Quien entierra a Juan preciado

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Los pasos perdidos:


Una novela de la selva

profundiza en esta misma cuestión ligándola de forma más evidente con las teorías sobre lo real maravilloso en América.

El narrador y protagonista es un musicólogo transforma­do, en compositor de piezas comerciales. Inmerso en un matrimonio convencional con, una famosa actriz de teatro, su vida transcurre monóto­namente en una gran ciudad hasta que recibe el encargo de un anti­guo maestro suyo de viajar a una regíón selvática de Sudamérica a fin de conseguir unos instrumentos musicales de los aborígenes. Animado por su amante Mouche, una mujer frívolá e insustancial, acepta el proyecto con la condi­ción de que ella lo acompañe. El hechizo de lo auténtico, va adhiriéndose sentimen­talmente a la tierra que recorre: la selva, en la que conoce a otra muchacha, Rosario, con la que vive una intensa relación. Rosario representa para el protagonista la encarnación de la fuerza telúrica. Una ciudad en medio de la selva, Santa Mónica de los Venados. Allí se ha erigido una sociedad utópica,  Sin embargo, el acceso a este particular edén es difícil de reconocer. Hay que encontrar un signo trazado en la corteza de cierto árbol que destaca en medio de una selva acuática , Mientras viveen Santa Mónica, la felicidad del héroe es inmensa. Por eso decide trasladar sus emociones al papel componiendo una cantata que celebre el contacto con la naturaleza. Pero un día se da cuenta de que debe regresar, ya que le faltan los elementos mínimos (papeles, lápices, biblio­grafía) para concluir su trabajo. Viaja, pues, a Nueva York. En cambio, la viven­Cía en la selva ha supuesto para él un enriquecimiento del verdadero reencuentro con las raíces mismas de lo humano en estado puro. Pero se ha demorado demasiado. Rosario no lo ha esperado y se ha unido a otro hombre. Ade­más, el signo del árbol ha desaparecido a causa de una crecí­da del río. Como Sísifo, el protagonista debe volver a su dura realidad cotidiana. Su error ha sido «desandar lo andado, creyendo que lo excepcio­nal pueda serlo dos veces». Los pasos perdidos sería, por tanto, la novela del «descubrimiento» de una realidad maravillosa que, pueda recuperarse o no, permite al protagonista una percep­ción más profunda del mundo. La aventura conclu­ye en un fracaso, ya que el héroe tiene que volver, desolado, a la capital y, como un Don Quijote en su lecho de muerte, darse cuenta de que su segundo viaje a la selva es un imposi­ble. Se cerró el falso camino dado por el mito de la evasión. Pero al final debe asumir su condición de hombre del Siglo XX y bus­car su papel creador en medio de su sociedad


Juan RULFO, Pedro Páramo

Por un lado, en el presente de la narra­ción, la travésía de Juan Preciado y sus diálogos con los extraños moradores de Cómala. Por otro, en el pasado, la historia del cacique Pedro Páramo. Juan Preciado -y con él, el lector-, se hace plenamente consciente de su muerte).

Nada más comenzar el libro la voz de Juan Preciado, narrador, emprende el relato de su viaje a Cómala, en busca del padre, Pedro Páramo

 Esa búsqueda se convierte en un camino iniciático para el personaje, aunque en esta ocasión se trata, más bien, de una iniciación a la muerte, porque el padre está muerto , y buscar al padre y reunirse con él es buscar a la muerte y reunirse con ella. Va a bus­car a su padre para recobrar lo perdido, para reencontrarse en la raíz y para conquistar también un espacio originario, des­crito por Dolores Preciado como un vergel edénico:

Pero la realidad de Cómala está bien lejos de asemejarse a ese retrato y un pueblo yerto, desolado, donde sólo se oyen rumores que aturden los sentí­dos, donde el calor y la sed asfixian. El descenso al pueblo va cobrando las notas de un ingreso en los infiernos. Juan entabla conversación con los distintos habitantes que van saliendo a su paso.

Paulatinamente, va cayendo en la cuenta de que todos esos murmullos provie­nen de personas muertas

La estructura circular, descubierta ahora por el lector, supone un nuevo cambio de expectativas: Juan, desde el comienzo, ha estado hablando con Dorotea. Juan ya estaba muerto y el lector ha asistido a una conversación de difuntos.