Evaluación Esencial de Funciones Vitales: Conciencia, Respiración y Circulación

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Evaluación de las Funciones Vitales Esenciales

Evaluación Neurológica

El Estado de Conciencia

El estado de conciencia de la víctima es lo primero que debemos evaluar, tal como se establece en los protocolos de atención. La conciencia es la capacidad que tiene una persona de recibir y procesar información sobre sí misma y sobre su entorno.

Niveles de Conciencia
  • Normal: La persona piensa con claridad y rapidez.
  • Confusión: El pensamiento es más lento y a veces incoherente. Se alternan estados de irritabilidad con somnolencia.
  • Somnolencia: La persona está adormecida, apenas se da cuenta de lo que hay a su alrededor y puede pronunciar pocas palabras. Ante estímulos dolorosos, se despierta rápidamente y realiza movimientos de defensa.
  • Estupor: La persona está dormida y solo la despiertan estímulos intensos o repetidos. Sus respuestas son lentas e incoherentes.
  • Coma: Solo reacciona al dolor intenso. En los comas profundos, no hay respuesta al dolor. Se mantienen la respiración y la circulación.

Actividades Sensitiva y Motora

El sistema nervioso recoge información a través de los sentidos y activa respuestas motoras. Las lesiones del sistema nervioso central o de los nervios sensitivos y motores pueden alterar este funcionamiento, por lo que deben explorarse.

Para detectar una posible lesión cerebral, a veces basta con las manifestaciones de la propia víctima. Además, se pueden realizar unas pruebas sencillas:

  • Pídale que sonría: Sirve para comprobar la movilidad simétrica de los músculos de la cara.
  • Pídale que levante ambos brazos: Permite explorar la parálisis total o parcial de un lado del cuerpo.
  • Pídale que pronuncie una frase con sentido: Sirve para explorar trastornos de la comprensión del lenguaje, razonamiento o del habla.

Las dificultades para cumplir estas órdenes indican posibles lesiones neurológicas graves, como un infarto cerebral.

Evaluación de la Respiración

El objetivo de esta evaluación es asegurar que la persona respira y que lo hace con suficiente eficacia.

De la respiración de la víctima, lo más fácil de observar es la frecuencia, pero también son importantes la profundidad de los movimientos y el dolor que puedan causar:

  • Frecuencia respiratoria: Es el número de veces que una persona inspira por minuto. Se mide observando cómo se ensancha y estrecha el tórax o cómo sube y baja el abdomen.
  • Amplitud o profundidad respiratoria: Es la cantidad de aire movilizado en cada inspiración y espiración. Cuando se moviliza poco aire, hablamos de movimientos superficiales.
  • Dolor con los movimientos respiratorios: Puede acompañar a heridas, fracturas o lesiones pulmonares.

Evaluación de la Circulación

La circulación se evalúa mediante la toma del pulso y de la presión arterial.

El pulso es la dilatación de las arterias cuando se transmite el impulso de la contracción cardíaca. En una persona adulta y sana en reposo, las frecuencias normales oscilan entre 60 y 70 pulsaciones por minuto. La ausencia de pulso es una situación de emergencia que requiere atención inmediata. También necesitan atención urgente los pulsos débiles o irregulares.

¿Dónde se toma el pulso?

  • Arteria radial: Se toma en la mitad externa de la cara anterior de la muñeca. Es el punto más utilizado por su accesibilidad.
  • Arteria carótida: Se toma en la mitad inferior de la cara lateral del cuello, por delante del músculo esternocleidomastoideo. La ausencia de pulso en este punto indica problemas circulatorios muy graves.
  • Arteria humeral: Se toma un poco por encima del pliegue del codo, en la cara interna del brazo. Es el lugar recomendado para tomar el pulso en lactantes en situaciones de primeros auxilios.
  • Punta cardíaca (Ápex): Se localiza entre la quinta y sexta costilla del lado izquierdo.

¿Cómo tomar el pulso?

Debe colocar los dedos índice y medio de su mano sobre el punto correspondiente a la arteria elegida y comprimirla suavemente contra el hueso. La presión debe ser la justa para notar la onda de dilatación de la arteria. No tome el pulso con el pulgar, ya que este tiene su propio pulso.

Al tomar el pulso, debemos notar su presencia y calidad; después, medir su frecuencia y valorar su intensidad y regularidad. Para determinar la frecuencia, cuente las pulsaciones que nota durante 15 segundos y multiplique el resultado por cuatro.