Evolución del Pensamiento Filosófico: De Hume a Kant y la Escolástica

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Panorama Histórico de la Filosofía: Del Empirismo Moderno a la Metafísica Medieval y la Crítica Kantiana

I. David Hume: El Escepticismo Empirista y los Límites del Conocimiento

Hume y el Conocimiento

Hume, como filósofo empirista, sostiene que la mente humana al nacer es una tabula rasa y que todos nuestros contenidos mentales provienen de la experiencia sensible. Divide las percepciones en dos tipos:

  • Impresiones: Percepciones vivas e intensas captadas por los sentidos en el momento presente.
  • Ideas: Copias debilitadas de esas impresiones en el pensamiento o la memoria.

De esta distinción surge el criterio empirista de verdad: una idea solo es legítima si podemos señalar la impresión de la que procede; de lo contrario, se trata de una idea vacía o metafísica.

Asimismo, distingue entre:

  1. Relaciones de ideas: Conocimientos a priori propios de la lógica y las matemáticas.
  2. Cuestiones de hecho: Dependen de la experiencia a posteriori y cuya verdad es solo probable.

Crítica a la Metafísica Tradicional

En su crítica a la metafísica tradicional, Hume cuestiona la idea de causalidad, negando que exista una conexión necesaria entre causa y efecto. Para el autor, no tenemos una impresión de la "causalidad" en sí, sino que nuestra mente observa una sucesión constante de fenómenos que, por hábito y costumbre, nos lleva a esperar que el futuro sea igual al pasado. Esta relación es una construcción de la imaginación y no una verdad lógica.

Del mismo modo, critica el concepto de sustancia, afirmando que no tenemos una impresión de la sustancia misma, sino solo de un conjunto de cualidades sensibles. Por tanto, el conocimiento humano queda limitado a lo fenoménico y lo observable, reduciendo las certezas metafísicas a simples creencias basadas en la inducción.

II. La Concepción Humeana de Dios y el Ser Humano

Dios

Hume aborda el problema de la existencia de Dios desde un escepticismo empírico, especialmente a través de su crítica al argumento del diseño. Este argumento sostiene que el orden y la perfección del universo implican un creador supremo; sin embargo, Hume señala que no poseemos ninguna impresión sensible de Dios, por lo que no es posible afirmar su existencia racionalmente. Además, argumenta que si el mundo fuera el diseño de un ser perfecto, no podrían explicarse las imperfecciones, el azar y el sufrimiento que observamos.

Dios no es, por tanto, un objeto de conocimiento lógico-empírico, sino una construcción de la mente que va más allá de los límites de la experiencia. A pesar de esta imposibilidad de demostración racional, Hume distingue claramente entre el ámbito de la razón y el de la fe. Mientras que la razón humana es incapaz de probar verdades metafísicas sobre lo sobrenatural, la fe pertenece al sentimiento personal y a la creencia. Hume no niega necesariamente la existencia de la divinidad, sino que defiende que Dios es una cuestión de creencia privada y no un hecho demostrable.

El Ser Humano

La concepción del ser humano en Hume rompe con la idea tradicional del alma como sustancia. Al aplicar su criterio empirista, observa que cuando miramos hacia nuestro interior no encontramos una identidad fija y permanente, sino una sucesión constante de sensaciones, recuerdos y pensamientos. Por ello, define al yo como un "haz de percepciones" (o colección de impresiones) que cambian continuamente. La convicción de ser la misma persona a lo largo del tiempo no nace de una esencia espiritual, sino de la memoria y el hábito.

Libertad y Conducta

En cuanto a la conducta humana, Hume considera que el hombre está sometido a las leyes naturales. Niega la existencia de una libertad absoluta, ya que nuestras acciones siguen patrones regulares. Sin embargo, propone un concepto de libertad entendido como espontaneidad: la capacidad de actuar de acuerdo con nuestra propia voluntad sin coacción externa. Así, la libertad no consiste en la ausencia de causas, sino en que nuestras acciones sean fruto de nuestros propios deseos y percepciones.

IV. La Ética Humeana: El Imperio de las Pasiones

La ética de Hume se define como un emotivismo moral, pues sostiene que la razón no es el fundamento de los juicios morales ni el motor de la acción humana. Frente al intelectualismo tradicional, Hume afirma que la razón es incapaz de impulsarnos a actuar por sí sola; esta función corresponde exclusivamente a las pasiones y emociones. Por ello, el autor afirma que "la razón es, y debe ser, esclava de las pasiones".

Fundamentos del Juicio Moral

Al situar la moral en el sentimiento, Hume rechaza la existencia de principios morales universales y racionales. Lo que llamamos virtud es aquello que genera un sentimiento placentero de agrado, mientras que el vicio provoca desagrado. No obstante, esta moralidad no es puramente subjetiva gracias a dos principios:

  • Utilidad: Nos hace valorar lo que es beneficioso para la sociedad.
  • Simpatía: Nos permite sentir afinidad por el bienestar de los demás.

