El Ensayo en el Siglo de las Luces: Feijoo, Cadalso y Jovellanos

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El Siglo XVIII: La Ilustración y sus Corrientes Literarias

1. Introducción

El siglo XVIII marca el fin de la Edad Moderna y el pórtico de la Edad Contemporánea. Es un siglo de cambios en todos los órdenes: sociopolítico, económico, demográfico y, por supuesto, intelectual, cultural y literario. Supone una revisión de las ideas y valores sobre los que se había asentado hasta entonces la cultura española y europea. Es el llamado Siglo de la Razón, en el que impera un gran movimiento intelectual y renovador conocido con el nombre de la Ilustración.

Este movimiento tiene como primer objetivo la investigación y la crítica. Se cuestiona el criterio de autoridad y se proclama que todo conocimiento debe ser sometido a la luz de la razón y de la experiencia, lo que favorece el desarrollo científico y técnico. Se produce la separación entre la filosofía, la ciencia y la religión. Su afán por conocer les lleva a elaborar La Enciclopedia, que intenta recopilar todo el saber de la época desde los nuevos presupuestos ideológicos.

El ilustrado se preocupa por sus semejantes proponiendo y acometiendo reformas en todos los ámbitos de la vida social y cultural: la justicia y la instrucción son la base del progreso, pero al hombre del XVIII le interesan todas las ramas del saber, pues considera que el conocimiento es la forma de salir del oscurantismo y de la ignorancia, de ahí el nombre de Siglo de las Luces que define a este siglo. Se defiende la tolerancia religiosa, se practica el escepticismo e incluso se ataca a la religión. Frente a las monarquías absolutas defienden las democracias modernas con separación de poderes.

En España el retraso con respecto a Europa en los inicios del siglo XVIII era manifiesto. En un principio las ideas ilustradas no tuvieron gran acogida en España porque la Iglesia y la nobleza se mostraban contrarias al pensamiento laico de la Ilustración, pero el pensamiento ilustrado fue difundiéndose por diversas vías: traducciones de libros franceses, propagación de las ideas de la Enciclopedia, viajes de estudio, obras de algunos ilustrados, la aparición de los periódicos o la creación de diversas instituciones culturales entre las que destacan la Real Academia de la Lengua, la Biblioteca Nacional, el Jardín Botánico y el Museo del Prado.

La Ilustración tiene su punto culminante durante el reinado de Carlos III y su declive en fechas próximas a la Revolución Francesa. Los ilustrados que contaron con el apoyo de la Corona no tuvieron reconocimiento de la mayoría: fueron tachados de extranjerizantes y de atentar contra la tradición y las enseñanzas religiosas. Tras la Revolución algunos fueron perseguidos.

2. Tendencias Artísticas y Literarias en el Siglo XVIII

En sentido estricto la Ilustración no contiene una estética propia. Para los hombres del XVIII literato es sinónimo de intelectual y la literatura es el conjunto de saberes e intuiciones relativas a las artes, la política, la erudición, la filosofía, la música… La literatura más característica de este siglo es conocida como el Neoclasicismo, pero en este siglo podemos encontrar otras tendencias formales distintas:

  • El Postbarroquismo

    En el primer tercio del siglo XVIII, perviven aún las formas heredadas del Barroco -reducido a un arte extravagante y sin contenido- hasta que son sustituidas por las formas neoclásicas. En la primera mitad de siglo conviven las dos tendencias.

  • El Neoclasicismo

    La influencia francesa en la política repercute en el modelo de sociedad, en el arte y en la cultura. Este hecho, unido al agotamiento de la cultura barroca favorece la introducción del Neoclasicismo. Con esta tendencia los autores se someten a las opiniones de los preceptistas, quienes en nombre de la razón promueven un arte ajustado a las normas - formalmente correcta pero carente de emoción y espontaneidad- que impedirá el desarrollo de una literatura imaginativa.

    Los principios del neoclasicismo fueron establecidos por Boileau, para quien la razón y la moral constituyen las normas de la literatura. Esta debe someterse a cuatro principios básicos:

