Crisis política de la Segunda República (1933–1936): Revolución de Octubre y triunfo del Frente Popular

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La República de derechas (noviembre de 1933)

En noviembre de 1933 se celebraron las elecciones. Por primera vez votaron las mujeres y las urnas dieron el triunfo a la derecha. Este resultado se debió a que las distintas fuerzas de derechas mantenían posiciones comunes, mientras que la izquierda estaba dividida.

Medidas del gobierno de derechas

El gobierno revisó la ley de arrendamientos rústicos, suprimió la jornada de 44 horas para los obreros metalúrgicos y modificó la ley de reforma agraria, en la que se retiró la expropiación. Las huelgas fueron en aumento.

Revolución de octubre

En octubre de 1934 las organizaciones obreras asturianas, que habían entrado en alianza obrera (comunistas, socialistas y anarcosindicalistas), declararon una huelga general con el fin de llevar a cabo la revolución. La acción tuvo lugar en dos zonas principales:

En Cataluña

Fue grave en Cataluña, donde Lluis Companys, sucesor de Macià, proclamó el Estat Català (Estado Catalán) dentro de la República Federal Española. Con ello se volvía a las declaraciones y tensiones de los primeros momentos de la República. La rebelión catalana no contó con el apoyo de los anarcosindicalistas y fue reprimida por el general Domènec Batet. El Gobierno suspendió el Estatuto de Cataluña.

En Asturias

En Asturias, a la revolución dirigida por los socialistas se unieron comunistas y anarquistas a través de las Alianzas Obreras. Los trabajadores se hicieron con el control de las cuencas mineras y ocuparon Oviedo, donde proclamaron la República Socialista. Durante su funcionamiento emitieron moneda y tuvieron un gobierno revolucionario que se apoyaba en las Alianzas Obreras para el abastecimiento de alimentos y la formación de la tropa revolucionaria.

El Ejército controló la situación rápidamente; al frente de la represión se colocó el general Francisco Franco, dejando tras de sí un gran número de muertos. La consecuencia más evidente tras esta revolución fue que el foso entre izquierdas y derechas se hizo mucho más ancho y profundo.

Se sucedieron después varios gobiernos de coalición entre los Radicales y la CEDA, caracterizados por su carácter conservador y el retroceso de la reforma agraria. Varios escándalos salpicaron al Gobierno, como el llamado del Estraperlo. Ante una situación viciada y para revalidar una nueva mayoría, el Gobierno convocó elecciones generales para el 16 de febrero de 1936.

La tercera etapa: El triunfo del Frente Popular

A las elecciones del 16 de febrero de 1936 acudieron todas las fuerzas obreras unidas en una coalición denominada Frente Popular; solamente los anarquistas quedaron al margen. La derecha se presentó separada en tres formaciones: Bloque Nacional, la CEDA y la Falange Española.

Los resultados fueron equilibrados: aproximadamente 4 millones de votos para las derechas y 4 millones para las izquierdas, pero las izquierdas estaban unidas y se le encargó a Azaña formar gobierno. Dentro de los socialistas hubo partidarios del entendimiento con los burgueses de izquierda (Indalecio Prieto) y partidarios del entendimiento con los anarquistas (Largo Caballero).

Este Frente Popular surgió con un carácter antifascista, en la misma línea que el Frente Popular francés al que imitó. En Europa, Mussolini y Hitler ya estaban en el poder y su política era anticomunista y agresiva.

a) Antecedentes de la Guerra Civil

Tras las elecciones se produjo una radicalización de las posturas: se desataron los extremismos tanto de izquierda (anarquismo, UGT, PCE) como de derecha (Falange Española, Bloque Nacional). En este contexto, la tensión política en la calle era sumamente inestable. En este ambiente, un grupo de generales preparaba una acción contra el Gobierno.

Para evitar esa posibilidad, el Gobierno alejó de Madrid a los generales sospechosos: Emilio Mola fue destinado a Pamplona, Francisco Franco a Canarias y Goded a Baleares.

En la calle, el ambiente era cada vez más irrespirable; eran frecuentes los asesinatos de políticos y la ruptura del orden público por parte de los dos bandos en los que se había bipolarizado la política española. El asesinato de Castillo, teniente de la Guardia de Asalto (policía republicana adepta al Gobierno), por agentes de la derecha, provocó la represalia de la izquierda con el asesinato de Calvo Sotelo, brillante diputado monárquico. Este hecho precipitó los acontecimientos y, el 17 de julio, se sublevó la guarnición de Melilla.