Crítica de Nietzsche a la Metafísica, Lenguaje, Ciencia y la Muerte de Dios
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La Crítica a la Metafísica según Nietzsche
Nietzsche considera que la historia de la filosofía es la historia de un error. Este error comienza con Sócrates, quien impone el pensamiento lógico y racional, y se afianza con Platón, quien infravalora el mundo sensible y crea un mundo suprasensible, estático y eterno, en el que sitúa el Bien en sí. Nietzsche interpreta este recurso como una negación de la vida.
La "filosofía a martillazos" recae sobre los conceptos de la metafísica con los que se ha pretendido separar la apariencia de la esencia. La apariencia es lo único que existe; los conceptos metafísicos nos alejan de la auténtica realidad. Si Platón ha situado la realidad en un más allá suprasensible ilusorio y ha considerado, en cambio, "mundo aparente" al único mundo verdadero, el cristianismo es un platonismo para el pueblo: justifica el sufrimiento y la muerte como consecuencia de una culpa, y convierte en pecado todo lo que significa la vida.
La salvación consiste en la renuncia de la vida: convierte en valores los sentimientos propios del rebaño como la obediencia, el sacrificio o la humildad. Esta moral de renuncia se dirige contra los instintos vitales y propone una evasión al hombre concreto y al mundo real. Surge así el ideal ascético, que se caracteriza por la fe en la verdad, la negación de la vida y la voluntad de la nada, la voluntad de diluirse en el rebaño. Este ideal ascético se manifiesta en la ciencia, que cree en la verdad y la distingue de la apariencia.
El esquema platónico se repite en el cristianismo. Pero platonismo y cristianismo no son los únicos grandes dispensadores de sentido: la razón, el progreso, la historia han ocupado el lugar de Dios. La necesidad de encontrar un sentido a la existencia es propia del hombre, pero la vida es azar sin finalidad.
La Crítica al Lenguaje y a la Ciencia
El lenguaje es el instrumento del que el hombre dispone para conocer la realidad, que nos permite un conocimiento objetivo sobre el mundo. El método genealógico mostrará que, en su origen, el lenguaje es una forma de expresar la experiencia vital del individuo. Puesto que esta experiencia es cambiante, el hombre ha pretendido fijarla en un concepto que no es otra cosa que una metáfora, ya que no proporciona conocimiento de la realidad, sino generalizaciones ilusorias y apariencias. Es preciso aceptar los límites del lenguaje, y Nietzsche es consciente de que solo dentro de esos límites es posible el pensamiento.
Cuando la metáfora fijada en el concepto se hace común, aparece lo que denominamos verdad: el concepto, que asigna la misma metáfora a sensaciones parecidas por un proceso de abstracción, se generaliza mediante un pacto que nos permite domesticar el mundo. La lógica es un invento del ser humano, útil en la lucha por la vida: al someter lo individual a lo universal, nos permite sentirnos seguros, ya que ordena la experiencia y hace posible la vida social y el desarrollo de la ciencia, pero no descansa en principios objetivos.
Esta teoría de la verdad como convención lleva a considerar como mentira lo que se sale del pacto y queda fuera de la norma comúnmente aceptada. Nietzsche niega la existencia de valores absolutos y afirma un concepto pragmático de la verdad. El conocimiento posible es la perspectiva individual. Nietzsche defiende el perspectivismo, la pluralidad de interpretaciones, todas igualmente válidas.
El Diagnóstico: La Muerte de Dios y el Nihilismo
Nietzsche ha arrancado la máscara a la cultura occidental. Es preciso anunciar la muerte de Dios, pero no únicamente del Dios cristiano, sino de todo lo que ha venido ocupando su lugar (la razón, el Estado). La expresión "Dios ha muerto" se refiere también a los valores morales y las grandes verdades que se fundamentaban en la divinidad y el mundo suprasensible.
La moral de los esclavos y la voluntad de igualdad
Lo propio de los espíritus débiles e impotentes es la voluntad de igualdad: formar parte del rebaño y reducirlo todo a la mediocridad. La moral de los esclavos ha triunfado históricamente en la cultura occidental: el rebaño ha impuesto su voluntad de igualdad y ha producido los valores de Occidente. En el socialismo y la democracia, Nietzsche cree detectar los mismos valores del cristianismo, aunque no sea necesario recurrir a Dios para justificarlos. Es la moral del rebaño, basada ahora en el concepto de igualdad. Esta moral antinatural tiene su base filosófica en el platonismo y en el cristianismo, que afirman un orden moral situado fuera del mundo y de la vida, y del que provienen los valores de los hombres.