Descartes. el nacimiento de la filosofía moderna

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DESCARTES. EL NACIMIENTO DE LA FILOSOFÍA MODERNA Descartes nació en La Haye de Touraine (Francia). A los 9 años comienza sus estudios con los jesuitas en el colegio de la Flèche en Anjou. Cultivó una gran afición a las matemáticas y un cierto escepticismo con respecto a las demás ciencias.Su época creadora: en 1628 Reglas para la dirección del espíritu, en 1637 publica el Discurso del método, en 1641 sus Meditaciones metafísicas.
A-TEORÍA DEL CONOCIMIENTO: EL PROBLEMA DEL MÉTODO Descartes llega al descubrimiento de su método mediante la consideración del procedimiento matemático. Parte de la estimación de que este método debe tener valor universal, para lo que se propone tres objetivos: formular unas reglas, fundamentar el valor absoluto y universal del método y demostrar su fecundidad. Descartes nos proporciona la siguiente definición del método: Conjunto de reglas ciertas y fáciles, por las que no habrás confusión entre lo falso y lo verdadero y se llegará al conocimiento de todas aquellas cosas de las que sea capaz.·Las reglas del método:Descartes señala cuatro reglas para dirigir la razón:
a.Evidencia. Aceptar sólo lo que es claro y distinto. Se llega a través de la intuición. Una idea es clara cuando se manifiesta en la inteligencia que la intuye. Una idea es distinta cuando está separada de otras ideas y no contiene nada que pertenezca a las demás ideas.
b. Análisis. Consiste en dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas partes como se pueda, y en cuantas se requiera para resolverlas mejor.
c. Síntesis. Consiste en conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los más fáciles y simples de conocer, para subir poco a poco por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos; y suponiendo un orden aun entre aquellos que no se preceden naturalmente unos a otros Esta regla supone el procedimiento ordenado propio de la Geometría. Ese orden supuesto es para Descartes el de la deducción.
d. Enumeración. Hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que podemos estar seguros de no omitir nada.
Estas cuatro reglas simples componen la parte constructivo-positiva del método cartesiano. Tres nociones sostienen el entretejido de estas reglas positivas y justifican la pretensión de certeza del método: la intuición, la deducción y el orden. La intuición es la base del conocimiento, por lo que separamos lo verdadero de lo que no es cierto. Es una especie de luz o instinto natural, por el que captamos, sin posibilidad de error y de forma inmediata, los conceptos simples, que surgen de la razón misma. Nuestro autor la define como la concepción de un espíritu sano y atento, tan distinta y tan fácil que ninguna duda quede sobre lo conocido.
La deducción o inferencia nos permite derivar nuevas ideas a partir de las que ya conocemos. Es una intuición sucesiva de las naturalezas simples y de las conexiones que existen entre ellas. Según nuestro autor, la deducción consiste en una operación por la cual comprendemos todas las cosas que consecuencia de otras conocidas por nosotros con toda certeza. Finalmente, el orden nos permite situar, en el lugar del caos aparente de la experiencia sensorial, una disposición racional, que es justamente el objetivo de la ciencia.
·El principio de la duda: partir de la nada
El punto de partida del método es la duda metódica. La duda cartesiana no es escepticismo, sino un procedimiento dialéctico de investigación, encaminado a desprender y aislar la primera verdad evidente, la primera idea clara y distinta, la primera naturaleza simple. Descartes quiere llegar a distinguir lo verdadero de lo falso y así encontrar un fundamento sólido de la certeza.
La duda que tiene es universal, porque se someten a la duda todas las certezas existentes, toda clase de conocimientos, todo lo que tenga una posibilidad mínima de ser falso. También es metódica porque se trata de un instrumento para alcanzar la verdad, la certeza. Es teorética, porque cuestiona los conocimientos y tiene la pretensión de repensar la teoría filosófica desde sus fundamentos. La duda es voluntaria, porque poner la duda en práctica depende de nuestra voluntad de dudar; y es exagerada, porque nos invita a dudar no sólo de lo que es claramente falso, sino también de todo aquello que pueda suscitar en nosotros cualquier sospecha de duda. Nuestro autor señala cuatro criterios que justifican su duda metódica:
a. Notamos que los sentidos nos engañan. A veces no son fiables y hasta podríamos sospechar que nos podrían engañar continuamente. No nos sirven para un conocimiento cierto.
b. Confundimos el estado sueño y de vigilia. No existe un criterio para distinguir ambos estados. No debemos dar crédito a una parte de nuestros conocimientos que se derivan del estado de sueño y de cuando estamos despiertos.
c. Podríamos proponer la hipótesis del Dios engañador. Admitimos la creencia que Dios es todopoderoso, pero nada parce impedir el que nos haya podido crear con una naturaleza que nos condicione a cometer errores y que por tanto, dudemos de la certeza de nuestros conocimientos.
d. Añadimos la hipótesis de un genio maligno, que es una reproducción que sustituye al Dios engañador. Podemos suponer la existencia de un ser poderoso y astuto que emplea toda su habilidad en engañarnos y conducir al error y a la equivocación a nuestro conocimiento. Kant posteriormente su ocupará hondamente de este asunto. El genio maligno y sus artes de engaño simbolizan la duda profunda de si en general la ciencia es posible.
La duda más radical queda incorporada al método y parece sumergirnos en las tinieblas del escepticismo. De nada estamos ya seguros.