La razón cumple una función meramente instrumental: no establece los fines de la conducta, pero nos ayuda a calcular los medios necesarios para satisfacer nuestras pasiones.


Filosofía Clásica y Escolástica: Aristóteles y Tomás de Aquino

V. Aristóteles: Hilemorfismo, Teleología y Ética de la Virtud

Realidad y Conocimiento

Aristóteles rechaza el dualismo platónico y afirma la existencia de un único mundo sensible, donde la esencia (forma) se encuentra en las cosas mismas. Para explicar el movimiento, introduce los conceptos de materia y forma (hilemorfismo) y de potencia y acto. El cambio se define como el paso de la potencia al acto.

Para comprender la realidad, formula la teoría de las cuatro causas (material, formal, eficiente y final). Destaca la causa final, pues su visión de la naturaleza es teleológica: todo tiende hacia un fin.

En cuanto al conocimiento, este comienza en la experiencia sensible. Mediante un proceso de abstracción, el entendimiento extrae la forma universal a partir de lo particular.

Ética Aristotélica

La ética aristotélica es una ética de la felicidad (eudaimonía) y de la virtud. El fin último es vivir conforme a la razón. Para lograrlo, el ser humano debe desarrollar las virtudes, divididas en dianoéticas (intelectuales) y éticas (prácticas, adquiridas por el hábito).

La virtud ética consiste en el término medio entre dos extremos viciosos (exceso y defecto), determinado por la razón y la prudencia en cada situación concreta. La vida buena culmina en la vida contemplativa, orientada al conocimiento y la sabiduría.

Política

Aristóteles define al ser humano como un zoon politikon (animal político), pues solo se realiza plenamente en la polis. La política es una extensión de la ética.

Clasifica las formas de gobierno justas (monarquía, aristocracia y politeia) y sus degradaciones. Su propuesta ideal es la politeia, un sistema mixto que equilibra la estabilidad social y el bien común.

VI. Tomás de Aquino: Síntesis de Fe y Razón

Conocimiento y Metafísica

Tomás de Aquino defiende un empirismo moderado donde el conocimiento nace de la experiencia sensible, pero con una mediación divina. El entendimiento agente extrae la esencia universal.

Respecto a la relación entre razón y fe, sostiene que son autónomas pero armónicas. La filosofía es subordinada a la teología; si surge un conflicto, la fe actúa como criterio de verdad.

La Existencia de Dios

En su metafísica, distingue entre esencia y existencia. En los seres creados, la esencia limita la existencia. Por el contrario, Dios es el Ser Necesario en quien esencia y existencia coinciden; es Acto Puro, creador absoluto ex nihilo y causa permanente que sostiene el ser de todas las cosas.

Ética Tomista y Ley Natural

La ética tomista afirma que la felicidad se halla en la contemplación de Dios. El orden moral se basa en la ley natural, que dicta inclinaciones básicas (conservar la vida, procrear, buscar la verdad y la justicia).

La ley positiva o humana debe ser justa; si contradice la ley natural, el ciudadano no tiene obligación moral de obedecerla.


VII. Immanuel Kant: La Revolución Copernicana en la Epistemología

Kant se pregunta qué puedo conocer, centrando su reflexión en el conocimiento científico y sus límites. Para responder, plantea el giro copernicano: el conocimiento no depende del objeto sino del sujeto que conoce. El objeto se ajusta a las estructuras del sujeto trascendental.

El Sujeto Trascendental y los Juicios

El sujeto trascendental es el conjunto de estructuras universales y necesarias que permiten el conocimiento científico.

Kant distingue los juicios:

  • A priori / A posteriori: Según dependan o no de la experiencia.
  • Analíticos / Sintéticos: Según el predicado añada información nueva.

El conocimiento científico se basa en juicios sintéticos a priori, que son universales, necesarios y amplían la información.

Condiciones A Priori del Conocimiento

Estética Trascendental

Estudia las condiciones a priori de la sensibilidad: el espacio y el tiempo. Toda experiencia se da necesariamente en ellos, y son los que fundamentan la universalidad de la geometría y el álgebra.

Analítica Trascendental

Estudia las condiciones a priori del entendimiento: las categorías (como la causalidad). Estas categorías ordenan la experiencia sensible y permiten la física, al establecer relaciones entre los fenómenos.

Fenómeno, Noúmeno y Razón

Límites del Conocimiento

Dado que el conocimiento está condicionado por estas estructuras, el sujeto no accede a la realidad tal como es en sí misma:

  • Fenómeno: La realidad tal como aparece al sujeto; es lo único cognoscible.
  • Noúmeno: La realidad en sí, que queda fuera del conocimiento.

Dialéctica Trascendental

Analiza la razón, la facultad que tiende a ir más allá de la experiencia y genera las ideas de alma, mundo y Dios. Estas ideas no son objetos de conocimiento científico, sino que cumplen una función regulativa, orientando y unificando el saber.