La Estética de Kant. La Crítica del Juicio forma una trilogía con sus otras Críticas y esboza las ideas del autor acerca de la estética, lo bello y lo sublime, así como su teoría del genio y del juicio teleológico. Kant, desde un mundo fenoménico, indaga la posibilidad de contactar con las cosas en sí mismas, sean éstas el mundo, el alma y Dios. Para Kant, es una noción de la razón que fija un límite al conocimiento y que está más allá de éste, pues sobrepasa su ámbito: la experiencia.
Juicio de Gusto. Comenzaremos diciendo que para Kant, la complacencia que determina al juicio de gusto es desinteresada. Dicho de otra manera, el juicio estético no puede depender de un interés ajeno a la propia contemplación del objeto. De esta manera, se crea una diferenciación entre lo bello y lo bueno, cuya unidad o, al menos, correspondencia, se identifica con las filosofías trascendentales clásicas. De tal modo, lo bello no hace referencia a un fin determinado, sino que es un fin netamente formal, una conformidad a un fin sin fin, independiente de la representación de lo bueno.
Conocimiento y Juicio Estético. Por otra parte, el juicio estético no aporta un conocimiento del objeto; esto ocurre sólo mediante el juicio lógico del entendimiento, según lo analizado en la Crítica de la razón pura. El juicio estético reposa de tal manera en fundamentos a priori, y un juicio tal es puro solamente en la medida en que ninguna complacencia meramente empírica se mezcle al fundamento de la determinación del mismo.
Diferenciación de Categorías. Así, una vez definido lo agradable como categoría inferior que no debe ser confundida con lo bello, agrega que el atractivo no conforma la belleza, y que debe vigilarse a la hora de emitir un juicio de gusto, porque existe una belleza libre y una meramente adherente.
Lo Sublime. Una de las definiciones más innovadoras e interesantes de la Crítica del Juicio es aquella que gira en torno al concepto de lo sublime, aún dentro de la experiencia estética. Lo sublime se convertiría posteriormente en una de las ideas que más interesaron a los románticos alemanes. Podríamos definir lo sublime como una experiencia estética que sobrepasa al espectador y puede darse únicamente en la naturaleza ante la contemplación atónita de algo cuya mesura supera nuestras capacidades.
La Magnitud de lo Sublime. La magnitud de lo sublime es igual solo a sí misma, es absolutamente grande. No debe creerse, sin embargo, que lo sublime es un atributo de las cosas de la naturaleza; más bien es algo contenido en el espíritu: nada que sea objeto de los sentidos es sublime como tal; es lo informe en tanto que infinito. Se refiere, por tanto, a la razón y no al entendimiento.
Intuición y Experiencia. En consecuencia, sublime es aquello cuyo solo pensamiento da prueba de una facultad del ánimo que excede toda medida de los sentidos. Es la intuición de los fenómenos de la naturaleza que conlleva la idea de su propia infinitud: no se trata de una medida matemática, sino de una medida estética. (De esta manera, mientras que lo bello es una tranquila contemplación y un acto reposado, la experiencia de lo sublime agita y mueve el espíritu, causa temor, puesto que sus experiencias nacen de aquello que es temible, y que se convierte en sublime a partir de la inadecuación de nuestras ideas con nuestra experiencia.
Cultura y Sublime. De tal manera, para sentir lo sublime, a diferencia de para sentir lo bello, es menester la existencia de una cierta cultura: el hombre rudo, dice Kant, cae atemorizado ante aquello que para el hombre culto es sublime. El poderío de esta experiencia estética invoca nuestra fuerza, que es interpretada por el filósofo alemán como la naturaleza misma en la que lo sublime reside.)