Etapas del Desarrollo Humano: Somático, Psíquico y Pneumático

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El Desarrollo Integral del Ser Humano

La naturaleza tripartita del hombre —soma (cuerpo), psique (mente/alma) y pneuma (espíritu)— se manifiesta en su evolución, desarrollo, crecimiento y maduración. El auténtico desarrollo del hombre no se mide por la acumulación de años (edad cronológica), sino por el desarrollo y la evolución del principio rector que lo dirige y gobierna. Así, es propio de la infancia el dominio del soma sobre los otros dos componentes; de la juventud, el dominio de la psique; y de la madurez, el dominio del pneuma. La maduración del hombre está contenida en su propia naturaleza y consiste en evolucionar del hombre somático al hombre pneumático. Esta evolución se consigue negando al hombre inmediatamente anterior.

En esta evolución, pasamos de actuar movidos por el cerebro, desde la instancia "debo/no debo", hasta llegar a actuar movidos por el corazón, desde la instancia "quiero/no quiero". Notamos esta evolución personal cuando, al pasar nuestro ser somático a nuestro ser psíquico, hacemos las cosas por deber sin disgustos. El paso del ser psíquico al ser pneumático se observa cuando hacemos las cosas no por deber, sino por querer. Solo se es feliz haciendo así las cosas, síntoma de auténtica madurez.

El hombre lleva siempre un "retrato madurativo"; así, siendo cronológicamente adulto, se comporta a veces infantil o adolescentemente, negándose a madurar. Los tres periodos madurativos por los que pasa el hombre son:

1. Periodo Somático (Infancia)

Es propio de esta etapa infantil del hombre el dominio de las pulsiones somáticas sobre las otras. Su conciencia del bien y del mal, de sí mismo, de los demás y del mundo que le rodea está determinada por los padres. Esto es así porque, ya en sus primeros meses de vida, el niño adquiere el significado del bien y del mal, su imagen de sí mismo y del mundo, a través del rostro y la voz de aprobación y desaprobación de los padres.

2. Periodo Psíquico (Juventud)

En este periodo, el hombre vive identificado con la sociedad, grupo o familia, e intenta cumplir bien su propio papel en ella. Actúa siguiendo las inclinaciones propias de la psique respecto al deber, buscando agradar a los demás para ser aprobado por ellos. No actúa aún según su propia conciencia, sino por la del grupo, familia o sociedad, buscando que le consideren buena persona, buscando éxito social, prestigio o fama. Es una etapa egoísta, algo falsa e hipócrita, que busca más agradar que ayudar, por lo que todo lo hace en continua queja o murmuración.

3. Periodo Pneumático (Madurez)

Es propio de este periodo actuar movido por la propia conciencia. Asimismo, el tener verdadera conciencia de sí mismo, del bien y del mal, basada en la sabiduría, supone una salida del mundo del ego para instalarse en el mundo del alter (otro): altruismo. Es aquí cuando se piensa en los demás sin interés propio, sin intentar agradar, e incluso en contra del propio interés. Este guiarse por la propia conciencia, sin reparar en la opinión ajena, es ciertamente difícil y propio solo de la madurez interior, fruto de la seguridad en sí mismo. Y es que este periodo mira el interés ajeno, no su aprobación, mostrándose aquí en ocasiones duro y seco (como decía Platón acerca de Eros). El modo de actuar propio de la madurez interior es siguiendo el principio de justicia, que tiene dos caras: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti y haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti. Con la primera cara logramos no hacer mal y con la segunda, hacer el bien.