Las Églogas de Garcilaso de la Vega: Temas, Simbolismo y Estructura

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Las Églogas de Garcilaso de la Vega

Égloga I: El desdoblamiento del poeta

La Égloga I fue escrita en segundo lugar. En ella intervienen dos pastores: Salicio, quien lamenta los desdenes de Galatea, y Nemoroso, quien llora la muerte de Elisa. El poeta se desdobla en dos personajes: en el primero, encarna el despecho del enamorado que asedia a su amada infructuosamente; en el segundo, se resume la honda ternura producida por su pérdida definitiva. Mediante un proceso de idealización, el poeta ha transformado la realidad en una creación de arte que eterniza los sucesos y los salva de su destrucción.

Égloga II: Alegoría y debate crítico

La Égloga II consta de dos partes:

  • Primera parte: El pastor Albanio refiere sus amores por Camila.
  • Segunda parte: Nemoroso hace una apología, bajo forma alegórica, de la Casa de los Duques de Alba.

Según los críticos Menéndez y Pelayo, Keniston y Navarro-Tomás, Albanio representaría al Duque de Alba y la égloga referiría sus amores con su esposa, doña María Enríquez. Sin embargo, Lapesa rechaza esta hipótesis tradicional y duda de que Albanio pueda identificarse con el poeta. Según él, Albanio encarnaría la pasión desesperada, y Nemoroso la libertad conseguida tras dura lucha.

Existe la posibilidad de que Albanio sea el hermano menor del duque, don Bernardino de Toledo, muerto prematuramente, y que la obra, fundiendo lo pastoral y lo heroico, esté protagonizada por los dos varones de la Casa de Alba: el Duque, cantado como guerrero victorioso, y el joven, compadecido en sus desventuras de amor.

Égloga III: El refugio en el arte

La Égloga III fue posiblemente la última composición escrita por el poeta. Describe un paisaje del Tajo, bellamente idealizado, al que acuden diversas ninfas que tejen en ricas telas algunas escenas mitológicas. La obra termina con un diálogo de los pastores Tirreno y Alcino, quienes cantan la belleza de Flérida y de Filis, a las que aman respectivamente.

El crítico Rafael Lapesa ha señalado que Garcilaso aprendió a refugiarse en el arte y que la Égloga III representa un camino para escapar de la realidad. El sentimiento personal ya no posee la intensidad de la Égloga I; la emoción se expresa de forma más convencional y en los versos de los pastores no hay recuerdos doloridos, sino un exclusivo deleite artístico.