años para que fueran abandonando su lengua, vestidos, costumbres, etc., Felipe II se negó a renovar la misma.

Los moriscos no solo eran un problema religioso, sino que también podían originar un conflicto político, pues eran aliados y colaboradores potenciales de los turcos y de los piratas norteafricanos. La rebelión se desencadenó a causa de unas normas dictadas por el rey, la llamada Pragmática Sanción de 1567, que prohibía:

  • El empleo de la lengua árabe.
  • El uso de vestimentas y apellidos árabes.
  • La práctica de ceremonias y costumbres musulmanas.
  • La expropiación de las tierras a los moriscos sin escrituras de propiedad.

La rebelión se iniciará cuando Pedro de Deza emitió un edicto proclamando la Pragmática y comenzó a hacerlo cumplir. Tras un año de infructuosas negociaciones en defensa de sus tradiciones, la población morisca granadina decidió levantarse en armas la noche de Navidad de 1568. Fue un movimiento rural, inicialmente al mando de su rey Aben Humeya, que se extendió rápidamente por la Alpujarra y luego por tierras de Almería y del norte de Granada, y en 1570 por la sierra de Ronda. Ante el grave cariz tomado por la revuelta, debido a lo abrupto del territorio y al apoyo militar y económico dado a los rebeldes por parte de pequeños contingentes de turcos y berberiscos, fue enviado en 1570 Don Juan de Austria, al frente de un ejército regular traído de Italia y del levante español. Finalmente, la rebelión fue aplastada y más de 80.000 moriscos fueron deportados y repartidos por Andalucía occidental y Castilla para evitar otra rebelión, confiscando además sus tierras. Las Alpujarras serán luego repobladas con cristianos viejos.