La crítica de Hume al conocimiento metafísico: sustancia, alma, Dios y mundo exterior

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La crítica de Hume al conocimiento metafísico

Hume rechaza el conocimiento metafísico, en especial los conceptos de sustancia, alma, Dios y la existencia del mundo exterior.

La idea de sustancia

Para Hume, la idea de sustancia sólo será válida si existe una impresión correspondiente a esa idea. La sustancia no es un color, un sabor o un olor: lo que percibimos son las cualidades de la sustancia, pero no la sustancia misma. Por tanto, la idea de sustancia es una idea falsa, porque no le corresponde ninguna impresión.

La imaginación produce la idea de sustancia para permitirnos recordar un conjunto de ideas simples. Tendemos a creer en la existencia de cuerpos independientes de nuestras impresiones.

Creencias sobre el mundo exterior

Hume identifica las creencias comunes acerca del mundo exterior así:

  • Que nuestras impresiones están causadas por objetos que las reproducen fielmente.
  • Que las impresiones están dentro de nosotros y que los objetos existen fuera de nosotros.

Para Hume, estas creencias son falsas. Nuestra mente sólo puede conocer nuestras impresiones y no puede ir más allá de ellas.

Aplicar la causalidad para demostrar que nuestras impresiones están causadas por objetos externos es una aplicación ilegítima: sólo podemos aplicar la causalidad a nuestras impresiones.

Al suponer la existencia de objetos estamos duplicando la realidad de las impresiones, atribuyéndoles cualidades que no tienen, como la independencia y la continuidad. La creencia en la existencia independiente de objetos externos se debe a la imaginación y a la constancia y coherencia de las impresiones. Esta creencia no tiene justificación, pero resulta imposible eliminarla en la vida cotidiana.

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El alma y la identidad personal

Para la metafísica tradicional, el alma es una sustancia simple e inmaterial: la causa de toda mi actividad mental —percepción, razonamiento, memoria, etc.— y el fundamento de mi identidad personal.

Hume rechaza la idea de sustancia, como ya se ha expuesto. Además, carecemos de impresiones constantes e invariables de las que podamos extraer la idea de yo o de alma. En nuestro interior sólo encontramos impresiones particulares: no podemos captarnos a nosotros mismos como una impresión continua.

Si suprimimos las percepciones —por ejemplo, durante el sueño profundo— perdemos la conciencia de nosotros mismos. La mente es una especie de teatro en el que se presentan diversas percepciones; pero no sabemos dónde está el teatro ni de qué materiales está hecho. Las percepciones son lo que constituye la mente.

La memoria nos permite recordar una sucesión de impresiones que atribuimos a un sujeto porque confundimos la idea de sucesión con la de identidad. Una vez rechazada la idea de alma, no tiene sentido plantearse su inmortalidad.

Dios y los argumentos teológicos

Hume sostiene que no puede demostrarse racionalmente la existencia de Dios, teniendo en cuenta su crítica al concepto de causa y al de sustancia. Es inútil partir de las características de una sustancia, aunque se postule una sustancia infinita, pues la idea de sustancia es falsa y no se puede deducir de ella la existencia de Dios, como pretende el argumento ontológico.

Los argumentos que se basan en la causalidad no son válidos porque hacen un uso ilegítimo del principio de causalidad: dicho principio sólo se puede aplicar a la experiencia, y no tenemos experiencia de Dios.

El único argumento con alguna validez se basa en el orden que descubrimos en el universo y conduce a la existencia de una causa inteligente que puso orden en el caos. Esta prueba también hace un uso ilegítimo del principio de causalidad y, además, atribuye a la causa más características de las necesarias para explicar el orden del universo. En realidad, esta prueba sólo demuestra la existencia de una inteligencia ordenadora; no demuestra que exista un ser todopoderoso.

Conceptos clave

  • Impresiones y ideas: base del conocimiento según Hume.
  • Sustancia: idea sin impresión correspondiente; por tanto, problemática.
  • Imaginación: genera la creencia en objetos independientes.
  • Causalidad: sólo aplicable a la experiencia observable.
  • Identidad personal: resultado de la memoria y la sucesión de percepciones, no de una sustancia inmaterial constante.
  • Argumentos teológicos: limitados por la inexistencia de experiencia directa de Dios y por el uso indebido de la causalidad.