Evolución y Tendencias del Teatro Español: De la Transición al Siglo XXI

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El teatro desde los años 70 hasta la actualidad

En el siglo XXI, se percibe la carencia de un teatro que se adentre en nuestra esencia, aquel que sea inmediato y que refleje el alma, lo social y lo vivo. No podemos establecer una fecha concreta para definir lo que supuso el teatro a finales de la década de los 70, pues cada crítico adopta una perspectiva distinta.

La Generación Realista y sus exponentes

De los autores que recibieron el marbete de 'generación realista', algunos prosiguieron estrenando:

  • Martín Recuerda: Destacan La arrecogía del beaterio de Santa María Egipciaca; sin embargo, El engañao no tuvo el éxito esperado.
  • Lauro Olmo: Su obra La condecoración pasó desapercibida para el público y la crítica.
  • Rodríguez Méndez: Cabe resaltar títulos como Sangre de toro y La chispa.

Por otro lado, Antonio Gala no forma parte de esta generación; su teatro, basado en la palabra, ha contribuido a ensalzar la dramaturgia española, siendo denominado por algunos críticos como 'teatro poético'.

Renovación y dramaturgos singulares

Una cierta renovación teatral la conforman dramaturgos singulares que aúnan la escenografía y el espectáculo. Destaca especialmente Francisco Nieva, quien no fue reconocido hasta 1976 con la obra La carroza de plomo candente. Hoy es considerado uno de los grandes creadores del siglo XX. Entre sus obras, destacan Delirio de amor hostil y Te quiero, zorra.

Crueldad y realidad social

El teatro de Martínez Mediero se sumerge en la crueldad, la hipocresía y el sexo. Aunque anteriormente había tenido cierto éxito con Las planchadoras, volvió a representar con éxito Las hermanas de Búfalo Bill. Su dramaturgia nos abre los ojos ante la realidad, haciéndonos sufrir ante tanta crudeza.

La proyección internacional de Fernando Arrabal

Fernando Arrabal no ha triunfado en España tanto como fuera de nuestras fronteras. A finales de los 70 se llevó a los escenarios españoles El arquitecto y el emperador de Asiria. Cementerio de automóviles también pasó desapercibida, mientras que ¡Viva la muerte! (Oye, patria, mi aflicción) fue un éxito.

El neorrealismo y la historicidad

Otra realidad dramática son los llamados 'neorrealistas'. Alonso de Santos empezó con fuerza, pero su producción se fue debilitando. Se inició con ¡Viva el duque, nuestro dueño!, donde plantea el conflicto entre la realidad y el deseo. Su fama le vino por la obra Bajarse al moro (Yonquis y yanquis).

Finalmente, no puede quedar al margen en los años finales del siglo XX la historicidad del teatro de Domingo Miras.