Ética Antigua: La Virtud Socrática y la Felicidad Aristotélica
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1. Intelectualismo Moral Socrático
Parte del principio de que quien actúa de modo virtuoso y correcto lo hace porque conoce el bien. De este modo, la virtud y la sabiduría van siempre unidas. El que más sabe es el que mejor actúa; por esta razón, esta teoría recibe el nombre de intelectualismo moral.
La inteligencia y el saber son los caminos que nos conducen a la virtud moral. Este modelo de pensamiento implica que el mal procede de la ignorancia y del error. Uno de los principales defensores del intelectualismo moral fue Sócrates (470-399 a.C.), para quien la persona mala o injusta es, en realidad, el ignorante.
Para Sócrates, como para su discípulo Platón, los valores morales son objetivos y universales; no son, por lo tanto, dependientes de la conciencia humana. Aquellos que aspiran a un conocimiento verdadero serán los virtuosos y los capaces de distinguir entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto. Las personas que se comportan mal son aquellas que son incapaces de distinguir entre estos dos conceptos.
Sócrates defiende la existencia de valores éticos universales, pero no pretende enseñarlos ni exponerlos mediante discursos, sino que, con sus preguntas, ayuda a que el interlocutor llegue a descubrirlos en su interior. Su objetivo no era otro que hacer realidad la inscripción del templo de la ciudad de Delfos que decía: “Conócete a ti mismo”. El arte socrático fue bautizado como mayéutica, ya que Sócrates pensaba que la verdad está dentro de cada uno de nosotros y el papel del maestro consiste en ayudar al alumno a encontrarla por sí mismo, planteándole interrogantes.
2. La Felicidad Aristotélica: Eudaimonía y Ética Teleológica
Aristóteles (384-322 a.C.) es el principal representante de las éticas teleológicas. Según esta filosofía, todas las actividades humanas buscan alcanzar un bien concreto e inmediato; este bien es también un medio para alcanzar un fin superior, que es aún mejor. El fin último al que tienden todas nuestras acciones y el mayor bien al que puede aspirar el ser humano es la consecución de la felicidad.
En griego clásico, felicidad se dice eudaimonía, y por esa razón a la ética aristotélica se la conoce también como eudemonismo.
Hay que señalar, sin embargo, que Aristóteles desea responder principalmente a la cuestión de cuál es la mejor forma de vivir y a qué se califica como una vida buena y feliz. No se preocupa tanto por las acciones concretas, sino por la totalidad de la vida. Para Aristóteles, la ética trata sobre el arte de vivir de la mejor forma posible.