    • Universalismo: Las historias deben servir para cualquier época y lugar.
    • Verosimilitud: los argumentos deben ser verosímiles y no deben ser fantásticos, ni imposibles.
    • Didactismo: las obras literarias deben tener una finalidad educativa. Deben servir para que el lector aprenda y además deben ser morales y decentes.
    • Uniformidad estilística: no se deben mezclar estilos y cada género estará sometido a unas normas:
    • En la poesía se ha de conjugar proporción y simetría para lograr una belleza armónica y equilibrada. No tienen cabida los sentimientos personales, los poemas suelen ser descriptivos, satíricos o narrativos. En verso se escriben también textos narrativos como las fábulas.
    • En el género dramático se deben premiar las virtudes y castigar los vicios. Se respeta la regla de las tres unidades –unidad de lugar, unidad de tiempo y unidad de acción-; no se mezcla el verso y la prosa – la comedia se escribe en prosa y la tragedia en verso-; se respeta el decoro poético, etc.
    • El género narrativo no se cultivó apenas en nuestra literatura y cuando se hizo se presenta como una variante del ensayo, es la llamada prosa didáctica, ya que muchas de las obras del siglo XVIII tienen un carácter doctrinal y pretenden difundir las ideas ilustradas o contribuir a reformar la sociedad del momento. El criterio de claridad prevaleció sobre el estético. En virtud de esto, consiguieron dar a la prosa un tono de sencillez y modernidad nada desdeñable.
  • El Prerromanticismo

    Las ideas de la Ilustración contienen el germen que habría de fructificar, en el último tercio del siglo XVIII, en el Prerromanticismo. Los conceptos de igualdad, fraternidad, el hombre es un ser bondadoso que se desarrolla en un ambiente natural favorecen la idea de que la ciencia y el progreso corrompen a la humanidad. Los propios escritores neoclásicos en sus escritos dejan traslucir una sentimentalidad alejada de los presupuestos racionales del neoclasicismo y preparan el camino de una nueva forma ideológica y estética. Obras como El delincuente honrado de Jovellanos o Las noches lúgubres de Cadalso son un claro ejemplo de cómo estos escritores no pudieron estar al margen de los sentimientos y de las corrientes literarias que se estaban desarrollando en Europa.

3. El Ensayo en el Siglo XVIII

El término ensayo lo había usado por primera vez Michel de Montaigne en el siglo XVI para designar a un conjunto de escritos que reflejan un juicio personal sobre experiencias propias o aspectos sociales, sin que importe demasiado ser exhaustivo o sistemático. Las características del ensayo son: género literario escrito en prosa de extensión variada, trata temas diversos con un enfoque personal, sin pruebas científicas, pero sí puede presentar citas de autoridad porque en él predomina la argumentación y la exposición. Tiene afán divulgativo y es considerado un género literario por lo que suele tener algunas figuras literarias.

Este género de carácter didáctico quedará afianzado en nuestra literatura del siglo XVIII, aunque entonces solían denominarse discursos, tratados, informes, cartas e incluso cuentos filosóficos, memorias, autobiografías, etc. En ellos, los autores del XVIII pretendían defender las nuevas ideas y actitudes propias del Siglo de las Luces y por eso se ocupan de aquellos temas que pueden mejorar a la sociedad: agricultura, enseñanza, justicia, sistemas de gobierno, libertad de pensamiento, reformas universitarias, etc.

El ensayo y la prosa ilustrada se convierten en un vehículo del proyecto racionalista y modernizador, pues es la forma que mejor se adapta a sus objetivos literarios. Los escritores se concentran más en el fondo que en la forma y tratan de acercarse al público buscando un lenguaje ágil y familiar. Resulta difícil diferenciar el ensayo puro de la literatura didáctica o el tratado, por eso hay quien prefiere hablar de prosa erudita para englobar a las manifestaciones en prosa de la Ilustración.

El ensayo ilustrado encuentra un cauce de transmisión muy importante en los periódicos. La rápida difusión de la prensa escrita tiene dos consecuencias muy importantes: por un lado, la toma de conciencia de una información sistemática y por otro el reconocimiento de los gobiernos de la capacidad de influencia del periodismo en la opinión pública. La finalidad de los periódicos en este siglo no es informativa, sino que, dadas las dificultades de comunicación y lo tardío de las noticias, es educativa y divulgativa, esto es, didáctica.

Algunas características reseñables del ensayo son:

  • Intención didáctica.
  • Son variados los temas, el enfoque, el tono, la actitud e incluso la extensión.
  • Tratamiento no excesivamente profundo del tema, con propósito divulgativo.
  • Visión personal: se manifiesta la opinión del autor, por tanto, tiene carácter subjetivo.
  • Abierto a la polémica: las ideas plasmadas son discutibles e intenta despertar la reflexión del lector.
  • Estructura abierta.
  • Voluntad de estilo e intención literaria: empleo de figuras literarias, lenguaje sencillo pero cuidado.

Los ensayistas más destacados son Feijoo, Cadalso, Luzán y, sobre todo, Jovellanos.

Fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (1676-1764)

Cultiva el ensayo y recoge sus reflexiones en dos extensas obras: Teatro crítico universal y Cartas eruditas. Arremete contra las supersticiones y contra ciertas creencias populares y se rebela frente a la cultura barroca. Combate los errores culturales, demostrando la inexistencia de seres fantásticos y la falsedad de los adivinos.

La utilidad pública es el fin que guía sus ensayos, en los que se dan cita temas como el bien común, la libertad, el trabajo, la paz, la educación. Postula la razón y la experiencia como bases de la ciencia y del pensamiento moderno, rompiendo con el criterio de autoridad (afirma que también los antiguos pueden equivocarse). Feijoo propone reformas para solucionar los problemas sociales y, frente a la ociosidad nobiliaria y el extendido desprecio al trabajo, defiende una sociedad laboriosa en la que los instrumentos de trabajo sustituyan a las armas.

Ayudó a la consolidación del castellano como lengua culta al defender su uso frente al latín, que se empleaba en las Universidades. Acepta la incorporación de neologismos, sin importar su procedencia. Su estilo se caracterizó por la sencillez, claridad y naturalidad. Feijoo, con sus ensayos, contribuye a la creación de la prosa moderna.

José Cadalso y Vázquez (1741-1782)

Es uno de los escritores más representativos del período neoclásico. Conoció y admiró la cultura europea del momento, pero sus raíces se hunden en la tradición literaria española.

Sus textos tratan, sobre todo, de las costumbres de los españoles: su forma de vestir, su frivolidad, la ociosidad de los nobles y su falta de formación adecuada, los usos lingüísticos, también se preocupó de aspectos culturales como la Educación. Entre sus obras destacan:

  • Los eruditos a la violeta: es una sátira de la educación superficial de los individuos que aparentan tener conocimientos cuando en realidad son unos ignorantes, a través de ellos hace una sátira a una sociedad frívola e inculta.
  • En las Cartas marruecas, escritas siguiendo el modelo de cartas iniciado por Montesquieu en las Cartas persas, nos presenta un amplio panorama de las costumbres de los españoles: su forma de vestir, los usos lingüísticos…, refleja la vida cultural, social y económica española, justificando el fracaso de España en la ruina provocada por las continuas guerras, en el carácter perezoso de los españoles, en el atraso científico, en el rechazo a los trabajos físicos, en las supersticiones y en las malas costumbres.
  • Precursora del Romanticismo es su novela Las noches lúgubres, en la que refleja ya la nueva mentalidad y los gustos del romanticismo. En esta obra, un amante pretende desenterrar a su amada muerta. Es una obra inacabada.

Ignacio Luzán (1702-1754)

Destaca como autor de la Poética (1737) más importante del siglo XVIII español. En ella establece los preceptos que deben guiar aquellas obras que deseen ajustarse a los nuevos ideales clasicistas. Así distingue entre poesía lírica (el poeta habla de sí mismo), poesía épica (el poeta narra la vida de otros personajes) y poesía dramática (el poeta esconde su persona y otros representan). En esta última defiende las tres unidades clásicas y la separación tajante entre tragedia (en verso) y comedia (verso o prosa).

Gaspar Melchor de Jovellanos (1744- 1811)

Datos Biográficos

Es, con seguridad, el autor que mejor representa la Ilustración española. Nacido en Gijón, desarrolló ya desde muy joven una intensa actividad intelectual, cívica y política. Durante el reinado de Carlos III ocupó diversos cargos públicos y fue persona muy influyente. Sufrió una durísima prisión en el castillo de Bellver de Mallorca. Quedó en libertad con la invasión napoleónica de 1808 y no aceptó un ministerio en el gobierno del rey José I, prefirió formar parte, representando a Asturias, de la Junta Central, gobierno provisional que dirigía la lucha contra los franceses. En este tramo final de su vida, dominan en él el desaliento y el escepticismo.

Obra

Su producción escrita es bastante amplia, aunque la estrictamente literaria es más bien escasa. Compuso poemas como su conocida Sátira a Arnesto, en la que critica una actitud de la nobleza llamada majismo, en la que esta clase social imitaba los usos y costumbres de las clases populares.

Escribió dos obras de teatro: una tragedia titulada Pelayo (1769), con la que intenta contribuir a la creación de una tragedia de temas nacionales; y una comedia sentimental titulada El delincuente honrado (1774), que pretende conmover al espectador, defiende una aplicación humanitaria de las leyes y critica el empleo de la tortura.