·La primera verdad: cogito
A partir de esa duda universal, aparece la primera verdad y certeza. La base primera de la filosofía cartesiana es:pienso, luego soy (Cogito ergo sum). El cogito no es un razonamiento, sino una intuición, la intuición del yo como primera realidad y como realidad pensante.
Por otra parte, al poner Descartes el fundamento de su filosofía en el yo, acuda a dar satisfacción a la esencial tendencia del nuevo sentido filosófico que se manifiesta con el Renacimiento. Se trata de explicar racionalmente el universo, es decir, de explicarlo en función del hombre, en función del yo. Era preciso empezar definiendo el hombre y el yo. La filosofía moderna entra con Descartes en su fase idealista y racionalista.
El cogito es la primera existencia o sustancia conocida, la primera naturaleza simple; por otra parte, es también la primera intuición, el primer acto de conocer verdadero. Del cogito puede desprenderse el criterio de toda verdad, a saber: toda intuición de naturaleza simple es verdadera o, en otros términos, toda idea clara y distinta es verdadera.
El cogito representa un acto del sujeto (el conocimiento), porque soy yo el que piensa. La descripción de nuestro autor acaba con la conclusión de que la esencia de nuestra mente es pensar. Descartes logra conseguir la certeza o seguridad subjetiva de los conocimientos. Existe una equivalencia entre verdad y certeza.
Las ideas para nuestro autor representan una mediación inevitable entre el sujeto pensante y las cosas. El pensamiento opera siempre sobre las ideas no sobre las cosas mismas. Distingue tres tipos de ideas:
1.- Innatas. Las que el entendimiento posee por naturaleza, las nacidas conmigo. Ej: Dios, la extensión
2.- Adventicias. Aquellas que provienen de la experiencia externa; aquellas que son extrañas y proceden de fuera. Ej: árbol, mujer
3.- Facticias. Las que proceden de nuestra imaginación y voluntad; aquellas que son hechas o inventadas, fabricadas por el sujeto, a partir de otras ideas. Ej: caballo con alas, las sirenas
Para Descartes, el auténtico conocimiento no surge ni del testimonio fluctuante de los sentidos (adventicias), ni del juicio falaz de la imaginación (facticias), sinó de la mente pura y atenta que logra descubrir sus verdaderos contenidos. El auténtico conocimiento tiene lugar por medio de las ideas innatas, que la razón encuentra en sí misma, y en consecuencia, el contenido que en esas ideas se presenta de modo claro y distinto coincide con la realidad.
COGITO CARTESIANOConviene subrayar que la duda cartesiana no es una duda escéptica. En ningún caso pretende Descartes destruir todas las verdades conocidas , rechazar las posibilidades del conocimiento, o negar nuestra capacidad de conocer lo real. Su dada pretende tan solo buscar la verdad: un camino cuyo destino sea la verdad evidente. De hecho Descartes se muestra convencido de que es posible alcanzar este tipo de verdades. Se trata de poner a prueba nuestro conocimiento, con el objetivo de ver cual resiste la prueba de la dudad y puede servirnos para construir el edificio del saber. Aunque no lo parezca, su propósito es constructivo y esta muy alejado tanto de escepticismo clásico, como del que se deriva de tesis empiristas como las que defendía David Hume. Descartes piensa: En el acto de dudar puedo eliminar todo contenido, cualquier objeto de la duda. Puedo dudar de todo. Pero de lo que no puedo dudar es que estoy dudando, por lo cual pongo la duda. Dado que la duda es una forma de pensamiento, concluye: Pienso luego existo primer principio absolutamente evidente de su filosofía. Sobre el cogito cartesiano debemos tener en cuenta los siguientes aspectos: 1- El pensamiento (cogitatio, actividad de pensar) es para Descartes todo aquello que ocurre en nosotros, todo acto consciente del espíritu. De lo que se trata es, por tanto de la conciencia. En la filosofía cartesiana el mundo queda encerrado dentro de la conciencia, y como veremos más adelante, habrá muchas dificultades para volver a contactar con la realidad. Es el acto de pensar (cogitatio) lo que resulta evidente a la conciencia, pero no le contenido (cogiatum) de ese pensamiento. En cierta forma, este problema de la subjetivización va a estar presente en toda modernidad, y a menudo se estará cerca del solipsismo. 2- La verdad del cogito no deriva de ningún tipo de deducción, sino que es una intuición pura, inmediata y evidente de la conciencia. Se trata de una idea clara y distinta de la conciencia, que no es solo conciencia del mundo, sino, de un modo mucho mas profundo y primordial, conciencia de si misma. 3- La formulación del cogito no es del todo novedosa. San Agustin (S. IV dC) había escrito si fallor, enim sum. Sin embargo, lo que si es original y particularmente primera verdad sobre la que se fundan todas las demás y sin la cual las demás carecerían de sentido. Descartes se descubre a si mismo como algo que piensa y a partir de est4 pensamiento llega a su existencia. Por eso, la evidencia del cogito nos orienta ya hacia otro concepto central de la filosofía cartesiana: la sustancia. El pienso luego existo nos obliga a intuir un yo, una sustancia que existe y cuya esencia es el pensar.LA NATURALEZA. La concepción cartesiana de la naturaleza se caracteriza por varias notas distintivas que van a estar presentes en toda la modernidad, y que van a orientar el desarrollo científico. Tales rasgos son:Mecanicismo: El universo es una gran maquina sometida a leyes. Todo queda reducido a materia (extensión) y movimiento. Con esta metáfora a menudo habrá referencias a Dios como el gran relojero del mundo, encargado de construirlo y de su mantenimiento.No existe el vacio: El universo esta lleno de materia, y no es posible concebir una extensión vacía. El universo es un plenum y el vacio no existe.Privilegio de las cualidades primarias (aquellas que pueden expresarse numéricamente, objetivas) sobre las secundarias. El científico debe ignorar cualquier aspecto subjetivo, y se niega la existencia de principios de acción intrínsecos. La física debe centrarse en el contacto observable entre los cuerpos.

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