No obstante, donde Jovellanos destaca especialmente como escritor es en sus textos en prosa, en los que aborda los problemas más importantes del país y expone sus ideas de reforma para solventarlos. A diferencia de Feijoo y Cadalso que dirigen sus críticas al pueblo, sus obras tienen como destinatario al poder y a los grupos dirigentes, pues para él son los responsables de los cambios que debe acometer la sociedad española. Entre sus obras didácticas destacan:

  • Memoria sobre espectáculos y diversiones públicas (1790), informe escrito a instancias de la Real Academia de la Historia. Defiende que las formas de entretenimiento estén incluidas en los planes ilustrados de reforma; así, critica espectáculos sangrientos, como el de las corridas de toros, defiende la libertad en los bailes y fiestas populares y postula un tipo de teatro que se ajuste a las reglas neoclásicas.
  • Informe sobre la ley agraria (1794), en el que, siguiendo ideas de autores ingleses como Adam Smith, analiza las causas del atraso de la agricultura española y propone los remedios que podrían modernizarla: tipos y sistemas de cultivo, regadíos, capacitación de los campesinos, desamortización de las poco productivas tierras de la Iglesia y la nobleza, etc. De aplicarse estos principios, se hubieran puesto en peligro las bases de la sociedad estamental, por lo que se granjeó Jovellanos la enemistad de los más poderosos. Algunas de sus ideas fueron por fin llevadas a la práctica ya bien entrado el siglo XIX.
  • Memoria sobre educación pública (1802), obra muy representativa de su permanente preocupación pedagógica, ya manifestada antes en diversos escritos (Bases para la formación de un plan general de instrucción pública, Cartas sobre la instrucción pública, Oración sobre la necesidad de unir el estudio de la literatura al de las ciencias...). Para Jovellanos la educación es la base de la prosperidad de la nación, por lo que había que promover las ciencias útiles y acabar con la rutina escolástica. Insiste en que hay que dar prioridad a los métodos experimentales y, por ello, concede mucha importancia a la realización de prácticas dentro de algunas asignaturas, defiende que la enseñanza sea impartida en castellano y no en latín y considera necesario que los alumnos aprendan otras lenguas modernas. Si a ello se añaden propuestas como que los alumnos deben realizar lecturas complementarias, que los centros han de contar con buenas bibliotecas y que los profesores tienen que ser guías y consejeros antes que meros vigilantes, puede entenderse que se le considere un pedagogo moderno.

Muy significativos son también otros textos carentes de intención didáctica como sus cartas o sus Diarios y las Descripciones del castillo de Bellver en la que además de la descripción del lugar en que estuvo encarcelado elabora un relato de ficción sobre la vida medieval que se habría desarrollado allí. Su prosa se caracteriza por la sencillez y la claridad acordes con su intención expositivo-argumentativa. En algunos se observa cierta subjetividad. En ocasiones utiliza un lenguaje técnico, obligado por la materia que trata. En los textos no didácticos se aprecia una subjetividad que anticipa el romanticismo.

Otra obra es la Descripción del castillo de Bellver (1805): Esta obra fue escrita durante su cautiverio, para enviársela a un amigo historiador del arte. Le interesaba la arquitectura de las piedras, la flora y la fauna del lugar, y el pasado histórico que se asociaba a ellas. Contemplaba el paisaje que rodeaba el castillo, fijándose en la belleza natural y en los cultivos.

Igualmente destaca el abundante epistolario (cartas), ya que la correspondencia ocupó un lugar primordial en su actividad intelectual. Aparecen todos los problemas que preocuparon al escritor, por lo que es importante para comprender su pensamiento e incluso para interpretar algunos de sus escritos. De 1782 son las Cartas del viaje de Asturias, de gran importancia en el aspecto artístico, económico y antropológico de su patria chica.

También son muy interesantes sus Diarios, publicados posteriormente; incluyen una minuciosa e interesante información de su biografía de estos años. Su lectura es necesaria para aclarar algunos de los problemas vividos en esos años, sus intereses políticos y culturales, y las relaciones que tuvo con determinadas personas.

Su pensamiento político está expuesto en algunas de sus obras. Su ideal fue la monarquía constitucional y, en lo social, la defensa de un pueblo industrioso en el que la propiedad estuviese distribuida equitativamente, que gozara de máxima libertad en sus costumbres y en sus actividades económicas. Así le parecía que se combinaban el orden, la libertad y los derechos del individuo. Condenaba los abusos de autoridad, así como el incumplimiento de los deberes por parte de los dirigentes.

Su prosa se caracteriza por la sencillez y la claridad acordes con su intención expositivo-argumentativa.